martes, 30 de septiembre de 2008

CUANDO EL OTOÑO VINO A VISITARME


Para mí, el otoño empezó un par de días después de su llegada oficial.

Posiblemente mi estación favorita.

Me envió una discreta tarjeta de visita, mientras escribía en mi habitación. Algo se coló por la ventana entreabierta y aterrizó en el radiador. Era una hoja de árbol. Dorada y quebradiza, como todo lo genuínamente otoñal.

El otoño es una estación que sabe y huele a páginas de libro viejo, una estación crujiente, decrépita, oxidada, rociada con caspa melancólica, fotografiada en sepia y guardada en un cajón de los que se abren solo en atardeceres especiales.

Y toda esa mierda.

Hace mucho tiempo, nuestro calendario estaba concebido para que el ser humano, como animal que es, viviese armonizado con los ciclos de la madre naturaleza. El año comenzaba con el advenimiento de la primavera, y moría arropado en la mortaja blanca del invierno. Los planes del hombre, sus propósitos... estaban sincronizados con los ritmos de la madre Gea. Nuestro "año nuevo, vida nueva" comenzaba en esa época verde, fértil... la época en que el resto de las cosas acostumbra a nacer, y la atmósfera se infecta de abejas y de hormonas.

Sin embargo, pocos años antes del nacimiento de Cristo, los hombres alteraron el calendario, por razones político/militares que darían para otro post entero. Y desde entonces, el año empezó a empezar en invierno, y todo se fue descuajaringando, siglo a siglo.

Más adelante, el hombre (tal vez debido a sus tinieblas internas) se volvió adicto al sol, y concentró las vacaciones de casi todo el mundo en los meses de verano, provocando con ello un segundo desajuste, que nos induce a iniciar nuestros planes, nuestros nuevos propósitos, nuestros (en definitiva) nuevos designios para el "nuevo curso" en otoño; Iniciamos, pues, nuestras andanzas en período del año que el resto de seres vivos utiliza para empezar a morir. Colocamos la banderilla inaugural del principio de nuestra carrera en el tramo que el resto del planeta utiliza como recta final. La estación especializada en resquebrajar la vida y hacer que las cosas se caigan embalsamadas en oro disecado.

No sé si es bueno o mano, pero es el camino que, más o menos conscientemente, hemos designado para nuestra civilización. Hemos decidido emprender nuestra nueva vida en el momento en que se nos disuelve la piel de serpiente. Condenados a lanzarnos desnudos contra este decrépito felpudo que precede a los umbrales del invierno.

Yo, por mi parte, noto cómo empieza un nuevo ciclo. Un ciclo divorciado de la ley natural, quizá... pero, por ello mismo, enternecedoramente humano.

Inicio este inicio de "año de mentira" cargado de propósitos. El más digno de ellos, quizá, sacar adelante una nueva novela, o una nueva "cosa", ya que, al paso que va, no creo que alcance la duración necesaria para ser considerada novela aunque (una vez más) sea demasiado larga para conformarse con ser un cuento. Se llamará "La emperatriz de los insectos". La escribo muy lentamente. Más lentamente que nunca. En ratos libres, sin forzar una sola sílaba. Si en otras ocasiones he escrito con una rapidez casi incontinente, en este caso me dedico a destilar las palabras con una lentitud desesperante. Eso me ayuda a desarrollar la paciencia, una de esas muchas virtudes de las que no puedo presumir. De momento estoy contento con el resultado, pero será un resultado tan retorcido y excesivo (una vez más) que difícilmente encontraré alguien dispuesto a publicarlo. Estoy enfermo. Posiblemente lo cuelgue en internet, y a tomar por saco.

Espero que vuestro otoño haya comenzado con buen pie.

viernes, 26 de septiembre de 2008

DÍGALO CON EMOTICONOS


Me apetece hablar de los emoticonos, esas entrañables garrapatas que han proliferado en los textos post-post-requete-post-modernos, que se adhieren a los textos, parasitándolos, o quizá conviviendo con ellos en una suerte de simbiosis. A veces son rudimentarias combinaciones de puntos, guiones, asteriscos, paréntesis. Otras veces son dibujos poderosamente simples, casi icónicos. Los más bizarros recurren incluso a aberraciones animadas, ora simpaticonas, ora horteras, ora según del cristal con que se miren.

Existe una tendencia lógica a menospreciar el emoticono como complemento de cualquier texto. Ningún escrito serio puede contener emoticonos. Es vulgar, infantilón incluso.

Pero no nos engañemos: Es muy posible que estas graciosillas garrapatas signicas acaben imponiéndose por una mera cuestión de utilidad. Es muy posible que los Josés Saramagos y los Gabrieles Garcías Márquez de dentro de veinte años, incorporen emoticonos en sus novelas ganadoras de premios nóbeles.

Como sostiene el gran Umberto Eco, el lenguaje se comporta de una manera similar a los organismos vivos. Tal es la complejidad del tejido sígnico que nos une. Y los organismos vivos siempre mutan de forma darwinista (o incluso lamarckista), adaptándose a su entorno de la manera más eficiente, capacitándose para sobrevivir.

Esas mutaciones pueden derivar en garras y dientes afilados, en cuellos largos, en técnicas de camuflaje, glándulas venenosas...

El homo sapiens, a lo largo de su inabarcable y cortísima historia, ha ido adaptándose a su entorno (e incluso transformándolo) gracias a mutaciones de ese tipo. Desde el famoso pulgar oponible, pasando por un mayor volumen encefácilco, capacidad de abstracción, capacidad de generar lenguajes doblemente articulados, sociedades, y mil cosas más.

¿En qué punto de nuestra evolución nos encontramos ahora?

Pues resulta que ha entrado un par de nuevos factores en nuestro entorno: El cyberespacio y la telefonía móvil.

Esos factores se complementan entre sí y se combinan con otros factores, cambiando nuestras pautas de comportamiento, nuestras costumbres... Es una realidad, no sé si triste, o simplemente real: Cada vez podemos resolver más asuntos a distancia, prescindiendo de la comunicación humana directa, cara a cara, sin intermediarios tecnológicos.

Más de la mitad de la información que se transmite en una conversación se obtiene de la comunicación no verbal (gestos, sonrisas, miradas, tono de voz, posición de las manos y los pies, orientación del torso...). Por eso, en muchas ocasiones, huímos de esas conversaciones directas, y preferimos refugiarnos en el mundo (bastante más ambiguo) de la comunicación escrita. Uno se siente bastante menos vulnerable escribiendo. La escritura hace que todo pase por un filtro racional, más susceptible a manipulaciones, elaboraciones, procesamientos. Y así no se tiene que invertir energía en disimular los auténticos sentimientos, puntos débiles y subtextos que podrían haberse escapado por las grietas de la comunicación no-verbal.

Ahora bien, la comunicación escrita, como todos sabemos, tiene una capacidad espeluznante a la hora de generar malentendidos. Y ahí es donde surge, de manera espontánea, este código de los emoticonos, una acotación rápida que define el tono de cada frase, un simbolito en la esquina de la partitura, que nos indica en qué clave debemos leerla.

Con sólo dos caracteres al final de una frase :) :( :D :P invitamos al receptor del mensaje a interpretar la información en un sentido determinado que, si intentásemos establecer usando palabras, necesitaríamos escribir otra frase entera.

De ese modo, no es lo mismo leer

Me he quedado solito en casa :-(

que leer
Me he quedado solito en casa :-)

Por eso, si de alguna manera hemos decidido convertirnos en seres-insula, aislados de los demás individuos de nuestra especie para no correr riesgos, avocados a la comunicación escrita, el emoticono significa ahorro de tiempo y de energía, ergo herramienta muy útil para la supervivencia de nuestra especie.

Pero, ¿sabéis cuál es la otra característica que me hace pensar en el emoticono como código sofisticado y con visos de triunfar en nuestra sociedad? Su utilidad a la hora de mentir.

Si examinamos la historia de nuestra civilización, nos daremos cuenta de que la mentira es una pieza fundamental a la hora de mantener cohesionada a nuestra especie, y engrasar la maquinaria que nos hace funcionar como colectivo.

Mentirle a alguien a la cara, es posible, pero también arriesgado. Si alguien te dice una mentira a la cara, lo más probable es que una parte de ti se dé cuenta, al interpretar de forma automática todo ese compendio de gestos, lenguaje corporal y tonos de voz del que hablábamos más arriba. En esos casos, si uno se traga una mentira, es porque no está "escuchando", o porque a veces una parte de nosotros prefiere creerse ciertas mentiras, y llega a la conversación con predisposición a aceptarlas.

Los emoticonos son capaces de "mentir" corriendo la mitad de riesgos.

¿Quién de nosotros no le ha escrito a alguien, alguna vez, algunas palabras de rechazo, algún reproche, alguna queja encubierta y luego, para suavizar el contenido de la frase no la ha rematado con el clásico emoticón de :-P (o su homólogo amarillo, el acid house que saca la lengua) para avisar (aunque no sea cierto) de que estás hablando de coña?

¿No se puede escribir un :-) mientras las lágrimas caen a borbotones por tus ojos, porque no quieres preocupar en exceso a tu interlocutor?

¿Llegará el día en que el presidente de los Estados Unidos mande un mensaje al mandatario de cualquier país islámico, diciendo que "Piensa tomar represalias", y añadiendo al final un guiño de ojo de los que intentan quitar un poco de hierro al asunto y apelar a la complicidad de la otra persona? ;-)

Como ven, se trata de las mismas mentiras que se han usado toda la vida, tanto en conversaciones verbales como en cartas, o bailes. Pero simplificado y, por lo tanto, poderoso. Apelando y engañando a los mecanismos más primitivos (y por lo tanto ingenuos) de nuestro cerebro.

Podemos pensar que los emoticonos son, al igual que las abreviaturas de los sms, un paso más hacia la neo-lingua que proponía Orwell en 1984. Que, al igual que en el mundo de Orwell, la simplificación del lenguaje, al estar tan íntimamente ligada a nuestra manera de pensar, provocará en última instancia la simplificación de nuestros propios mecanismos mentales, haciéndonos así más rebaño, más munipulables...

Podemos pensar que escribir una obra literaria usando emoticonos tendría menos mérito, porque el auténtico escritor, tendría que se capaz de combinar las palabras para que, por sí solas, expresen y evoquen cualquier tipo de sentimiento o emoción. Que recurrir a complementos adicionales es caer muy bajo. Y siempre nos quedará la duda de si los que afirmen eso no serán tan radicales y tan fósiles como los que dicen que el auténtico cine debería apoyarse sólo en la imagen, prescindiendo de diálogos, monólogos internos...

Habrá quien argumente que añadir acotaciones icónicas a una obra literaria fumigaría la ambigüedad y, con ella, el misterio, la poesía, la complejidad, el mismísimo alma del texto. Y posiblemente ese misterio y esa poesía desaparezcan poco a poco de nuestra vida, en general. De nuestra propia condición humana.

Y tal vez sea cierto. Y tal vez no lo sea. O tal vez no importa demasiado. Y puede que la poesía y el misterio sean mercenarios que han venido sólo a acompañarnos durante unos cuantos miles de años, porque mordimos una manzana prohibida que nos nubló la visión, y nos impidió vivir con la autenticidad de los demás animales. Quizá la poesía, la magia, el arte en general... son una prótesis que nos hemos prestado a nosotros mismos, un bastón en el que apoyarnos mientras estemos demasiado cojos e incompletos para poder prescindir de ello.

¿Es el emoticón un camino hacia la perfección del ser humano, o una antesala de su decadencia?

Lo cierto es que yo al menos no lo sé, y creo que este texto no les desvelará a ustedes, ni a mí mismo, mi posicionamiento con respecto al tema.

Quién sabe, tal vez si lo hubiese escrito salpicado de emoticonos...

miércoles, 24 de septiembre de 2008

CENA EN PLUTÓN



Os recuerdo que si hoy os llama la tía más buena de la oficina porque lleva mucho tiempo mirándoos desde lejos y se ha animado a pediros que salgáis con ella, tenéis el deber de responder que NO. Que ya tenéis plan para esta noche.

Porque hoy miércoles 24, a las 23:00, se estrena en LA 2 la serie Plutón BRB Nero: La primera sitcom española ambientada en una nave espacial y, sobre todo, la primera incusión de Álex de la Iglesia en el mundo de las series (o al menos la primera que ha conseguido llegar a nuestras pantallas).

Los guiones vienen de la mano del propio Álex, su cómplice habitual, Jorge Guerricaechevarría ylos dos creadores de la exitosa Cámera Café.

¿Y qué podría ser mejor que disfrutar, a partir de ahora, de 35 minutos de metraje made in Álex de la Iglesia a la semana? Pues que ya se está haciendo la segunda temporada de Plutón, y que el ora hilarante, ora enternecedor blog de Plutón Verbenero continuará abierto, para que todos podáis opinar y escribir críticas (¡constructivas, por favor!) y los artífices de este tinglado tomarán en cuenta esas sugerencias para adecuar la segunda temporada al gusto de los seres infrahumanos como usted y como yo.

Pero, mejor me callo y dejo que siga vendiéndoos la serie alguien con más autoridad:

domingo, 21 de septiembre de 2008

CUATRO ESTATUILLAS


No me pidan que escriba decentemente. Estas son las palabras de un hombre que lleva en el cuerpo sólo cuatro horas de sueño, y algo de resaca. ¿Quién dijo que no se puede salir en Donosti hasta las siete de la mañana?

No obstante, el mejor motivo de celebración de la noche estaba varios miles de kilómetros al sur, en la isla de Tenerife. De los cinco premios a los que fue nominada Gritos en el Pasillo en el Festival Ateneo Coste Cero, nos hemos llevado nada más y nada menos que cuatro!

El único que no cayó (confirmando la incompetencia de un servidor) fue el de mejor dirección. El resto de los premios, hizo que me llevase, en mitad de la noche, un alegrón de los que es obligatorio regar con cerveza, y me hizo llegar por enésima vez a la conclusión de que hemos tenido en esta peli un equipo que ni me lo merezco.

Mejor película, mejor fotografía, mejor banda sonora, mejor montaje.

Esos fueron los premios que Gritos cosechó en Ateneo. Y, por si fuera poco, nos dieron también una mención especial a la dirección artística de Raúl López Serrano.

Como dice Andrés, uno de nuestros compositores, esta peli sigue dándonos sorpresas a estas alturas.

El premio de mejor película lo hemos obtenido ex aequo con otra película, llamada Dos miradas que, según me han dicho, está de puta madre.

¡Miles de millones de gracias a toda la gente de Ateneo Coste Cero!

viernes, 19 de septiembre de 2008

LA VIDA DEL ESCRITOR INÉDITO (o cómo aplastar mil veces el hígado de Prometeo con la roca de Sísifo)


Siempre me ha resultado más fácil escribir que mover lo que escribo.

Lo de ser vendepeines no es mi fuerte, y a veces incluso me cuesta discernir si lo que tengo entre las manos es un peine, un diamante en bruto o un pedazo de maloliente mierda.

Soy uno de esos inadaptados que erigen un decadente Xanadú de tinta y papel en el que atrincherarse y pudrirse lentamente. Alérgico a las llamadas de teléfono, los dosieres, los correos certificados, los "cordiales saludos", los "muy señores míos"... Alérgico (hablando mal y pronto) a todo lo que apeste a realidad, y a sus estúpidas, arbitrarias reglas.

Ello no impide que, de vez en cuando, enferme de optimismo y decida que ya es hora de hacer algo útil con mi vida, y que no sirve de nada escribir relatos, poemas, novelas o cualquier otra manifestación de basura onanista y pretenciosa si luego no hago los esfuerzos pertinentes para que todo eso acabe en el estante de alguna librería, o muera en el intento.

En esas ocasiones, decido que ha llegado la hora de buscar un agente literario.

Los agentes literarios (para quien tenga la suerte de no saberlo) son seres muy codiciados en el mundillo de la escritura ya que, a cambio de un porcentaje de beneficios, se dedican a mover las obras por ti, a elegir las editoriales que más convienen a tu obra, a llamar a esas puertas que los editores no se dignarían a abrir al resto de los mortales, a conseguirte contratos decentes, y un largo y anhelado etcétera.

¿Cuál es el problema? Pues que hoy día hay tal saturación de payasos que queremos ser escritores, que conseguir que un agente te haga caso es casi tan difícil como conseguir que te haga caso la propia editorial. Al lado de eso, obtener un salvoconducto en Casablanca es un juego de niños.

Y a pesar de todo eso yo, ingenuo de mí, vuelvo a correr cada "x" tiempo hacia el muro del andén nueve y tres cuartos, con la cabeza por delante, y la loca esperanza de haber dejado de ser muggle por arte de magia, de la noche a la mañana. Y así tecleo (una vez más) en google las palabras "lista agentes literarios", y escribo mails a todas las direcciones que encuentro (¡¡a veces, incluso sacudo la pereza y llamo por teléfono!!) y es entonces cuando el muro de cínicos ladrillos del puñetero andén nueve y tres cuartos te destroza la cabeza, las ilusiones, la mismísima autoestima... y sobre el muro del andén hay un alféizar que tiembla con el golpe, y vuelca sobre tu espalda un jarro de agua fría.

Las palabras más presentes en la vida de un escritor desconocido son: "Lamento comunicarle...". Cuando uno recibe el temido mail, o el malhadado sobre, esas dos palabras te atropellan como una locomotora gris, y aprendes a encajar el golpe, y a enumerar de memoria todos los vagones del tren: el de "estamos saturados y no aceptamos a nuevos autores", el de "su novela no se adecúa a nuestra línea editorial", el de "no dude en avisarnos si escribe otra cosa".

Afortunadamente, la sensación que se tiene al intentarlo una y otra vez no es la de estar andando en círculos. Es más bien caminar en espiral, porque de alguna manera, uno nota que avanza un poco en cada intento. Cada vez te hacen caso más agentes, porque cada vez tienes más experiencia, y más argumentos que ofrecerles e incluso (quiero pensar) más y mejores novelas.

Cada vez que uno regresa a Xanadú (derrotado, escaldado, escarmentado) lo hace con el amargo consuelo de que ha conseguido llegar más lejos que en ocasiones anteriores. La primera vez, el dragón te tira del caballo en la campiña que rodea al castillo; la segunda vez consigues llegar hasta el puente levadizo antes de que la bestia te achicharre el culo; la tercera vez, saltas el foso, y te derriban en el patio interior.

En este enésimo intento que inicié la semana pasada, sigo todavía encima del caballo, y rodeo las murallas del castillo en busca de algún punto débil, alguna grieta a través de la cuál poder colarme.

No es fácil.

Para empezar, hay que olvidarse de esas "mariconadas" de las poesías, los ensayos o los relatos cortos. Normalmente, los agentes literarios sólo se dignan a hablarte si les ofreces novelas. Los pobres saben mejor que nadie lo chungo que está el panorama literario, y sólo compran artillería pesada.

Entonces empieza la pesadilla. Rechazan las obras en las que más confías, porque son demasiado cortas para colocarlas fácilmente en el mercado, y también puedes ofrecerles obras largas, pero no son tan potentes como las cortas, porque saben a whisky rebajado con agua, pero a pesar de todo, les ofreces también las que ellos quieren, las de más de 50.000 palabras, mientras te preguntas cómo es posible que no cuajen los ultraligeros de 25.000 palabras en un mundo cada vez más frenético, más habituado al ritmo de las series de televisión. No entiendes cómo es que en una sociedad tan acostumbrada a leer en los trayectos de metro y autobús, no proliferan los libros finos, que no pesan, que se pueden guardar en cualquier bolso, o en el propio bolsillo del abrigo.

Lo peor de todo es que luego encuentras infinidad de libros de ese tamaño en los estantes de las librerías, pero tú no eres quién para recordárselo a alguien que sabe más de tú sobre cómo vender libros.

Ahora estoy sacando al ring otro par de novelas que sí tienen el número de páginas necesario, pero ya puedo predecir cuál será la respuesta: También serán difíciles de colocar, porque resultarán demasiado infantiles para un adulto, y demasiado oscuras para un niño.

Y así, te vas dando cuenta de que, como autor, no encajas en ningún sitio, y eso puede ser bueno, pero también puede ser una barrera infranqueable, y estás eternamente condenado a no saber si eres un "ey, nena, soy un aborto de genio incomprendido"o un "ey, nena, no tengo dónde caerme muerto, porque no sé escribir lo que el mundo necesita".

Y luego está (cómo no) la tortura inhumana de tener que escribir las sinopsis de tus novelas. Algo así como fabricarte una tarjeta de presentación en la que sólo caben la mitad de las cifras de tu número de teléfono y la cuarta parte de las letras de tu nombre. Cuando intentas contar en tres páginas todo lo que pasa en tu novela (o al menos lo más importante) te das cuenta de lo descabellada que suena la trama si la despojas de los cien mil detalles que adornan. Elaborar sinopsis es el sagrado arte de cómo introducir una polla de treinta centímetros por el agujero de un culo, pero sin vaselina, ni preliminares cariñosos.

Como en las películas de intriga, cuando el prota intenta explicar a la Policía todo lo que le ha pasado. Es entonces, al intentar contarlo en cuatro frases a alguien totalmente ajeno a la movida, cuando descubre que esa historia que es tan coherente cuando uno la vive con el ritmo y la cantidad de información adecuada, resulta ridícula e inverosímil cuando uno la relata en modo abreviado.

Pero aquí seguimos, intentándolo cada vez con más entusiasmo, canalizando el cinismo hasta convertirlo en herramienta útil, y descubriendo, día tras día, que lo más importante es aprender a sentir placer ante el impacto de esa pared de ladrillos, de esa locomotora aparatosa y obsoleta, de aprovechar esa energía para seguir escribiendo, y escribiendo, y escribiendo, y hasta que llegue el día de ver tu propio libro en un estante, tu alma sobrevive gracias a cosas como volcar tu mierda en este blog, e intentar contaminaros a vosotros, y ganarte la vida colaborando en la concepción y escritura de guiones que incluso te hacen gracia, e incluso sientes más satisfacción que vergüenza cuando los ves en la pantalla.

Y está también esa otra satisfacción, que el cine nunca fue capaz de darme: La de poder ver el resultado final una o dos semanas después de que lo hayas escrito.

Y mientras tanto, ratos libres para escribir, y escribir, y arrojar sus obras por la borda del nido, y remendarlas cada vez que regresen repletas de arañazos, con un chichón en la cabeza, a medias consciente de que es la puñetera vida la que te está utilizando para remendarte a ti mismo.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

LA NUEVA PROMO DE VAYA SEMANITA

El próximo 25 de septiembre llega la sexta temporada de "Vaya Semanita".

Os dejo aquí la promo que hemos hecho para la ocasión:

martes, 16 de septiembre de 2008

MONSTRUOS DIABÓLICOS (o "ya no se fabrican cromos como los de antes")


Os voy a hablar de un blog que me alegra la vida.

Alby, al que desde que estábamos en el colegio le ha correspondio el rol de descubrir las cosas raras y dárnoslas a conocer a los demás, apareció un buen día con esta dirección bajo el brazo:

MONSTRUOS DIABÓLICOS


Se trata de una colección de cromos de los años ochenta que, gracias a la labor de Rafa Toro, han trascendido al cyberespacio.

Una colección que los más insensibles tacharán de cutre. Una producción editorial que, lejos de conformarse con ser de serie Z, se dedica a copiar a una colección de serie Z anterior.

Yo... ¿qué queréis que os diga? Estoy enamorado de la exquisita desfachatez de esta serie de cromos; del delicioso cafrerío, de la originalidad ingenua que destila. Si uno atiende a la tosca expresividad de los dibujos y a lo estrambótico de los conceptos... se produce la magia. De alguna manera, uno vuelve a ser niño.

Es lo que tienen los monstruos cuando están bien contados.

A veces, cuando tengo un rato libre en el trabajo, entro en Monstruos Diabólicos, y me retuerzo de risa o de emoción, junto con mi compañero Aitor Enériz que, para más inri, conserva aún en su casa la colección original de la que (al parecer) "monstruos diabólicos" es una entrañable copia.

Y para terminar, os dejo con una selección de algunos de mis monstruos diabólicos favoritos:

- LA ESTRANGULADA


Me parece adorable que alguna mente pensante de los años ochenta dedujese que una de las maneras más efectivas de aterrorizar a un crío era enseñar a una mujer estrangulada por una serpiente. La desdichada víctima de este cromo me ha recordado siempre a la actriz Anne Bancroft.

- EL PAYASO DIABÓLICO


Porque no hay nada más encantador y terrorífico que un payaso con dientes afilados, ojos cosidos y un gorrito de chino mandarín. Si a todo eso le añades unas pinceladitas de sangre, ya tenemos una imagen perfecta que conjurar cada vez que apaguemos la luz.

- EL HALIENÍGENA



¡Sí! Tal y como lo véis. ¡¡¡Con "H"!!! Pero la falta "h"ortográfica es lo de menos. Observad los bigotes de pez de río, la cuidadosa asimetría de su cara, la brutal simplicidad de los trazos...

- EL PIRATA MACABRO



¿A quién se le ocurre presentar como monstruo a un pirata churretoso con los dientes afilados cual palillos de ídem? Esas cosas sólo pasaban en los años ochenta, y por eso los echo de menos.

- El HIPNOTIZADOR



¡¡Qué deliciosamente cafre, joder!!! Convertir la hipnosis en algo demoníaco... Presentar como arma mortífera ese ojo inyectado en sangre, muy en la línea del "corazón delator" de Alan Poe.

- EL EXTRATERRESTRE



¿No es para adoptar a los autores de estos cromos? ¡Qué cándida inocencia disfrazada de caradura, y viceversa! La fórmula para crear algo distinto es muy sencilla: Coger a E.T, añadirle orejas, y maquillarlo como una puta barata. ¿No os lo imagináis haciendo la esquina en un callejón de Whitechappel, con un bolsito hortera de lentejuelas doradas?

- MONSTRUO DEL PANTANO



Éste es uno de los cromos que más retortijones de risa nos provocan a Aitor y a mí. Lo realmente gracioso de esta criatura es su expresión de hastío. Resulta evidente que esta es la foto que le hicieron para el DNI. Por eso el monstruo del pantano luce esa cara de estar hasta los cojones de que la señora de la tienda de fotos le diga: "Sonría, por favor, que está muy serio..."

También son míticas esas branquias con forma de casco samurai.

- EL AGUSANADO



Un tipo taladrado por una horda de gusanos. Hoy día, aunque encierres a treinta creativos en una sala durante treinta horas, no lograrás encontrar un concepto tan acojonantemente bueno.

- ESPECTRO ARDIENTE



Este sólo lo resalto porque me recuerda a Tim Curry.

- DUENDE ESPACIAL



Rezuma patetismo. Uno se imagina que de cuello para abajo va vestido con un esquijama maloliente, sus bigotes parecen zurullos de mierda, y si tuviese que encarnarlo algún actor, se lo ofrecerían a Steve Buscemi o a William H. Macy. O puede que incluso a José Luis López Vázquez.

- LA CORRUPTA



Me encanta el dibujo. Y me encanta que ésta sea la imagen de "corrupta" que tienen los creadores de esta joya.

- ROBOT GALÁCTICO



No voy a malgastar palabras...

- LA APARECIDA



¿Es, o no es Terele Pávez?

- POLICÍA ASESINO



Otro de nuestros favoritos en Vaya Semanita. Si ya la Policía aterroriza "per se", un sabueso inglés posando ante el Big Ben con mirada aviesa es poco menos que inquietante.

- LOCO DEL DESIERTO



Es tan lindo que se lo intentaría encasquetar a mis mejores amigas. Es lo que ellas hacen con nosotros cuando tienen una amiga similar a esto.

- UNICORNIO DE MARTE



Otro que tiene pinta de vestir con esquijama. Unicornio de Marte. Me cago en la puta... ¿¡A quién cojones se le ocurre!? Es genial. Y ahora sólo somos capaces de hacer películas sobre post-guerras, prostitutas y desempleados...

- EL VEGETAL



Ya nunca volveré a comerme una ensalada sin miedo a que sea ella quien me devore a mí.

- SELENITA



Esto sí que es un diseño de personajes. No hay nada que acojone más que una expresión de agónica tristeza.

- GATO UNICORNIO



Lo que más me acojona de este cromo es que... era el primero de la colección...

¡¡Y hay muchos más que merecen la pena!! ¡¡¡¡Si queréis conocer a los demás, ya estáis entrando en monstruos diabólicos!!!!