martes, 13 de mayo de 2014

MIS NOVELAS PERVERSAS.



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AQUÍ, ALGUNAS CRÍTICAS:

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ en ESCRITORES SUCIOS. (LAS LECTURAS MÁS SUCIAS DEL 2013)

"... marcianas y escatológicas, excesivas y tremendas, prodigios de imaginación y oficio, una delicatessen, en suma, para lectores desprejuiciados. Exclusivamente, eso sí, para mayores de 18 años."

MIGUEL ANTONIO LUPIÁN SOTO en PENUMBRIA.

"... estas obras están hermanadas por la brevedad/concisión, por un ritmo frenético, por la pericia para describir situaciones y ambientes, por un lenguaje sucio pero limpio, por una búsqueda… (siempre he sostenido que si una obra no propone una búsqueda no es literatura)."

JAVIER BOCADULCE CARRERO en ABANDOMOVIEZ.

"No se puede acceder a esta obrita sin una mente clara y despejada de prejuicios. Es ficción. Eso ha de quedar claro. No debería identificarse al autor de la narración con los personajes descritos. Aberración, depravación, descenso al pozo más miserable de la condición ¿humana?, calidad literaria muy por encima de todo, humor ácido e irreverente - marca de la casa-, acción, ritmo, imaginación, originalidad...¿qué más puede pedirse a una novela?"
 
GUIONISTA ENFURECIDO.

"... son dos novelas muy parecidas en cuanto a estilo, tono, duración y tema, pero no tienen nada que ver la una con la otra, se pueden leer de manera independiente. Pero ambas se complementan de alguna forma, crear un universo conjunto de terror enfermizo lleno de sexo y violencia, no apto para cualquiera. De hecho, incluso los que estéis acostumbrados a leer historias retorcidas, brutales, sangrientas, salvajes y llenas de amputaciones, vomitéis con estas dos pequeñas joyas de lo grotesco.

Pero nada más empezar a leerlos te absorbe un remolino de curiosidad, se vuelve una necesidad vital saber qué va a pasar a continuación y cómo los protagonistas de cada novela van a lograr salir de esa situación. El estilo, el ritmo y la trama están tan bien escritos que una vez has empezado tienes que llegar al final por cojones." 

KEBRANTAVERSOS SOBRE "LA EMPERATRIZ DE LOS INSECTOS".


"Una novela corta tan grande que no te deja ni un momento para el respiro. Que te hace querer más y más. Que hace que no levantes la vista de las páginas hasta su desenlace. En esta novela hay mucha mala baba, mucho sexo brutal, muchísima violencia explícita e implícita, muchos insectos y unas gotas, muy pocas de amor. Me ha recordado en su formato a las novelitas de bolsillo, pero su esencia es de novela grande. El ambiente esta perfectamente descrito, al igual que los personajes, casi sacados del infierno."

KEBRANTAVERSOS SOBRE "LA MIERDA".

"es otro de esos textos en los que es difícil despegarse de ellos una vez iniciado el proceso de lectura. Un muy digno texto salido de la mente de un más que digno escritor que espero nos siga regalando más escritos."

ROMÁN PINAZO DÍEZ EN "ARCHIVOS DEL MINISTERIO DE LA VERDAD".
 
"Son libros que muerden. Pero no en el sentido literal, no muerden las manos o la cara. Lo que mordisquean es tu alma, tu corazón, tu fé en la raza humana. Sus dientes, las letras que forman palabras ácidas, corrosivas. Y al mismo tiempo, te atrapan. Una vez que empiezas a leer no puedes parar. Siendo guionista profesional, Ramírez sabe despertar la curiosidad del lector, quieres saber cómo continúa la historia, y de vez en cuando sorprende con giros argumentales tan delirantes como acertados."

jueves, 20 de febrero de 2014

TIEMPO, CORAZÓN Y VIDA.




Esta entrada, muy en el fondo, trata sobre por qué llevo tantísimo tiempo sin actualizar.

La cabeza no me da para más. Me gustaría decir que "no tengo tiempo". Sonaría más cool, más sofisticado... pero no es únicamente una cuestión de tiempo: Es también, y sobre todo, una cuestión de neuronas.

No sé si es que en otros tiempos no me lanzaba a currar en tantas cosas al mismo tiempo, o si es que antes mi cerebro era más multitarea, más Microsoft Windows.

Lo tecleo, lo reflexiono y... creo que se trata más bien de la "opción A". En otros tiempos me centraba en un proyecto, lo terminaba, empezaba otro, lo terminaba... y así continuamente.

Ninguno de esos proyectos solía llegar a buen puerto. Sólo uno de cada diez o veinte. Por eso suelo llamarlos "huevos de tortuga". Plantas cien en la arena y sólo dos o tres llegan a la playa antes de que se los coman las gaviotas.

Pero antes, cuando cagaba cada huevo de tortuga, lo cagaba con amor, con algo parecido a la serenidad, en un báter sagrado, y leyendo el periódico en vez de mirar preventivamente a mi alrededor en busca de esas gaviotas hijas de la gran puta.

Ahora es distinto. Ahora mi cabeza está compartimentada como si fuera una viñeta del "13 Rue del Percebe": Cada apartamento es un proyecto distinto y los tabiques son tan finos que las voces de los unos desconcentran a los otros. Me paso las mañanas cambiando de chip como un DJ con triple personalidad: Ahora a centrarme en este guión, ahora en este otro, ahora largos, ahora sketches, ahora la obra de teatro, ahora la antología de relatos, ahora ese guión para el Notodo porque estás a mil cosas pero es que el plazo termina ya y quién sabe, a lo mejor luego resulta que lo peta y mejor haberlo escrito que no haberlo hecho y etc etc etc etc y más etcétera.

En los últimos años ya me he acostumbrado a esas circunstancias. Las asumo como algo a lo que hay que resignarse: una especie de reuma.

Mi novia, sin embargo, me dijo hace unos meses algo que me impactó como un bofetón de perspectiva. Voy a parafrasearlo de memoria:

"Yo antes de conocerte pensaba que los escritores érais como los personajes de Stephen King, que os tomábais vuestro tiempo y llenábais las papeleras de papeles arrugados, pero veo que os tratan más bien como a máquinas expendedoras. Os aprietan un par de botones y esperan que les entreguéis un guión automáticamente y en el momento que ellos digan."

¿Cómo hemos llegado a eso?

Obviamente, hay que tener en cuenta que el escritor de guiones no se puede permitir, por definición, los mismos lujos que el escritor de relatos o novelas. Todos conocemos las historias de guionistas en los años dorados de Hollywood, prácticamente encadenados a una máquina de escribir en un piso de mala muerte, y con la obligación de parir un guión cada semana, o cada finde.

Pero incluso eso me parece más accesible que lo que vivimos ahora tanto yo como muchos otros compañeros con los que he tenido ocasión de hablar. Es fácil decirlo así, a la ligera, pero yo casi prefiero que me encadenen para escribir un largo "intrascendente" en un fin de semana a que me tengan varios meses subarrendando porciones de mi cabeza para distintos proyectos, de los cuáles sólo un par serán remunerados (con suerte), otro par te los pagarán "si la cosa funciona" y el resto ya tienes asumido que jamás te harán ver un céntimo y que los haces por amor al arte.

Eso no es vida.

Hace algunas semanas hablaba de esta problemática con un guionista brillante, con mucha más experiencia que yo, y que está supervisando uno de los proyectos en los que estoy ahora. Y con gran puntería, con gran capacidad de síntesis - algo habitual en él - resumió la clave del asunto en una sola frase que, una vez más, parafraseo de memoria:

"El problema está en que tenemos que trabajar en demasiadas cosas a la vez porque ninguna de ellas se paga lo suficientemente bien para vivir de ella."

Es tan lúcido y tan clarito que, leído así a posteriori, parece de perogrullo. Pero no nos lo terminamos de creer. O no terminamos de creer que tenemos derecho a reivindicar lo contrario.

Creo que los guionistas de mi generación hemos aterrizado en un terreno muy incómodo, muy indefinido. Antes de nuestra llegada, había guionistas (no todos) que cobraban sueldos pornográficos. Y pocos años después de haber llegado, nos ofrecen sueldos que son más bien limosnas, o a veces ni eso.

Ya va siendo hora de que alguien nos ofrezca el término medio entre una cosa y la otra.

Creo que hablo por todos los guionistas y escritores (o por un alto porcentaje de ellos) cuando aseguro que no queremos cobrar cantidades exorbitadas de dinero. No insinuamos que nuestro trabajo tenga que estar más cotizado que el de los demás departamentos. No merecemos cobrar más que el resto de los profesionales necesarios para producir una ficción.

Todos los sectores del audiovisual hemos sufrido los "recortes", todos hemos visto mermar el número de ceros en los contratos. Pero creo que los guionistas somos las víctimas más evidentes del más miserable de los saltos cuánticos: Pasar de cobrar algo a cobrar NADA.

Escribir es una profesión muy vocacional. Sí... ya sé que todas las relacionadas con el audiovisual lo son, pero los escritores somos especialmente gilipollas. Y...

... los productores, directivos e hijos de puta varios lo saben demasiado bien.

Otra cosa que saben demasiado bien: Que no se quieren jugar su propia pasta, y para no jugársela necesitan conseguir pasta ajena, y para conseguir pasta ajena necesitan a un pringao que tenga una idea, y que la desarrolle, y que la convierta en un formato con potencial dramático. ¡Pero esos "trámites sin importancia" hay que realizarlos para que alguien ingrese la pasta y, por tanto, ANTES de que alguien ingrese la pasta!

CONCLUSIÓN: Si hay algo que no le interesa a un productor, es que el guionista se sienta legitimado para cobrar por su trabajo justo en el momento en el que está haciendo ese trabajo, o sea: En el momento en que aún no existe dinero para pagarle.

Quizá por eso los guionistas no tenemos epígrafe propio y tenemos que compartirlo con los escayolistas y otras cien profesiones, en plan piso de camas calientes.

Quizá por eso resulta tan complicado establecer un sindicato de guionistas en España. Yo solía hacer el chiste de que los de ALMA habían elegido ese nombre porque necesitaban llamarse como algo que fuese INVISIBLE, pero voy retractándome día a día: Nunca he visto a ALMA tan activa y tan luchadora como este año. Pero tampoco he visto nunca tantos obstáculos en su camino. Y es que resulta difícil asentar un sindicato en un contexto tan "buenista" para las cosas que no importan y tan cínico para las cosas que realmente importan.

Insisto: No creo que los guionistas (o los escritores en general) debamos cobrar mucho más que cualquier otro departamento de la producción que aporte las mismas dosis de esfuerzo al producto final, pero...

... a riesgo de fliparme un poco...

... creo que en los últimos años, e incluso en los últimos siglos... e incluso en los últimos milenios...

... hemos despojado a nuestra profesión de su carácter sagrado.

Antaño... en los tiempos de las tribus... incluso en los tiempos de nuestros bisabuelos... el contador de historias se consideraba un elemento clave dentro de la comunidad. Transmitía no sólo sabiduría, sino también emociones, enseñanzas, interrogantes, encrucijadas morales... En las sociedades ancestrales el cuentacuentos estaba al mismo nivel del druida, del hechicero, del herrero, del cazador, del guerrero... De hecho, no había demasiada distinción entre los conceptos de "profesor" y "cuentacuentos".

En la actualidad, creo que nuestro rol social es igual de importante, pero no igual de cuidado, ni igual de respetado. Actualmente los beneficios prácticos de nuestra profesión, los que nos permitirían vivir de ella y poder centrarnos en ella como se merece, no repercuten en quienes la ejercemos, sino en los directivos de aquí y de allá, en las compañías telefónicas que facilitan el pirateo de los contenidos... e incluso en ese tipo que va a invitarte mañana mismo a un café para que le escribas un piloto de una serie que de momento no puede pagarte, pero que si consiguen venderla bla, bla, bla, bla, bla...

Y ese menosprecio lo vivimos los guionistas, y los realizadores, y los de producción, y los equipos de cámara, y de maquillaje, y de atrezzo, y de post-producción... ahora somos más gente repartiéndonos el pastel... pero es que antes las historias las contaba una sola persona en una cueva, a la luz de una hoguera... ahora las cuentan cienes de personas, para que lleguen a millones.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

EL GUIÓN Y LA FÓRMULA 1



Llevo todo el día atascado en el guión que estoy reescribiendo. Esto va así: Hay días en que el contador de páginas va progresando imparable, como un taxímetro... y hay otros días en los que transitar las páginas es como arrastrarse por una ciénaga salpicada de arenas movedizas.

Cuando eso ocurre, lo mejor es procrast... eh... pensar en otra cosa durante un rato. Normalmente acudo a Twitter para desfogarme en esos casos, pero hoy, mira tú por dónde, me ha nacido la idea de escribir un post relacionado con esta situación en la que me encuentro.

LA RELACIÓN ENTRE ESCRIBIR GUIONES Y LA FÓRMULA 1.

Me gusta ver la Fórmula 1, y soy Alonsista a muerte. Siempre he dicho que la gente que desprecia la Fórmula 1 es porque no la conoce. Supongo que ocurre con cualquier deporte.

Otra cosa que siempre he dicho: El día que a Aaron Sorkin se le ocurra ambientar una serie en la Fórmula 1, todo el mundo empezará a fascinarse con el tema.

Es un ¿deporte? ¿espectáculo? complejo y muy atractivo, porque la victoria depende de muchos factores: Pericia del piloto, ingeniería, diseño de estategias, habilidad de los mecánicos, climatología...

De hecho hay dos directores muy grandes y muy minusvalorados que han hecho dos pelis preciosas sobre la F1: Renny Harlin (DRIVEN) y Ron Howard (RUSH)

Pero basta de andarse por las ramas. Yo en realidad venía a este rincón a comentar una analogía muy "de andar por casa" entre el mundo de la escritura de guiones y la Fórmula 1.

Cuando uno ve las retransmisiones de las carreras, nota una cosa muy curiosa: Todos los coches están bastante separados entre sí en las rectas, pero en cuanto llega una curva... todos se juntan. De repente tienes la sensación de que ese coche al que ya le habían sacado muchas décimas de ventaja, vuelve a estar pegado al culo de tu piloto favorito. Te acojonas. Pero luego, tras esa curva, llega la siguiente recta... y todos se vuelven a desplegar, mostrando la distancia real que los separa.

Creo que la escritura de guiones también tiene sus rectas y sus curvas. Las "rectas" son esos tramos en los que lo tienes todo más o menos resuelto, muy clarito... sin momentos delicados para los personajes, sin encrucijadas frágiles. Son momentos en los que uno puede permitirse "tirar millas".

Y luego hay otros momentos en el proceso de escritura que son como "las curvas". Muy poco agradecidos en lo que a velocidad se refiere, pero ahí es donde mejor se demuestra nuestra pericia a la hora de conducir la historia, y lo bien o mal diseñado que está el vehículo.

Al menos en mi caso es muy normal: Avanzo veinte páginas en un solo día y luego estoy otros dos o tres dando palos de ciego, examinando concienzudamente el terreno antes de seguir avanzando, y el coche de Vettel (es decir, el plazo de entrega), da la impresión de cernirse sobre mí para darme por culo. Pero no es momento de pisar el acelerador. En las curvas hay que levantar el pie y centrarse en la dirección, en el volante... Tarde o temprano, la curva termina y llega otra recta en la que acelerar a tope.

Ahora mismo estoy en una de esas curvas complicadas. Una especie de ovillo enredado en medio de la trama. Hay que tratarlo con muchísimo cuidado, meditando cada decisión. Es como una operación de columna vertebral.

Es uno de los momentos más potentes y bonitos de la historia, y estoy seguro de que quedará maravilloso.

Algunos dirán que esas "curvas" son más rápidas si has diseñado un RedBull en vez de un Ferrari, es decir: Si has trabajado bien la escaleta. Pero discrepo. He llegado a esta carrera con una escaleta muy precisa, pero cuando la pones a rodar en la pista (como comentaba en este otro post) te das cuenta de que a veces los personajes - y la propia historia - no aceptan en sus vísceras las abstracciones de tu escaleta. Es como el político que pretende cumplir su programa electoral y de pronto, tras ser elegido, se da de bruces con la cruda realidad.

Pero qué sabre yo... si soy quizá la única persona a la que DRIVEN le gusta más que RUSH (aunque ambas me gusten muchísimo)

martes, 19 de noviembre de 2013

TIRAR DE LA SÁBANA



Creo que a partir de ahora, para optimizar el tiempo, a veces actualizaré el blog con extractos de los mails que mando a algunos seres queridos.

Como en este caso: 

Lo que he aprendido con todos los proyectos en los que me he visto involucrado - incluyendo aquéllos que no han llegado a buen puerto - es que no sirve de mucho preguntarse si ha merecido o no la pena tomar las decisiones que se han tomado.

Es un deporte estéril eso de preguntarse "¿qué habría pasado si...?" Al final es como todo: Sacrificas unas cosas y gracias a eso, ganas otras.

Es como tirar de las sábanas en la cama: Si tiras de un extremo, le quitas un trozo de sábana al otro.

Salvo en casos puntuales de alquimia muy lograda, lo que inviertes en factura impecable lo sacrificas en autenticidad, y viceversa. Lo que inviertes en ritmo, lo sacrificas en profundidad, y viceversa. Lo que inviertes en coherencia, lo sacrificas en impacto, y viceversa.

Recuerdo cuando César leía las sucesivas versiones que íbamos escribiendo de (...), intentando conciliar - y enriquecer - nuestra visión con la de los (...), y él me decía: "Cada versión es más clara y coherente que la anterior, pero menos espectacular."

Al final te das cuenta de que, de una manera o de otra, vas a acabar lamentándote por lo sacrificado y considerando insuficiente aquello en lo que has invertido. Así que supongo que, como mínimo, las decisiones que tomemos deberían hacernos sentir vivos en el momento en el que las tomamos.

viernes, 8 de noviembre de 2013

“LA VIE EN ROSE” Y OTRAS MANERAS DE FOLLAR SIN COMPLEJOS.

 


Hoy me he enterado de que LVR Group ha recibido la ISO 90001, y me parece una buenísima noticia.

Para que puedas entender mi entusiasmo, te voy a explicar qué es LVR Group y qué es la ISO 90001. Y antes de explicar esas dos cosas, te voy a recordar una tercera:

Si estás leyendo esto, probablemente pertenezcas a una sociedad muy condicionada por la moral católica. Una tradición de la que hemos heredado tesoros valiosísimos pero también, en mi opinión, algunas taras.

- ¡Bah!, a mí no me metas en el mismo saco. Yo soy ateo.

Pues los ateos sois aún más vulnerables a todo eso, porque no hay persona más fácil de manejar que la que se cree a salvo, que la que “baja la guardia”, que la que subestima al “enemigo”.

Decía Baudelaire que: "La más hermosa de las jugadas del Diablo es persuadirte de que no existe". Y en estos tiempos caóticos, puede que dioses y demonios utilicen las mismas técnicas.

Creo que una de las principales “taras” que sufrimos consiste en lo siguiente: Aquello que se considera pecaminoso nos avergüenza, y damos por hecho que merece un castigo.

Da un poco igual que tu parte racional esté convencida de lo contrario. Hay un rumor de fondo que echó raíces en tu subconsciente incluso antes de que tú nacieras.

Un ejemplo bastante ilustrativo: Si miras porno en internet, asumes tu penitencia de antemano: Virus en el ordenador, troyanos, banners, intentos de estafa. Gran parte de los consumidores de porno se sienten más o menos culpables por ver ese tipo de material. Para ellos es algo prohibido, algo de lo que avergonzarse. Así se convierten en las víctimas predilectas de todo tipo de abusos, estafas y engaños. Son un blanco fácil. Prefieren dejarse timar, porque denunciar el delito implicaría declarar públicamente lo que desean callar: que entraron en la red a buscar porno. Porque, muy en el fondo, sienten que el Destino les ha hecho llegar el castigo que les corresponde.

La realidad empieza a estar dirigida por David Cronenberg: Los virus informáticos se  han convertido en el equivalente digital – y moral – de las enfermedades venéreas.

El sexo pasajero carga con esa clase de estigmas, gracias a una colección de prejuicios que nosotros mismos nos encargamos de perpetuar de manera más o menos inconsciente.

Seguro que todos hemos oído o leído alguna vez la siguiente frase despectiva en referencia a un hostal o una pensión:

Es de ésos que alquilan habitaciones por horas.

Acabas de leer esta frase, y seguro que la has imaginado pronunciada con cierto tono de asco. Y te has imaginado un lugar sórdido, con piojos en las sábanas, manchas sospechosas en las paredes y recepcionistas que te desnudan con la mirada. Quieres follarte a una persona de manera apresurada, clandestina... te han educado para que consideres que tu intención es turbia y te mereces ir a un sitio igual de turbio, en el que no te traten demasiado bien, en el que clandestinidad y decadencia vengan unidas de la mano.

Quizá tenemos demasiadas pelis en la cabeza. Quizá vivimos esa clase de trances no tanto pensando en lo que dice la Biblia, sino en lo cuenta su adaptación más soterrada y célebre (es decir: Hollywood)

Y por eso me parece tan prometedor e interesante lo que anunciaba al principio del post: LVR Group ha recibido la ISO 90001.

¿Qué es LVR Group?
Una empresa que ha creado en Barcelona hoteles de ésos “que se alquilan por horas”, con nombres tan sugerentes como “La Vie en Rose”.

¿Qué es la ISO 90001?
Pues un certificado de calidad muy oficial. Los tíos van, comprueban si el sitio funciona bien, si es recomendable, si son profesionales, si ofrecen un servicio satisfactorio. Es, para que nos entendamos, una especie de “estrella michelín” para pequeñas y medianas empresas.

¿Entiendes ahora por qué atisbo un brote de esperanza en la noticia?

Un comité serio y profesional que, dejando los prejuicios a un lado, reconoce la calidad de un “alquiler de habitaciones por horas” que pretende ser igual de serio y profesional.

Joder, yo veo ahí una mentalidad muy sana, una especie de evolución de paradigma, una declaración de intenciones: Nos parece muy respetable que alguien quiera pagar por un poco de intimidad para el sexo, así que vamos a esforzarnos para ofrecerles una experiencia de calidad.

Para otorgar el ISO 90001 ése se han tenido en cuenta cuestiones como la eficiencia del personal humano, la discreción con la que manejan tus datos personales, el hecho de que las habitaciones, las camas o las toallas estén impecables. Si quiero echar un polvo en una estancia, no quiero vestigios de los que estuvieron antes. Quiero hacer cosas sucias en sitios limpios.

Estamos en una época muy incierta, muy de crisis. Mucha gente se ve obligada a compartir piso con otras tres personas, o a volver a la casa de sus padres. Cada vez hay más gente que, si conoce a alguien en un bar, si la magia se le aparece de manera accidental, si de repente – por el motivo que sea – necesita solucionar un calentón, no tiene a dónde coño ir. ¿Qué haces? ¿Buscar el recoveco más sórdido de tu ciudad? ¿Pagar UN DÍA ENTERO en una pensión? ¿Hacerlo en el baño, contemplando entre embestida y embestida el dibujo de una polla y el teléfono de un tal Javi que “la chupa gratis”?

Llámame loco, pero a mí me encanta que exista la opción de pagar por varias horas y asegurarte un entorno cómodo, agradable, bien gestionado. Cuando uno se lanza a una aventura sexual tan espontánea, se está consagrando a lo impredecible. Puede ser un momentito de placer y “adiós muy buenas”. Puede ser “el comienzo de una gran amistad”. En ambos casos, te lo aseguro, cuando los años pasen – que diría Jose Alfredo – te va a apetecer guardar un buen recuerdo de la experiencia.

Habrá quien argumente que con cosas como éstas se pierden el misterio y el romanticismo. Habrá quien cante una oda a los poetas malditos que hacen rechinar los somieres de pensiones infectas. Habrá quien vea en estas iniciativas el fin de lo bohemio: ¡Tenían tanto encanto aquellos polvos de ascensor! ¡Perder la virginidad en el asiento trasero de un coche!

De pronto se suicidan muchos clichés hermosos de películas. Yo soy guionista, y pocas cosas nos ha hecho más daño a la hora de contar historias que, por ejemplo, la invención de los teléfonos móviles. Ahora cualquiera puede avisar a la Policía de que hay un asesino rodando la cabaña. ¿Qué hacemos? ¿Destruimos los teléfonos móviles para preservar el romanticismo de que Caperucita muera descuartizada porque la abuela no le puede mandar un WhatsApp?

Las pensiones marginales son románticas porque las sábanas no huelen en las pantallas de cine, ni en las páginas de los libros. El polvazo en el coche de Titanic, con los cristales empañados, es romántico porque lo vemos bajo los efectos del aire acondicionado de la sala.

Yo ya estoy cerca de cumplir los treinta y cinco. A estas edades prefiero que me lo pongan cómodo y bonito. Ya añadiré yo el romanticismo, a mi manera.

martes, 29 de octubre de 2013

A MÍ ME GUSTA EL CINE SOCIAL


Por ejemplo: Un camionero que quiere recuperar su camión secuestrado por la mafia china (rollo ladrón de bicicletas) y en el intento ayuda a una abogado feminista y a una periodista muy concienciada a desmantelar un negocio de trata de blancas.




A MÍ ME GUSTA EL CINE SOCIAL:

Por ejemplo: La historia de cómo la falta de subvenciones en el sistema educativo obliga a unos investigadores de la universidad a venderse al sector privado, con los riesgos económicos y los dilemas éticos que ello implica.




A MÍ ME GUSTA EL CINE SOCIAL:

Por ejemplo: Un anciano perteneciente a una minoría étnica de Estados Unidos que perdió a su familia en una guerra injusta apoyada por el imperialismo yankie, y que ahora intenta suplir al hijo que perdió ayudando a un huérfano de una familia desestructurada a afrontar sus problemas de bullying en el instituto.



 
A MÍ ME GUSTA EL CINE SOCIAL:

Por ejemplo: La especulación inmobiliaria amenaza las viviendas y la identidad cutural de una clase media que cada vez está más en peligro de extinción. Los "niños soldado" de esos barrios marginales tratan de conseguir dinero ilegal para ayudar a sus familias a defenderse de la opresión de los mercados. Para ello tienen que frecuentar lugares muy sórdidos, lidiar con la mafia y arriesgar sus vidas. Finalmente, fieles a las leyes del hampa, sólo podrán solucionar la vida de sus seres queridos con bienes de dudosa procedencia que deberán permanecer al margen de las inspecciones fiscales.



 
A MÍ ME GUSTA EL CINE SOCIAL:

Por ejemplo: Un pueblo oprimido, demonizado, sometido a un cruel exterminio por una sociedad que se ha encargado de deshumanizarlo mediante técnicas propagandísticas basadas en el miedo y en el lavado de cerebro.
No hagáis caso de la foto. Estoy hablando de "Starship Troopers".





TAMBIÉN ME GUSTAN LOS THRILLERS CHUNGOS ROLLITO HANEKE:

Por ejemplo: Una niñera de dudosa procedencia que droga a los niños para hacerlos más dóciles (a lo Madeleine) con la complicidad de un indigente que probablemente lo es porque también fue "cuidado" por ella de pequeño, iniciándose en el mundo del sexo y los estupefacientes. No contenta con ello, la niñera canaliza también sus ansias destructivas seduciendo al padre de los niños y provocando indirectamente que lo echen del trabajo. Por algún trauma relacionado con su pasado o alguna mierda freudiana, a esta loca le gusta convertir a los hombres en indigentes. Finalmente, la niñera se marcha de manera rápida y repentina para que las fuerzas de la ley no la atrapen.  

 

domingo, 20 de octubre de 2013

LO QUE NO NOS CUENTAN SOBRE LOS VIRUS


Los virus son un misterio. Tan rudimentarios que muchos biólogos se niegan a considerarlos seres vivos, pero al mismo tiempo tan complejos que ningún científico ha sido capaz de desentrañar todos sus misterios.

De hecho, los pocos investigadores que han estado a punto de esclarecer el enigma de la estructura del virus, de su funcionamiento... han muerto en extrañas circunstancias.

En parte porque conocer un virus ayudaría a curar las enfermedades que provocan, y al parecer eso no interesa.

Y en parte porque la estructura y el funcionamiento de estos seres microscópicos es la llave hacia un secreto escalofriante, con implicaciones bastante chungas.

Para explicaros a qué me refiero recurro a una fuente de información que todo el mundo conoce pero que nadie ser molesta en leer:

WIKILEAKS.

Seamos honestos. ¿Quiénes se han tomado la molestia de leerse todos los documentos de Wikileaks? Sólo unos pocos, y nunca les haremos demasiado caso, porque llegamos a la conclusión de que si alguien ha invertido tanto tiempo de su vida en algo así, debe de ser un PUTO LOCO.

Normalmente sólo conocemos de Wikileaks los resúmenes que nos ofrecen los medios de comunicación, o los líderes de opinión de internet. Ellos filtran ese torrente de información y nos cuentan sólo los "secretos" que les interesan.

Usan unos escándalos para eclipsar otros.

Una de esas muchas revelaciones eclipsadas tiene que ver con los virus. ¿Os acordáis de aquellos paranoicos que decían que el SIDA y el ébola habían sido creados por el gobierno? ¿Recordáis aquéllas teorías de que los documentos históricos están manipulados, que en realidad los virus no existieron hasta la segunda mitad del siglo XX?

Pues bien: Resulta que eso era sólo la punta del iceberg.

Voy a haceros (como si yo fuera uno de los grandes medios de comunicación) un resulmen de lo que se dice (y se prueba) en Wikileaks sobre los virus:

- Los virus son, por decirlo de un modo muy simplista, robots creados por el hombre. Pequeñas obras de nanotecnología, accionadas por control remoto desde ordenadores muy potentes.

- Cuando una persona enferma por culpa de un virus, no es algo accidental. Es una decisión que toman los grupos de poder que controlan estas máquinas microscópicas. Ellos dan la orden, y entonces los virus se activan dentro del organismo de esa persona (o grupo de personas) provocando la enfermedad.

- Salvo en casos relacionados con personas muy relevantes, la orden de activar cada virus no la dan directamente los poderosos, sino algoritmos informáticos programados de acuerdo con los planes a corto, medio y largo plazo de estos grupos de poder.

- En muchas ocasiones los virus reciben la orden de atacar para neutralizar a la población y hacerla más dócil. Si cotejáis las estadísticas de la OMS con los telediarios, notaréis que hay un notable aumento de las enfermedades víricas en víspera de elecciones, o cuando (por ejemplo) se preparan importantes manifestaciones de protesta (a menos de que se trate de manifestaciones organizadas secretamente por los grupos de poder, pero ésa es otra historia)

- En el resto de las ocasiones, los virus se dividen en dos tipos: 1) Los que están programados para atacar en estaciones del año concretas (creando rutinas cíclicas, claustrofóbicas que fomentan en la gente una mentalidad igual de clautrofóbica, resignada a parámetros rígidos) y 2) Los que están programados para hacernos enfermar de forma completamente aleatoria. (se trata de una técnica que inventaron los nazis: si administras los premios y los castigos de manera arbitraria y aleatoria, con independencia de cómo se haya comportado el sujeto, destruyes sus convicciones ideológicas, su fortaleza moral y su fe en que las cosas obedezcan a un sentido que las haga explicables. Los organismos de poder lo saben, y lo usan para crear una religión sin Dios)

- Estos "micro-robots" llamados virus no sirven únicamente para provocar enfermedades. También se usan para "espiar" lo que sucede en el interior de nuestros cuerpos. Qué comemos, qué ejercicio hacemos, qué nos excita, cómo reaccionamos fisiológicamente a la publicidad, los discursos políticos, los sueños... Los virus mantienen una conexión continua (y cada vez más sofisticada) con terminales de ordenador en las que toda esa información se almacena y se clasifica en bases de datos.

- Los virus no son el único ejemplo de ese tipo de nanotecnología en nuestras vidas. Hay dispositivos de vigilancia similares en casi todos los aparatos que tenemos en casa. Televisores, teléfonos móviles, microondas, ordenadores, routers... Un técnico podría desmontar y examinar cualquiera de esas máquinas sin encontrar nada sospechoso, porque hablamos de dispositivos del tamaño de un virus. Todo lo que hacemos en nuestros hogares es visto, escuchado y grabado. Cualquier cacharro que hayas comprado después de 1997 incorpora más tecnología avanzada de la que imaginas. Y no la usan sólo para espiarnos: Cuando lo estiman conveniente, esas nanomáquinas emiten ultrasonidos y ondas cerebrales capaces de provocarnos depresión, estados de ansiedad, adicciones, etc



Para comprender lo que he contado en toda su dimensión, necesitáis saber que me lo acabo de inventar. Nada de lo que he dicho es cierto o, si lo es, yo no tengo constancia de ello, o no tengo las pruebas. Mi intención era generar una realidad alternativa y hacerla coherente, verosímil (al menos en un primer vistazo sin análisis exahustivos) Para ello he manipulado ideas mías combinándolas con otros elementos que sí existen en la realidad, u otras teorías de las que sí se ha hablado de manera más masiva y continuada.

Me dedico a escribir, y creo que éste es un ejercicio que todo escritor debería hacer de vez en cuando: Imaginar que la realidad funciona con reglas diferentes a las que nos han contado e intentar encontrar explicaciones coherentes para rellenar cada hueco, cada punto débil en la argumentación.

Los psicólogos tienen un término científico para este tipo de comportamiento: Paranoia. Los escritores también tenemos un término para ello: Crear un buen universo para tu historia.

En otras palabras: Creo que todo escritor debería, por prescripción médica, inyectarse un poco de paranoia en las venas. De vez en cuando.

Recuerdo que hará unos diez u once años se me ocurrió un punto de partida para una novela: 

"En realidad los Gobiernos nos mienten. Todos los demás planetas de nuestro Sistema Solar están habitados. Estamos continuamente en guerra con marcianos, con venusinos, con habitantes de la Luna... y sólo unos pocos conocen estas verdades y luchan para mantenernos a salvo."

En aquellos tiempos no sabía yo que mucha gente sostiene una teoría similar a la que iba a contar en mi novela, y lo argumentan con (presuntas) pruebas, y hacen documentales, y dan conferencias.

Hay mucha gente buscándole la belleza conspiranoica a este mundo. Gente que sostiene que nuestro planeta es hueco por dentro y que sus entrañas están habitadas por otros seres. Gente que opina que nuestra sociedad está manipulada por seres extraterrestres de naturaleza reptiliana.

Ante este tipo de propuestas existen dos tipos de reacciones mayoritarias: 1) Tragárselo todito de manera irreflexiva porque "we want to believe" y 2) Ridiculizarlo todo, apartarlo de manera despectiva sin siquiera darle una oportunidad a esa información que se nos propone.


No voy a entrar aquí en qué hay de real en esas historia y qué hay de fábula. Para eso ya están los científicos.

Y yo no soy científico, soy escritor.

Sin ánimo de dogmatizar, creo que quienes nos dedicamos a contar historias deberíamos escuchar este tipo de cosas con el cerebro dividido: Una parte de nuestra cabeza con el escepticismo activado, buscando agujeros e incoherencias en el discurso... y otra parte de nosotros deseando que esa historia sea cierta, buscando en ella lo que tiene de belleza, de poesía...

Creo que un contador de historias desaprovecha gran parte de su potencial si no hace de vez en cuando el ejercicio de cuestionar lo obvio.

Creo que un contador de historias desaprovecha gran parte de su potencial si permite que lo racional subyugue y condicione su sentido de la maravilla.

Creo que un contador de historias desaprovecha gran parte de su potencial si no se molesta en encontrar las grandes verdades que se esconden en el interior de cualquier mentira.

Y cualquier teoría de la conspiración encierra verdades valiosísimas. Al margen de lo que sea o no real en ellas en un sentido literal, esas visiones "alternativas" de nuestro mundo lo explican mejor de lo que creemos. Nos informan sobre los anhelos que albergamos en nuestro interior, sobre cómo el inconsciente colectivo se ve en la necesidad de redefinir los arquetipos que estructuran nuestra manera de pensar y percibir.

Los antiguos paradigmas caducan y estamos construyendo otros nuevos. Y eso es mitología viva.

Estudiamos con veneración la mitología de los hombres antiguos, conscientes de las grandes verdades y las valiosísimas enseñanzas que se hallan encriptadas en dichos mitos, pero despreciamos la mitología del hombre actual, que adapta inconscientemente los antiguos símbolos a las realidades actuales; que busca una nueva magia porque la magia de antaño ya no le rima con el mundo de ahora.