miércoles, 16 de enero de 2013

¿TIRANDO PIEDRAS SOBRE MI PROPIO TEJADO?


¿Habías visto ya esta imagen con la que encabezo la entrada? Probablemente sí. En Facebook, en Twitter, cien veces. Igual que yo.

¿Por qué sucede lo que se cuenta en el cartel? ¿Por qué la gente es incapaz de gastarse en una obra de arte una cantidad de dinero menor que la que gasta todos los días en un café? ¿Por qué paga ese café sin rechistar y, en cambio, no recompensa de ningún modo algo que ha costado más tiempo, más esfuerzo, que dura más?

Yo reflexiono sobre ello y me viene a la memoria un chiste que escuché en una película cuyo título ni siquiera recuerdo:

"¿Por qué los perros se lamen las pelotas? ... ... ... ¡¡Porque pueden!!"

En mi opinión, ahí está la respuesta. La gente consume gratis las canciones, las pelis, los libros... porque puede. Y sin embargo paga por el café porque no puede conseguirlo gratis.

Así de sencillo.

Bueno, quizá no tan sencillo. Yo diría que existen un montón de matices. Para empezar, eso de que el café "se prepara en unos minutos" habría que preguntárselo a las personas que lo cultivan, que trabajan la tierra, que empaquetan (probablemente en jornadas de muchas horas diarias) para que esos granos de café puedan llegar hasta nosotros.

Por otro lado, no es del todo cierto que no paguemos por las canciones o las pelis cuando nos las descargamos gratis. Estamos pagando la electricidad que hace posible tener el ordenador encendido, estamos pagando la conexión a internet... probablemente hayamos pagado por el disco duro externo, el pendrive, el dvd virgen o el cable que conecte el portátil a la tele.

¿Quién sabe? A lo mejor hasta cabe dentro de lo posible - y de lo irónico - que en última instancia el dinero que nos gastamos en descargar y consumir obras de arte vaya a parar a las mismas empresas a las que, según el cartel inicial, "le costó centavos" tu café.

Si a todo ello le añadimos un chorrito de "caso Megaupload" y dos gotitas del "asunto Series Yonkis", yo al menos llego a la conclusión de que el problema no radica en que la gente no paque por consumir arte, sino en que está pagando de manera inadecuada y a la gente "inadecuada".

No voy a opinar aquí sobre las posibles causas y soluciones de este tema, porque ya hablé sobre ello en su momento, en este otro post.

Si he regresado al tema, es porque últimamente me encuentro con mensajes (como el cartel del inicio) que me impulsan a reafirmarme en un par de conceptos que, si mal no recuerdo, ya resalté en el post anterior:

1- Es difícil convencer a la gente de que pague por tu obra cuando obtenerla ilegalmente es mucho más fácil que obtenerla de manera legal.

2- Insistimos demasiado en la vertiente moral del asunto. En vez de tratar a nuestro público potencial como clientes, como gente a la que deberíamos persuadir... lo tratamos como a delincuentes a los que hay que adoctrinar, a los que hay que convencer de que están haciendo algo malo.

Y a nadie le apetece que le vengan con el Vacaciones Santillana.

Para terminar el post, hablemos de mendigos: Tras mucho observar a pie de calle, he llegado a la conclusión de que la gente da limosna con más facilidad a los mendigos que, en lugar de lamentarse, dar pena, exhibir sus taras... se acercan con sonrisas, con buen rollo, haciendo bromas...

Reaccionamos mejor cuando nos hacen sentir felices, en lugar de hacernos sentir culpables. No sé si eso es "bueno" o "malo", no sé si habla bien o mal de nosotros como civilización o como especie... pero es la puta vida.

viernes, 11 de enero de 2013

CONCLUSIONES TRAS ESCRIBIR UN GUIÓN DE MIERDA


Como algunos de vosotros sabéis, el lunes pasado lo invertí - desde las 10:00 a.m hasta la 1:00 a.m - en esta descabellada iniciativa, que finalmente consistió en escribir, en menos de 24 horas, un largometraje basado en esta premisa  ganadora, que me fue dada pocos segundos antes del pistoletazo de salida.

Fue una experiencia genial, y saqué de ella exactamente las conclusiones que buscaba:

- Cuando tienes un límite de tiempo tan absurdo, sabes que el resultado será una mierda. Por definición.

- Cuando la premisa que tienes que escribir en esas 24 horas te la imponen desde fuera (y en el último momento) no tienes tiempo ni ocasión de encariñarte con ella.

- Las dos conclusiones anteriores implican que el resultado final te va a dar bastante igual. No vas a invertir en ello más de un día, ni vas a tener que manipular esa idea de oro que siempre postpones, que siempre recluyes en un altar inaccesible porque la consideras "esa historia que quieres contarle al mundo y por la que quieres ser reconocido, recordado y demás chorradas por el estilo".

- En otras palabras: puedes relajarte. El resultado final ya no le va a importar a nadie, ni siquiera a ti mismo. Así que ahora puedes disfrutar del propio proceso de escribir. Pasártelo como un enano mientras creas, sin elitismos, sin autoexigencias, sin ortopedias profesionales. ¿Cuándo fue la última vez que te permitiste esa golosina? En muchas ocasiones, con el pretexto de que "hay que ser profesional", nos ponen la correa y el bozal. Nos extinguen ese fuego imprevisible, incontrolable que nos impulsó a dedicarnos a esto cuando ni siquiera teníamos idea de cómo funcionaba.

- ¡Y por supuesto que todo lo que hemos aprendido en nuestro camino hacia la "profesionalidad" es cosa útil! Las reglas están ahí por razones sensatas, valga la redundancia. Cuando escribes el guión en 15 horas, te das cuenta de que, a causa de ello, la trama tiene decenas de agujeros por los que hace aguas, y es ésa la mejor demostración de que: Si en la creación de guiones se atiende a ciertas técnicas y se invierte cierta cantidad de tiempo, joder... ¡es por algo!

- Pero escribir un guión de mierda en 24 horas es como cuando los perros comen hierba para purgarse y luego la vomitan en forma de amasijo verde. No es el menú ideal del perro. No es la manera en que el perro debe ser alimentado para crecer sano y fuerte. Pero de cuando en cuando es conveniente esa terapia, para que el perro se limpie por dentro, para que desaloje toda esa porquería inherente a su vida de perro.

- Y oye: Aunque el producto final sea una bazofia, lo habrás tecleado tan aprisa que por cojones podrás rescatar de su interior algunas perlas. Perlitas de honestidad, de diversión, de subversión... ¿Quién sabe? A lo mejor de repente te das cuenta de que tienes una historia que no va a ningún sitio, pero puedes obtener de ella esquejes que transplantar a otras macetas. O, en el improbable caso de que la historia resultante os merezca la pena toda ella, en su conjunto: ¡Felicidades! Ya tienes una primera versión. Chapucera, sí, ¡pero sólo has tardado un día en hacerla! ¡Y has esquivado las dictaduras del "debería estar estructurada así y tener este tono concreto y bla, bla, bla"! ¡Ahora sólo tienes que ir puliéndola con un poco más de tiempo y sensatez! ¡Ahora es el momento de decidir si a la historia le conviene acercarse más a las avenidas principales de lo ortodoxo, o si has descubierto carreteras secundarias más interesantes gracias a la brújula de tu propia inconsciencia!

Por último: 

Lo que más me ha gustado de esta iniciativa ha sido ver cómo algunos otros compañeros de gremio parecen haberse animado a intentarlo también. Me encantaría ver a más guionistas invirtiendo un día libre de su vida en escribir a toda hostia, escapando de sus propias ataduras. Y haciéndolo "porque sí".

¡Ilusión, joder! Recordar de vez en cuando por qué decidimos dedicarnos a esto.

Estoy sugiriendo por ahí la idea de repetir la iniciativa todos los 7 de enero, y que todos los guionistas (profesionales o no) que estén libres ese día se puedan sumar a la movida.

O incluso fijar fechas para hacerlo un día concreto de cada mes, y que en cada ocasión se unan a ello los guionistas que en ese momento estén disponibles y/o sin curro.

Comer un poco de hierba y vomitarla. Y así luego, cuando nos venga la ocasión de atacar menús más elaborados, o más sofisticados, seamos capaces de devorarlos con un apetito más sano y entusiasta.

martes, 8 de enero de 2013

Y AQUÍ TENÉIS VUESTRO GUIÓN DE MIERDA



Éste que véis encabezando la entrada es el tweet ganador de la iniciativa #juanjoimbecil, en la cuál declaraba mi intención de escribir un guión de mierda en 24 horas.

Al final he tardado 15 horas en escribirlo, y se nota. Es cutre, estúpido, grotesco, con una estructura descompensada y un montón de cosas más que harán que deseéis lincharme.

Pero confieso que me he divertido mucho escribiéndolo, y espero que vosotros (o por lo menos algunos de vosotros) os divirtáis también leyéndolo.

Así que, sin más dileción os dejo aquí el engendro, que ha pesado 70 paginitas (un largo muy corto, ya lo sé) y que, a falta de un título mejor, he bautizado como "GUIÓN DE MIERDA":

http://es.scribd.com/doc/119392347/GUION-DE-MIERDA

Muchísimas gracias a todos los que habéis apoyado esta iniciativa, proponiendo ideas, o dando ánimos vía Facebook y Twitter. ¿Quién sabe? ¡A lo mejor el año que viene se apunta más gente e inundamos la red con muchos más guiones de mierda!

POR CIERTO: Supongo que no hace falta decirlo porque es evidente. Ni siquiera he revisado lo que he escrito. El guión debe estar lleno de erratas, incorrecciones gramaticales, etc. Pero ése es el espíritu de la iniciativa. Pido perdón por anticipado.

jueves, 3 de enero de 2013

¡AYUDADME A ESCRIBIR UN GUIÓN DE MIERDA EN 24 HORAS!


Iré al grano:

Voy a enfrentarme al reto de ESCRIBIR UN GUIÓN DE LARGOMETRAJE EN 24 HORAS,

basado en EL TEMA QUE VOSOTROS DECIDÁIS.

¿Por qué?

Estoy a la espera de que me confirmen si seguiré teniendo trabajo o no. Se trata de uno de esos proyectos de "en breve te confirmamos si el proyecto sale o no adelante."

En estos casos, "en breve" pueden ser un par de días o un par de siglos.

Durante este incierto periodo de "stand-by" no quiero estar parado. Tengo otros proyectos apetitosos pendientes, pero se trata de asuntos que exigirían más de dos o siete días de concentración. No quiero arriesgarme a enfrascarme en ellos y que, de repente, mis obligaciones laborales me salten encima como un banner y me provoquen un "coitus interruptus".

Es por ello que he tomado una decisión imbécil:

A no ser que Murphy haga de las suyas, al mundo no le afectará demasiado que invierta UN SOLO DÍA en escribir un largo.

Y VOSOTROS ELEGIRÉIS EL TEMA O ARGUMENTO DE ESE LARGO.


¿Cómo funciona?

A partir de YA, todos vosotros estáis invitados a proponer cuál va a ser el tema o argumento del guión.

Podréis escribirlo en los comentarios de esta entrada o tuiteármelo a @ramirezmascaro con el hashtag de #juanjoimbecil

Ello implica que: Tendréis que describirme vuestra propuesta en menos de 140 caracteres.

Y en el caso de hacerlo en los comments del blog: Sólo daré por válidos los de aquellos comentaristas que se identifiquen con un mail o con una dirección de blog (en otras palabras: que supongo que podéis hacer trampas, pero no quiero ponéroslo fácil para que las hagáis)

¿Cuál será el tema elegido?

El que se repita más número de veces en vuestras propuestas. O, en caso de que ninguno se repita, EL ÚLTIMO EN SER PROPUESTO antes de que finalice el plazo.

¿Cuándo finaliza el plazo?

El 7 de enero de 2013 a las 10:00 a.m (hora canaria, porque a mí me pillará en Canarias)

(y porque los guionistas somos gente vaga y comodona, y es habitual que iniciemos nuestra jornada de trabajo sobre las diez de la mañana)

Eso quiere decir que tenéis casi cuatro días para pensar qué guión queréis encargarme: Casi tres veces más tiempo del que yo pretendo invertir en escribirlo. (dicha proporción entre lo que tardan los peces gordos en decidirse y lo que tardan los guionistas en escribirlo, aunque algunos no lo crean, es bastante fiel a lo que suele suceder en los proyectos "serios")

El día 7 de enero a las 10:00 a.m (hora canaria) comprobaré cuál es el tema más repetido o en su defecto, cuál es el último propuesto... y a partir de ese momento tendré 24 horas para escribir un largo basado en ello.

Cuando den las 10:00 a.m del 8 de enero, lo haré público en la red, tal y como esté, sin trampa ni cartón, sin revisarlo siquiera.

¿Qué entendemos por largometraje?

Oficialmente se considera largometraje todo aquel engendro que de manera cinematográfica narra una historia en más de 60 minutos. Aunque yo intentaré que éste dure un poco más: entre 70 y 90 (lo cuál implicará un entrañable detrimento de su calidad)

¿Qué pasará con ese guión resultante?

Yo PROMETO jugar limpio, respetando los plazos y no anticipando movimientos... y eso quiere decir que el guión resultante será UNA PUTA MIERDA. Pero una puta mierda muy honesta. No tendré tiempo de pensármelo dos veces antes de teclear cualquier aberración, y nadie tendrá tiempo de censurar lo escrito, ni siquiera yo mismo.

Y ESA PUTA MIERDA SERÁ DE DOMINIO PÚBLICO.

Todo aquél que lo desee tendrá permiso para rodarlo o adaptarlo a cualquier formato (peli, libro, cómic, videojuego, espectáculo de mimos, partida de rol, prospecto de medicamento)

Cederé los derechos sobre el guión gratuitamente (a menos que queráis invitarme a una cerveza)

Y en el más que probable caso de que más de mil personas deseen rodar este guión a la vez, ¿qué problema hay? Siempre hay más de mil personas adaptando Hamlet al mismo tiempo, y si lo hacemos con Shakespeare, ¿por qué no lo íbamos a hacer con una puta mierda parida en 24 horas?

Consideraciones finales:

Pues eso, que si os animáis a proponer temas, tenéis desde ahora mismo hasta las 10:00 canarias del 7 de enero. Podéis usar vuestra propuesta para hacerme putadas (ponérmelo difícil, obligarme a tratar temas estúpidos...) o para incitarme a escribir ese tipo de peli que siempre quisísteis ver y que nadie en su sano juicio se atrevió a escribir.

Por último, os vuelvo a recordar las dos vías que tenéis para proponer los temas:

- Comentando en esta entrada, debidamente identificados.

- O tuiteándome a @ramirezmascaro con el hashtag #juanjoimbecil


domingo, 9 de diciembre de 2012

¿QUÉ ES ESCRIBIR?





¿Qué es escribir? ¿Y tú me lo preguntas? No, te lo pregunto yo. Garrapatear la lista de la compra para ediciones "el imán de la nevera" (media de huevos, lechuga, cuatro puerros) ¿Es escribir? Mandar ese sms... ¿es escribir? Y mandar ese otro - cambian los modos, cambia el destinatario - ¿es escribir? Encerrarte con otras cinco personas exponiéndote a pizarras, a despachos de luces fluorescentes y retorcerte las neuronas con ademanes de estrujar un trapo para encontrar soluciones propias para problemas ajenos, ¿es escribir? Domar tu ingenio - o esa especie de sucedáneo convincente que lo suple - al servicio de personas que te dicen lo que quieres, ¿es escribir?

¿Es escribir contemplar con ojos derrotistas, impasibles, cómo las letras se despeñan hacia el folio y se estampan en él en cualquier sitio, de cualquier manera, sin tener siquiera la decencia de desangrarse a causa del impacto? ¿Es escribir organizar el andamiaje con precisión de autopsia, con cirujía de ingeniero, armar un híbrido de columpio de parque y potro de tortura donde los niños al jugar se quedan parapléjicos, donde las avalanchas se pierden en laberintos técnicos, dan mil vueltas, se marean, se diluyen y se divorcian de su razón de ser; donde extirpamos la pasión de la ecuación para limpiarla un poco, para imprimirle un "look" profesional, donde nos conformamos con - comida de hospital - que el resultado tenga sentido, o lo aparente? ¿Es escribir tatuar en el papel una única letra, sólo una, pero con tantas ganas, tanto mimo que uno podría recorrer sus curvas y oler el mundo entero?

Llevo quince años dedicándome conscientemente a eso de escribir y aún no sé a ciencia cierta en qué coño consiste, pero vislumbro una respuesta. Creo que escribir es una alergia al hecho de que en la Realidad hay algo que chirría. Creo que escribir es un ataque - muy en defensa propia - a cómo son las cosas. Los más ambiciosos escriben para cambiar la Realidad. Otros escriben en un intento temerario de entenderla y - aún más temerario - ayudar a comprenderla a sus lectores. Los hay que ni una cosa ni la otra, arquitectos que escriben con la esperanzar de reinventar la Realidad, partiendo desde cero.

Quizá haya tantos tipos de escritores como maneras hay de reaccionar al hecho de que la Realidad no es todo aquello que nos prometieron que sería. Quizá la escritura es un bastón, es una prótesis que necesitamos para poder caminar sin tropezarnos a través de los accidentes geográficos de la verdad desnuda; una prótesis que nos ayuda a redondear nuestro contorno, para encajar a duras penas en el puzzle.

Es posible que algún día, cuando la Realidad no nos presente tantos problemas, cuando todos sepamos entenderla, es posible que entonces... escribir ya no sea necesario.

Por eso algunos otros escribimos como si quisiéramos seguir jodiendo el mundo, como si no quisiéramos verlo nunca sano. Le ametrallamos las cicatrices a golpe de teclado, e infestamos nuestras frases con la mierda más incómoda para clavarlas donde más le duele. No lo hacemos porque queramos, quizá ni siquiera porque nos apetezca. Lo hacemos porque no sabemos hacerlo de otra forma. Y - ¿quién sabe? - a lo mejor "no saber hacerlo de otra forma" también es escribir.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

HAY QUE QUERER A NATALIE: CÓMO ADAPTARSE AL HECHO DE ADAPTAR.


Llevo horas dándole vueltas al guión en el que curro ahora. Está siendo quizá el encargo más complicado al que me he enfrentado desde que me dedico a esto.

Me vengo al blog buscando una tregua, un tiempo muerto, un desahogo durante el cuál las ideas se ordenen bien en mi cabeza y me permitan continuar con el tema, porque las ideas, en ocasiones, son así: como esas mujeres de las pelis antiguas que necesitan que dejes de mirarlas durante un rato para poder vestirse y desvestirse frente al tocador.

Debería aprovechar estas horas del mediodía para almorzar, y no para esta mierda, pero bueno... siempre me ha parecido demasiado aburrida la palabra "debería".

El proyecto que me ocupa es complicado por varias razones, y es una de ellas la que me motiva a escribir este post:

Se trata de adaptar al cine una novela de un escritor bastante prestigioso.

Y no es precisamente un libro que te lo ponga fácil. ¡No! Está repleto de poesía, los temas cruciales se localizan al primer vistazo... pero carece de estructura narrativa, hablando en términos ortodoxos. De hecho, cuando intentas hacerla encajar en una estructura clásica, la historia se defiende a base de arañazos y mordiscos, como un gato que lucha porque lo quieres meter en la bañera.

Existe, además, otro factor que complica las cosas aún más si cabe, una vuelta de tuerca:

La novela en cuestión narra cosas que sucedieron en la vida real.

Y la realidad es sucia, caótica... los árboles no crecen con formas geométricas, hay que podarlos... y duele ser el jardinero encargado de hacerlo. Si te dedicas a los jardines, es fácil presumir que te gustan los árboles. Y uno se siente mal cuando tiene que amputarle extremidades a un ser al que ama.

Lo comentaba ayer en Twitter: A veces escribir sobre hechos reales es como intentar ordenar el interior del camión de la basura.

Muchas veces, en algunos blogs de guión, me invade una sensación de hastío cuando empiezan a disertar sobre adaptaciones de novelas o de historias basadas en hechos reales. "¿Otra vez hablando de lo mismo?" Ahora que tengo que pasar por este quinario, me acuerdo de esos posts y los considero compañeros de fatiga. Me gustaría tomarme unas cervezas con esos posts, compartir nuestras miserias.

Últimamente he tenido que viajar más de lo que quisiera, así que he hecho algo - de manera intuitiva - para intentar aclararme en estos temas: Invertí los viajes de avión en leerme la novela en la que se basó una de mis pelis favoritas; una peli de las que no se prestan a estructuras ortodoxas:

ALTA FIDELIDAD.



Es algo que no hago casi nunca: Leerme la novela después de haber visto la película. Pero ya había leído otro par de obras Nick Hornby, y soy muy fan.

Evidentemente, he leído el libro con un chip raro activado en la cabeza, muy ocupado deduciendo cómo pudo transcurrir el proceso de adaptación: ¿Qué cosas incluir, cuáles dejar fuera, cuáles conservar pero cambiándolas de lugar? ¿Aprovechar algunos momentos estelares pero atribuyéndoselos a otros personajes? ¿Quitar peso específico a esto y añadírselo a aquello otro? ¿Convertir las palabras del narrador en diálogos de los personajes?

Ya he leído entera Alta Fidelidad. La terminé en algún punto indefinido entre Nápoles y Milán, enlatado en un avión. Y he de decir que me parece maravillosamente adaptada: Funciona como peli y transmite de manera muy fiel el espíritu de la novela. No he indagado acerca de lo que opina el señor Hornby al respecto, pero creo que debería sentirse realmente orgulloso de que hayan adaptado su obra con tanto cariño, y con tanta eficiencia.

Creo que es algo que necesariamente le pesa a cualquier guionista que adapte: Que el autor original esté contento, que entienda (o como mínimo acepte) las decisiones drásticas que hay que tomar a veces para convertir el papel en celuloide.

En mi caso concreto, el autor está muerto. No sé si eso significa menos presión o todo lo contrario. El largo anterior que escribí ("The other side") también se basaba en la obra de un autor fallecido, y fue bastante duro. Como me decía ayer una persona muy cercana, últimamente en todos los proyectos en los que curro hay un muerto en el equipo.

Si bien he disfrutado muchísimo la novela, la he leído con una sensación extraña. A ratos, en lugar transportarme a la tienda de discos, al piso de Rob, a la iglesia del funeral... me transportaba a las reuniones que debieron tener los guionistas para tomar cada decisión sobre la peli. Me los imaginaba allí, en un despacho o en una cafetería, a Cusack, a Rossenberg y a los otros dos, discutiendo sobre cada decisión, emocionándose para venirse abajo a los dos minutos, teniendo diálogos de besugos sobre si perdonarle o no la vida a cada renglón de la novela, llegando a conclusiones que se pasarían por el forro en la siguiente jornada.

En la peli de Stephen Frears - ahora me doy cuenta - hay muchísimas frases textuales sacadas directamente de la novela. Son momentos maravillosos. Pero me imagino a los guionistas tratando día a día con esas perlas literarias y perdiendo la perspectiva, empachándose de ellas, aborreciéndolas.

Es uno de los grandes peligros de trabajar en un guión durante demasiado tiempo:

Empiezas a dar la poesía por sentada.

Es como si te vas a vivir con una chica de la que te enamoraste. De repente la ves todos los días, se convierte en rutina, recuerdas qué era lo que te apasionaba de ella, pero de alguna manera ya no lo sientes en las vísceras.

Cuando trabajas con un material durante demasiados días (o demasiadas versiones) se convierte en eso: En una novia que ya no te produce cosquillitas en las tripas. (Curiosamente, de eso va, en gran medida, la trama de Alta Fidelidad)

¿No os ha pasado alguna vez, eso de ver a un tipo con una chica maravillosa (o viceversa) y pensar que ese gilipollas ya se ha olvidado de la suerte que tiene de tener a alguien así tan cerca? ¡Ni se molesta en cuidarla!

De repente, imaginando las reuniones que debieron de tener los guionistas para parir la peli de Alta Fidelidad me los imaginé así: Manipulando perlas de poesía con la frialdad del cirujano. Esto lo colocamos aquí, esto lo colocamos allá. Es una actitud necesaria, una defensa natural, una manera de no perder tiempo innecesario y valiosísimo.

Estoy seguro de que muchos de los diálogos que más te conmueven en Alta Fidelidad, para los guionistas, mientras trabajaban, acabaron siendo pura mercancía. Se enamoraron del proyecto gracias a ellos, pero meses después todo se reducía a mecanicismo, a operaciones automáticas, a fardos que había que transportar de un lugar a otro de la trama.

Es como si tienes a Natalie Portman para aportar belleza a tu local y empiezas a comerte la cabeza sobre si quedará mejor junto al mostrador, junto a la puerta, junto a los baños... Llega un momento en el que te olvidas de que estás manipulando a Natalie Portman. La elegiste por su belleza, por su encanto, por su magia, pero ahora la desplazas como un trozo de carne, la cosificas. Todos se quedarán prendados cuando entren en tu local y la vean allí. Una parte de ti lo sabe, y sabe que la chica lo merece, y sabe que haces lo que haces precisamente por y para eso. Adorabas a Natalie. Por eso decidiste embarcarte en ello. Pero luego vienen las complicaciones y las prisas y el perder el norte.

Y es lo que yo saco en claro de todo esto: Cuando te sientes perdido en el proyecto, cuando te aburre el laberinto en el que te has metido, hay que pararse, hay que recordar lo que sentiste la primera vez que leíste ese material... hay que recordar qué cojones lo hacía tan especial antes de que tuvieses que cosificarlo en defensa propia...

... hay que querer a Natalie.


lunes, 19 de noviembre de 2012

LA TOS.



Estoy en mi isla visitando a la familia, y todos nos hemos puesto enfermos. Somos víctimas de ese virus cuyo efecto no sabría si catalogar como "gripe floja" o "catarro fuerte".

El otro día estuve viendo una peli con mis padres. Yo la disfrutaba por segunda vez, y recordaba perfectamente cuáles eran los puntos cruciales de la trama. Es como ver un partido de fútbol sabiendo de antemano en qué minuto meten cada gol.

Se trataba (es importante aclararlo) de una de esas pelis a las que hay que prestar cierta atención para "no perderse".

Mi padre, en su enfermedad, atravesaba ya esa fase tan jodida de las toses, y cada vez que tosía llenaba la habitación con su tos. No podías escuchar ninguna otra cosa. La tos eclipsaba los diálogos de la película durante varios segundos.

Yo me ponía nervioso, no sólo por ver a mi padre pasarlo tan mal, sino también porque a veces, con las toses, se estaban perdiendo información importante para entender la película. Giros importantes en la trama, datos significativos sobre los personajes.

"No se van a enterar de la peli", pensaba yo. "No entenderán el final".

Me equivocaba.

La entendieron perfectamente, a pesar de haber sustituido con un estruendoso cof, cof, cof aquellos tramos que yo (y probablemente cualquier otro guionista) habría considerado "momentos clave".

De repente, encontré en aquella tos una lección de humildad. Estaba allí para demostrar hasta qué punto ciertas cosas que a los "profesionales" nos parecen cruciales desde un punto de vista narrativo... daban exactamente igual. Las escenas que enmudecían bajo aquella tos habían sido probablemente el fruto de horas y horas de discusiones frente a una pizarra, de diálogos de besugos, de intercambios de mails, de probar mil alternativas, dar mil vueltas, reescribir diez versiones en diez colores diferentes.

Si tradujésemos a euros y a neuronas lo que cuesta en una peli cada hora, cada minuto de un guionista, allí estaba aquella tos impertinente mostrándonos (casi con ironía socrática) hasta qué punto se había derrochado energía, tiempo y pasta de manera tan fútil y accesoria.

Aquella tos supuso un golpe demoledor, pero también una liberación. Supuso confirmar, una vez más, que ni las consecuencias son tan drásticas ni los espectadores son tan tontos.

Con tanta teoría, con tanta obsesión por la estructura, a veces tengo la impresión de que no construimos tramas, sino máquinas. Una especie de ingeniería de lo invisible, pretenciosa y tiránica. Y por supuesto que la estructura es importante. Por supuesto que es útil la teoría.  Pero a veces vienen bien estos recordatorios de que la nuestra es, en todo caso, una ciencia inexacta que tiene como destinatario a un sujeto imprevisible.

He hablado de la tos, aunque podemos entender esa tos como metáfora de otras muchísimas cosas. En otras ocasiones la interferencia será de otra índole: Habrá quien no escuche (o no quiera escuchar) tu "momento clave" por discrepancias ideológicas, por enamoramiento, por ideas preconcebidas acerca de lo que está viendo, por etcétera...

Si, por ejemplo, os hubiese dicho desde el principio que la película que estuve viendo con mis padres era Luces Rojas, algunos de vosotros no habríais entendido la mitad de este post porque habríais estado más pendientes de vuestro propio ataque de tos: "Es que el cine español..." "Es que los de las subvenciones..." "Es que el Rodrigo Cortés..." "Es que teniendo a Robert De Niro en lugar de a Resines..." "Es que tampoco hace falta atender tanto para entender esa peli porque yo soy mú listo y bla, bla, bla..."

La tos. Poniéndonos en nuestro sitio, y acaso susurrándonos con su estruendo que es todo tan importante que nada tiene importancia en realidad.