viernes, 18 de mayo de 2012

GENIECILLOS DE MIERDA


 Todos los que nos consideramos "artistas" (o hemos aspirado a serlo) tuvimos que pasar por esa fase que a mí me gusta denominar la "edad del pavo del artistilla".

La "edad del pavo del astistilla" suele comenzar en el instituto, cuando uno hace sus primeros cortos, o escribe sus primeros relatos, o pinta sus primeras mierdas. Luego continúa en la universidad o en el módulo de turno... y en el mejor de los casos, no se nos pasa hasta que no empezamos a aplicar nuestra experiencia al mundo real.

He escrito "en el mejor de los casos" porque creo que muchos no consiguen dejar atrás esa adolescencia tan jodida. Nunca.

¿A qué me refiero cuando hablo de "la edad del pavo del artistilla"?

Es probable que ya lo hayáis deducido: Cuando somos jovencitos y queremos dedicarnos a cualquier arte, todos empezamos queriendo ser genios. Y no sólo eso. En un alarde de fogosidad adolescente, realmente CREEMOS que vamos a ser los nuevos genios que cambiarán la historia del cine, la literatura, la pintura...

En mi generación todos queríamos ser el nuevo Orson Welles, o el nuevo Tarantino, o el nuevo Tim Burton.

Supongo que las generaciones actuales consagrarán su pavo a ser el nuevo Nolan, el nuevo Wes Anderson, puede que el nuevo Shyamalan...

Supongo que esa ingenuidad es necesaria durante la primera etapa. Es el combustible necesario para que nos animemos a hacer los primeros experimentos y a meternos en los primeros follones. Pero tarde o temprano conviene desembarazarse de ese lastre, del mismo modo en que las naves espaciales Columbia se separan de los propulsores que las han ayudado a llegar hasta el espacio.


¿Por qué?

Porque esa actitud de "voy a ser un genio", a la larga, trae consigo más cosas malas que buenas.

Para empezar, es muy habitual que intentando ser "el nuevo genio" te conviertas en una fotocopia de tu genio favorito. Pero una fotocopia desteñida, de mucha peor calidad. Porque ese genio que tú tienes como referente encontró su estilo, su forma de expresarse... SIENDO ÉL MISMO.

Hay una enorme diferencia entre "crecer con influencias de..." y "convertirte en una imitación barata de los chinos de..."

Y lo realmente alarmante es que muchos artistas en "edad del pavo" no sólo "copian" sin darse cuenta las obras de sus ídolos. También copian sus actitudes, sus maneras de reaccionar ante la vida...

Recuerdo el caso de un estudiante muy obsesionado con Orson Welles. No sólo intentaba sacar adelante proyectos wellesianos, sino que se paseaba por la universidad imitando la forma de vestir del maestro: Con su abrigo, con su sombrero y con su pipa.

Yo tampoco me libré de mi propia edad del pavo, por supuesto. Decidí que quería "hacer cine" tras ver 12 Monos de Terry Gilliam y lo corroboré tras leer Rebelde Sin Pasta de Robert Rodríguez. Los primeros tratamientos y guiones que esbozaba con mi amigo Alby Ojeda eran perritos falderos de Tarantino, mis primeros relatos eran prisioneros de Kafka y Allan Poe, mis dibujos de aquella época eran fotocopias cutres de la estética Burton.

Pero vuelvo al ejemplo de los propulsores del Columbia. Hay que saber cuándo dejar atrás ese rollito. Es lógico que en una "adolescencia" intentemos definirnos a nosotros mismos imitando a aquéllos con quienes más identificados nos sentimos, pero no olvidemos que una de las mil funciones del Arte es la de ayudarnos a descubrirnos y a conocernos a nosotros mismos.


Cuando logremos un mínimo nivel de auto-conocimiento, puede que no seamos los "genios" que esperábamos ser, pero seremos NOSOTROS.

Sinceramente, creo que los auténticos genios no son los que dicen: "Venga, voy a ser un genio". La gente que revoluciona la historia del Arte, normalmente no piensa: "Venga, con esto voy a revolucionar la historia del Arte". Esa clase de cosas ocurren casi por accidente.

Pienso que el que es genio, lo es sencillamente porque no puede evitar serlo.

Y los demás ni lo somos, ni falta que nos hace.


EN PRIMER LUGAR: 

Porque otra de las funciones del Arte - y para mí quizá la principal, aunque muchos teóricos discrepen - es la de ser útil.

Nuestras obras no necesitan ser geniales, ni necesitan ser puntos de inflexión en la historia de nuestra civilización para ser pertinentes.

Si cualquier peli, cualquier libro o cualquier serie de televisión aporta su granito de arena para hacer el mundo un poquito mejor, si provoca una carcajada en el momento oportuno, si ayuda a desconectar durante un rato a una persona que llega embajonada a causa de su trabajo, si - en definitiva - resulta ÚTIL a un número significativo de personas... esa obra es tan importante - o más - que cualquier "genialidad".

EN SEGUNDO LUGAR:

No hace falta ser un "genio" para encontrar un estilo propio. Si uno es honesto consigo mismo y generoso con los espectadores, sus obras acabarán teniendo alma, autenticidad, originalidad, personalidad, como queráis llamarlo...

Siempre he pensado que el "estilo" no es algo que se busque o que se defina de manera consciente. A mí me gusta comparar el estilo de un artista con esas huellas dactilares que el asesino deja sin querer en la escena del crimen.

Esos descuidos: Una huella por acá, un pelo por allá, un vaso con una marca de carmín que te delata.

"Estilo" es que, aunque quieras omitir u ocultar todas esas señales que te sitúan en la escena del crimen, te descubras incapaz de hacerlo.

Imaginaos a Woody Allen intentando dirigir Depredador y sabréis a qué me refiero.

O, por ejemplo: Ayer volví a ver esa entrañable y descabellada desfachatez que es Cara a cara. Creo que - para bien y para mal - sólo John Woo podía haberla dirigido así. Y al mismo tiempo, yo me imaginaba la clase de peliculón que haría Cronenberg con esa misma historia.

Y EN TERCER LUGAR:

Yo diría que los genios son, por definición, gente complicada.

Gente tarada - para bien y para mal - por anomalías que les hacen ver la vida de forma distinta, o manejar a la gente de otras maneras, o desear cambiar el mundo con una desesperación que la mayoría de los humanos jamás podremos sentir.

Hace un par de posts mencioné un seminario de José Luis García Sánchez al que asistí. En aquel seminario, García Sánchez nos contó una anécdota sobre Orson Welles que él conocía de primera o de segunda mano:

Sucedió en un estudio de radio de España. Welles estaba grabando una locución. Cuando terminó de locutar escuchó el resultado y se cabreó porque el técnico de sonido (un español) había movido mal la regleta. El sonido entraba demasiado bajo.

¿Qué hizo Orson?

Salió de la pecera, agarró la mano del técnico de sonido - la misma mano con que manipuló la regleta -, colocó esa mano en el quicio de la puerta y usando la propia puerta... le machacó los dedos.

Cuando García Sánchez nos contó aquello, terminó con esta frase:

"Orson Welles era un genio, sí, pero también era un hijo de puta."


Y puede que así sean la mayoría de los genios: Hijos de puta como Welles, o esquizofrénicos como Van Gogh, o inadaptados como Kubrick o Lars Von Triers... obsesos y tiranos como Cameron, o como Terry Gilliam.

Gente difícil.

Difícil para el resto de los mortales y difíciles para sí mismos.

Me atrevería a aventurar que el 99% de los genios no son gente feliz.

Más bien los imagino como gente que nunca consigue encajar del todo en este mundo, o como gente que, en lugar de dominar su vida, muere dominada, condicionada - incluso devorada - por su propia vida. Son personajes de tragedia griega.

Si alguno de los que leéis esto os encontráis todavía en la "edad del pavo del artistilla": ¿De verdad es eso lo que deseáis?

En serio: Consideraros afortunados. Intentad consideraros útiles. Yo qué sé...

Y en el improbable caso de que algún genio de verdad esté leyendo esto: Lo siento, tío... Te ha tocado... Date por jodido...


4 comentarios:

EMF dijo...

Ayer mismo pensaba en todo esto que escribes, a colación de un artistilla que he conocido recientemente, y que está en el apogeo de esa edad del pavo.

Ya se le pasará, ya...

unapaginaunminuto dijo...

Yo he coincidido con muchos profesionales que me han comentado aquello de "mejor que los genios se busquen a otro para trabajar" y puede que tengan razón. Mientras los que una vez quisimos ser genios consigamos hacer obras propias y de calidad, bien podemos darnos con un canto en los dientes.

Álvaro Sánchez dijo...

Estoy ante un dilema: lo primero que me nace al terminar de leer esto es decir "¡Qué genio!" Aunque agregaría un concepto más a este post y es que creo que el arte útil no existe. El arte por definición no ayuda en nada a la evolución humana ¿de qué te sirve un dibujo cuando tienes hambre?¿de qué te sirve una peli cuando lo que quieres es follar?¿para qué coño leerías un libro cuando estás de parto? En fin. Creo que antes que plantearse si uno va a ser un genio o no, ha de partir del punto de que lo que hagamos, en verdad, no le importa a nadie ni le sirve a nadie, ni mucho menos nos aplaca ninguna de nuestras necesidades (hoy hacemos un dibujo y estamos descontento con los resultados, asi que hacemos otro y así hasta el infinito). El único fin del arte es... poder ligar. Ser reconocido. Deslumbrar a nuestro fan para que nos dé "amor", sentirnos queridos a toda costa. Reafirmar el ego, eso es arte. Los genios se van por la tangente y terminan en el extremismo de la soledad porque le hechan la culpa de todo a los demás (¿te has fijado que siempre hablan de los que los insultan y nunca de los miles de seguidores que ya tienen?) No puedo ponerme en contra de seguir haciendo cosas porque necesito ese "amor", porque me reconozco en esa raza de "inútiles" y reniego de los autollamados genios y de los ultradefensores de tal o cual director.

Juanjo Ramírez dijo...

Gracias a todos por los comentarios! Con esto del Facebook y el Twitter ya casi nunca me paso por las ventanas de comments.

Álvaro: Yo creo que no hay que confundir lo "útil" con lo "necesario". Uno es un concepto pragmático y el otro es un concepto metafísico, yo diría.