
El otro día hablé aquí sobre por qué, en mi opinión, para sacar adelante nuestros proyectos es importante dormir y comer bien.
Como de costumbre, el post se me alargó más de lo previsto y tuve que dejar para otro día parte de la información. Pues bien, hoy es "otro día", y me gustaría complementar el post anterior con algunos consejos para dormir en condiciones.
Yo tengo tendencia al insomnio, así que a lo largo de mi existencia he investigado un poco sobre el tema. Dejaré aquí algunos trucos para invocar el sueño. Son cosas que he leído, que me han contado o que he descubierto experimentando conmigo mismo. Algunos me funcionan. Otros no.
Opino que cuerpo y mente son más indisociables de lo que creemos. A pesar de ello, he hecho una clasificación un tanto burda entre trucos "químicos" y trucos mentales:
- La puta valeriana: La cito aquí porque es el remedio más famoso contra el insomnio, pero lo cierto es que a mí casi nunca me hace efecto. Como mucho me relaja un pelín. Pero oye, igual vosotros tenéis más suerte.
- La infusión de amapola y lúpulo: Conmigo no es infalible, pero me funciona mejor que la valeriana. Una cucharada de amapola, dos de lúpulo (aproximadamente), agua hirviendo, dejar 5 minutos en infusión. Se debe tomar una media horita antes de irse a dormir. Esta infusión te sume en un estado de sopor muy útil. Eso sí: Es como un tren que pasa una sola vez. Te subes en él o lo pierdes. Si de pronto algo te distrae o te espabila en el momento inadecuado (un ruido, un pensamiento) pierdes el tren y los ojos ya no se te cierran.
- La melatonina: No la he probado, pero hablan maravillas de ella, así que... tendré que agenciármela. Y os la recomiendo "a ciegas".
- El vasito de leche calentita: El tradicional "un vasito de leche y a la cama" funciona precisamente (según leí por ahí) porque la leche activa la secreción de melatonina en nuestro organismo. No es infalible, pero algo ayuda.
- Lo blanco de la lechuga: Este truco me lo enseñó mi madre. Comerse esos aburridos tallos blancos de la lechuga te sume en un estado de sopor. Se supone que es química, aunque yo sospecho que lo que te adormece es el aburrimiento de comer algo tan poco estimulante. A mí me produce un efecto similar al de la infusión de amapola y lúpulo.
- Evita el alcohol: Es cierto que un buen lingotazo te ayuda a dormir rápido, pero se trata de un sueño poco sano, en el que uno se duerme, sí, pero no descansa.
- Evitar pantallas: Eso de ver la tele antes de acostarse, o sentarse al ordenador, o mirar cosas en el Iphone. Al parecer, el brillo que emiten esos trastos engaña a una parte del cerebro haciéndole creer que todavía es de día. Esto no va a misa, claro. Hay mucha gente que se queda dormida viendo la tele. Aunque eso puede deberse a que existen muchos afortunados hijos de puta que no saben lo que es el insomnio.
- Usar la cama sólo para dormir: Es otra manera de engañar a la mente. Hacer que nuestro inconsciente asocie la cama con dormir y con ninguna otra cosa (bueno, ¡aceptamos barco! Todos sabemos que hay otras cosas que se pueden hacer en una cama) Así que nada de tumbarse en la cama a ver pelis, o a jugar videojuegos, o a comer. Sólo hay - además de la del sexo - una excepción:
- Leer antes de dormir: A mucha gente le funciona. A mí no. Me explico: Sí que me entra el sueño mientras leo, pero en cuanto cierro el libro y apago la luz, vuelvo a estar como una moto.
- El móvil y el ordenador lejos de la cama y/o apagados.
- Fabricar rituales: Me refiero a rituales de "antes de irse a la cama". Lo leí por algún lado, en internet. Repetir la misma secuencia todas las noches (un paseo, o una ducha, o el vaso de leche, luego el pijama... Siempre lo mismo y en el mismo orden, a lo Casimiro) Es una manera de acostumbrar a tu cuerpo y a tu mente e irles avisando de que quieres irte a dormir en "x" minutos.
- No pienses en tu vida: Esto lo he descubierto analizándome a mí mismo. EVITAD A TODA COSTA pensar en cosas que tengan relación con vuestra vida. Nada de pensar en mierdas relacionadas con vuestro trabajo, no mareéis vuestros proyectos personales, ni siquiera penséis en esa persona que os gusta. Porque al ser asuntos con los que queréis o debéis lidiar en la vigilia, vuestra mente se dispara y empezáis a darles vueltas. "Debería haber hecho esto otro." "Si me dijese tal cosa, entonces yo le diría..." Demasiada actividad cerebral. ¡No bueno! Así que para evitar eso, yo recomiendo:
- Fantasear: Lleva tu mente a algún sitio que no tenga absolutamente nada que ver con la realidad que te toca vivir cuando no estás en la cama. Yo qué sé, imagina que estás pilotando el Halcón Milenario, recorre la Muralla China a lomos de un dinosaurio, túmbate en las ramas de un árbol de un planeta extraño con un rifle de francotirador a matar bichos.
- Que no te encuentren: Esto es un anexo muy útil para el truco anterior. Incorpora a tu fantasía el factor "tengo que quedarme muy quieto y no hacer ruido, porque podrían descubrirme". Imagina por ejemplo que en tu casa han entrado unos asesinos. No saben que tú estás en el desván. ¡No te muevas, ni siquiera hagas ruido al respirar! ¡O eres tú el que te has colado en algún sitio! ¡Eres un ninja agazapado, descansando inadvertido hasta que llegue el momento clave! También es divertido cuando lo que acecha ahí fuera son monstruos.
- Cuéntate una película: Es una variante de lo anterior. Se trata de un truco que inventó mi padre para sí mismo. Todas las noches, para dormirse, se cuenta Ben-hur a sí mismo, como si se la estuviese explicando a alguien que no la ha visto nunca. Mi padre se sabe Ben-hur de memoria, así que puede recorrerla de manera muy detallada y sin esforzarse. Antes de que Charlton Heston llegue a las galeras, él ya se ha quedado frito. Yo creo que no sería capaz de hacerlo. Me aburriría. Me falta disciplina.
Y creo que esos son todos los trucos que barajo. Seguro que existen veinte mil más. No obstante, quiero finalizar exponiendo el que para mí es el truco definitivo:
Para poderte dormir, es fundamental que de verdad te quieras dormir.
Parece una perogrullada, pero creo que es importante. A veces una parte muy íntima de nuestra mente no quiere dormirse en realidad. Si no convences a ese rincón de tu semi-inconsciente de que realmente quieres o necesitas cerrar los ojos, date por jodido.
Creo que esto puede suceder por muchos motivos. A modo de ejemplo, os hablaré de la novela que estoy escribiendo ahora, "Gente rota". En ella hay un personaje que sufre un insomnio de este tipo. Voy a tomarme el atrevimiento de poner aquí, a modo de adelanto, un par de párrafos en los que se habla sobre las razones para no querer dormirse.
Me atrevo a compartirlo aquí porque no destripa nada de la novela, y porque en realidad es una versión actualizada de otra entrada que escribí hace años, hablando de mis propias razones para no querer dormir en aquel entonces.
Me despido con ello:
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Al principio era eso, un comprensible desajuste horario. Ahora, sin embargo, hay algo más. Le cuesta dormir incluso cuando está cansada. La almohada le grita cosas al oído. No se siente demasiado cómoda en su cama. Las sábanas le apestan a derrota. Cada vez que se arropa con ellas tiene la sensación de estar capitulando. El día no puede terminar ahí. Falta algo por ocurrir. Un algo mágico, aunque sea una magia barata y de segunda mano. Algo que cambie las cosas una pizca. Algo que mitigue esa desoladora sensación de que las horas son escaleras mecánicas que la arrastran irremediablemente hacia no sabe qué agujero, ese cerrar los ojos con la sospecha de que el día es una sopa de letras en la que le ha faltado por descubrir una última palabra.
Por eso la cama se convierte en un lugar terrible, y la rechaza por quinta vez en las últimas horas. Se levanta de nuevo, regresa al mail y al facebook y otra vez al mail, y entre click y click de ratón, un sorbo de cerveza, y la anestesia que le idiotiza las neuronas, y la noche que le contagia la negrura, y muy, muy pocas fuerzas... muy pocas convicciones para luchar por nada.





