domingo, 25 de diciembre de 2011

CHIMPANCÉS QUE TECLEAN


La foto que encabeza estas palabras es del nuevo blog de Alby Ojeda. Un blog que ya se echaba de menos en el cyberespacio, y que a partir de ahora encontraréis en los enlaces de la barra lateral:

Skip Intro.

Porque tiene la osadía de centrarse en un terreno inexplorado: Guión de videojuegos. Sí. Lo han oído bien. GUIÓN (de videojuegos). ¡Seguidlo de cerca y seréis mucho más felices!

Le he tomado prestada la foto del chimpancé porque, además de apetecerme publicitar esa iniciativa, el concepto del chimpancé tecleando me viene de perlas para ilustrar lo que quiero contar hoy.

Es bien sabido que los que tenemos la suerte de vivir - o sobrevivir - de la escritura tendemos al victimismo fácil. Todo nos parece injusto, nunca nos sentimos lo suficientemente valorados. Ensalzamos la importancia de nuestro trabajo sin que nadie nos lo haya pedido, siempre de forma agresiva, caústica, como "a la defensiva".

Yo, por mi parte, intento no caer en esa dinámica. Por mucha mierda que haya que tragar en esto de la escritura, trato de recordarme a mí mismo que al menos me pagan (poco) por dedicarme a lo que más me gusta. Y seamos sinceros: Escribir es más llevadero que cargar cajas de pescado en un muelle o sacos de cemento en una obra o fusiles en Afganistán.

Sólo se me ocurre algo realmente "duro" inherente al proceso de escribir: La carga emocional que uno tiende a volcar en lo que hace. Escribir es como traer un hijo al mundo y luego observar cómo lo arrastran por el fango o cómo es devorado por alimañas carroñeras. Y esto es especialmente jodido cuando hablamos de escritura de guión. En esos casos, la criatura suele acabar manoseada por demasiada gente. Gente que en muchas ocasiones carece de criterio, o necesita opinar "por sistema" para justificar un puesto de trabajo que ni siquiera debería existir.

Creo que para sobrevivir en el mundillo de la escritura hay que aprender a "cambiar de chip". Saber pasar de "modo autor" a "modo trabajo por encargo" con un simple click. Como si tuviésemos una termomix en la cabeza.

¿Funciona? Bueno... más o menos. En realidad uno no puede evitar un mínimo de implicación emocional incluso cuando la termomix mental está en "modo mercenario". Una tendencia incurable a aportar un poquito de cariño, una inercia a "hacer las cosas bien". Pero ahí está la gentuza mencionada más arriba, obligándote a hacer las cosas mal por razones a cuál más indigna.

El resultado se traduce en frustración, en sensación de traicionarse a uno mismo o en esa pregunta escalofriante que siempre te visita, por mucha experiencia que lleves acumulada: "¿Y si esos tipos están en lo cierto y soy yo el que no tiene ni puta idea de esto?"

En mi opinión, las crisis de autoestima que genera este trabajo son más chungas que las asociadas a otras actividades laborales. Y es que hablamos de un trabajo donde el concepto de éxito es algo tan subjetivo, tan difícil de definir y de medir...

Esta peculiar naturaleza de la escritura da lugar a dos topicazos. Y posiblemente esos dos tópicos son el motivo que convierte a los escritores en victimistas mezquinos, siempre "a la defensiva". ¿Cuáles son?

a) Escribir no es un trabajo de verdad.

b) Escribir es algo que puede hacer cualquiera.

Muchos de vosotros pensaréis que exagero, pero os aseguro que esas dos sentencias nos persiguen allá donde vayamos.

Lo primero puede deberse en gran medida a la naturaleza inmaterial del proceso de escritura. Aunque el resultado final se plasme en un trozo de papel, la mayor parte del trabajo consiste en pensar. Y a la gente, lo creamos o no, le cuesta aceptar que la acción de pensar pueda ser algo productivo. Somos el resultado de una serie de revoluciones intelectuales que nos han legado un montón de cosas maravillosas, pero que acaso han traído consigo cierto daño colateral: El culto a lo material.

Si antaño se veneraba al anciano que contaba las historias junto al fuego al resto de la tribu, hoy día el "cuentacuentos" es una figura a la que nos cuesta respetar. Creo que en parte se debe a que la gente ha olvidado la utilidad "mágica", casi religiosa inherente al arte de contar historias. Pero éste es un tema que merecería una entrada aparte.

¿El resultado? Que muy pocos estarán dispuestos a asumir que tú, escritorzuelo, estás trabajando cuando sales a dar un paseo para ordenar las ideas en tu cabeza, o cuando escuchas a la gente desde la barra de un bar y tecleas cada dos por tres en tus notas del Iphone (sucesoras del moleskine en gente de nuestra calaña). Y del mismo modo, pocos admitirán que unos guionistas están siendo productivos cuando se asomen a una sala de trabajo y vean a seis personas en silencio, dándole vueltas al tarro o, en el mejor de los casos, hablando sobre cosas.

Pensar no es un trabajo.

No para la mayoría de la gente. Muchos te dirán que por supuesto que lo es. Te lo dirán con la misma convicción con la que afirman que la mejor programación es la de "La 2", o que no les importaría tener un hijo gay.

En el mejor de los casos, estamos dispuestos a admitir que el escritor está currando cuando le vemos sentarse frente al ordenador y teclear. Eso parece trabajo de oficina, puede colar. ¡Eh! ¡Un momento! ¿Cómo? ¿Que algunos teclean en pijama? Eso ya es más jodido.

(por cierto, esta entrada la estoy tecleando en pijama)

Y luego está lo otro: La creencia generalizada de que escribir es algo que puede hacer cualquiera.

Coño, es cierto que ya no estamos en la Edad Media. Hoy día - a pesar de la ESO - cualquiera es capaz de juntar un par de letras y de comunicarse con ellas. Eso es algo maravilloso y, desgraciadamente, no es tan común en otros países del planeta.

Pero cuando hablamos de "escribir" como oficio, nos referimos a algo más.

Yo siempre lo comparo con jugar al ajedrez. Cualquiera sabe jugar al ajedrez, pero muy pocos saben JUGAR al ajedrez. Es muy sencillo aprender que la torre se mueve en línea recta y que el alfil ataca en diagonal. Pero usar esa torre y ese alfil para ganar una partida contra Kasparov - o contra el nivel principiante de cualquier ordenador - ya no es tan fácil.

Tampoco pretendo ir de nazi con ese tema. Me considero muy poco elitista. No hablamos de estudiar ingeniería, joder. No creo que haga falta aprobar una carrera para aprender a escribir. Hay mil maneras de llegar a ello. Un autodidacta de la escritura puede suplir mil carencias técnicas a base de esfuerzo, intuición, empatía. No hay reglas inamovibles, y me parece precioso que no las haya.

Peeeeeroooooooo...

... eso no significa que lo pueda hacer "cualquiera". ¿Cuántas veces habré oído a productores decir eso de "lo podría escribir yo mismo, pero no tengo tiempo"? ¿Cuántas veces habré visto a directivos o directores cambiar a capricho cosas de un guión sin plantearse la posibilidad de que esas cosas estaban ahí por alguna razón?

No me imagino a un capataz cambiando los planos del arquitecto sobre la marcha y decidiendo así, a la ligera: "Esta columna no la vamos a poner, que vamos mal de tiempo."

- ¡Eh! ¡Que sin esa columna el edificio se viene abajo!

- Bah, estos arquitectos, qué pesaos son...

Pues un buen guión no se diferencia en exceso de un plano de arquitectura. Los guiones bien construidos son sistemas solidarios, con todos sus elementos interelacionados. Y si les quitas una columna así, a capricho, se vienen abajo.

TRANQUILOS, YA ME QUEDA POCO PARA TERMINAR.

¿Y sabéis qué otra cosa, en mi opinión, contribuye a que todo el mundo "se crea guionista"?

El puto Microsoft Word.

A día de hoy, es muy normal que sigan obligándote a escribir los guiones en Word. Nuestra herramienta de trabajo es la misma que utiliza cualquier hijo de vecino para escribir una carta, o para imprimir un cartel de "AY MENU HESPECIAL DEL DIA".

En un mundo tan "de las apariencias" como el nuestro, si tu trabajo se puede hacer con el Word resulta lógico que incluso el puto clip del Word se sienta con derecho a opinar a la ligera.


Hola, parece que está usted escribiendo un guión. ¡Dale una vuelta! E incluye esta anécdota divertidísima que me pasó el otro día.

Creo que hay software específico para escribir novelas. Yo no lo uso. Pero en guión sí me gusta trabajar en CELTX (si nadie me ordena lo contrario).

CELTX, Final Draft... son muy útiles, pero no solucionarán este problema. Demasiado fáciles de usar. No son un Autocad. Si el sobrino de tu cliente ha aprendido a usar el Photoshop y el Paint para hacer ese horrendo logotipo, tarde o temprano aprenderá a usar el CELTX.

Yo propongo diseñar aparatos que nadie entienda. Que sean muy "materiales". Un conglomerados de palancas, cables, indicadores que midan cosas raras. No servirán para nada, pero la gente no tiene por qué saberlo. Será un secreto dentro del gremio. Al más puro estilo masón. A este aparato de aquí lo llamaremos "estructurador de tramas". La gente nos verá accionar palancas y regular válvulas mientras pensamos en nuestra historia.

"¡Mírale cómo trabaja", diran. "Qué complicado es esto de hacer guiones."

Y esa máquina de ahí es un "establecedor de tono".

"Le estoy pagando un dineral a este guionista, pero claro... es que él aporta su propio establecedor de tono, y no hay nadie en esta productora que sepa usar un trasto de ésos."

jueves, 22 de diciembre de 2011

ESTRENAMOS WEBSERIE



¿Qué clase de imbécil estrenaría una webserie con el capítulo "especial Navidad"?

Nosotros.

Os invito a ver (e incluso a propagar como la peste) este primer webisodio de OBI: EL ÚNICO GATO QUE NO SE COME UNA ROSCA EN INTERNET.

Dirige Norberto Ramos del Val.

Escribimos Fco Javier Sánchez Donate y yo.

Y dando la cara, el gran ObiWan:

martes, 20 de diciembre de 2011

MISIVAS DESDE EL MÁS ALLÁ


Hoy pienso ser muy breve, para compensar la cháchara interminable del otro día (bueno, y porque tengo que trabajar)

Tan sólo compartir con vosotros uno de esos CONCEPTOS ABSURDOS que me vienen a la cabeza de vez en cuando.

Seguro que os lo habéis planteado alguna vez: Cuando alguien muere, ¿qué pasa con su mail? ¿Qué ocurre con su facebook? ¿Se quedan ahí, como mansiones abandonadas en el limbo del cyberespacio? ¿Se convierten en cementerios virtuales?

Ahora imaginad que fallece alguien a quien queréis muchísimo. Una de esas pérdidas dolorosas, irreparables. Y esa persona amada, después de muerta... te sigue escribiendo mails. O al menos eso crees las dos o tres primeras veces.

Pero no.

Es un puto virus. Uno de esos virus que hackean las cuentas de mail de la gente y las utilizan para enviar spam a toda nuestra agenda de contactos. Seguro que todos habéis sufrido ese incordio.

Imaginadlo.

Podría ocurrir, ¿no? Un virus que posee el cadáver virtual de la persona amada. Su mano muerta enviándonos spam desde el más allá.

Una dirección de mail zombie.

Porque así funcionan los zombies contemporáneos - los infectados -. Un virus que se cuela en algo muerto y lo pone en movimiento y le obliga a hacernos una visita de las que duelen.

domingo, 18 de diciembre de 2011

ROCKY CAMINA A SU RITMO


Intentando retomar el blog. ¿Por qué? Bueno, resulta que a veces a uno le nace explicar cosas cuyo desarrollo no cabe en un tweet o no queda bien en un estado de Facebook. Normalmente escupo esa clase de reflexiones en conversaciones con amigos dispuestos a soportarme, cerveza en mano.

Ahora, no obstante, me hallo a unos 2000 kilómetros de distancia de los amigos que suelen aguantar mi palabrería. Quizá por eso me tenéis aquí, actualizando el blog, cerveza en mano.

Dejémonos de cháchara:

AYER VOLVÍ A VER ROCKY.

No me dedicaré a ensalzar aquí lo grande y lo tierna y lo emocionante que es la primera entrega de Rocky. No me demoraré considerádola paradigma de la épica y la superación personal. Porque eso se da por hecho. Como diría Bruce Willis en El último Boy Scoutt: "El cielo es azul, el agua moja y Rocky es un peliculón".

Lo que me llamó la atención en el visionado de ayer tiene que ver con estructura de guión.

¡No, no os vayáis! ¡Es un tema apasionante! ¡Os lo prometo!

Qué cojones... Tenéis razón. Es un coñazo. Largaos a hacer algo últil.

Para los que despreciáis a priori una peli como ésta por ser de boxeo y porque la protagoniza Sylvester Stallone, os recuerdo que hablamos de un largometraje que gano el Oscar a la mejor película y al mejor director. Una peli en la que el propio Stallone fue doblemente nominado al Oscar a mejor actor y al Oscar a MEJOR GUIÓN.

La peli seguiría siendo igual de buena sin todos esos premios. Muchas lo son. Pero es una buena carta de presentación, ¿verdad?

Regresemos al tema de la estructura.

Para los que no estéis familiarizados con el tema (que en este blog, gracias a Dios, sois muchos... o érais muchos. A estas alturas ya no quedará nadie por aquí) haré un burdo resumen sobre cómo se suelen estructurar los guiones según la visión "clásica", "académica", "ortodoxa".

(Los que ya os sabéis esa mierda, podéis saltaros la explicación y retomar la lectura cuando veáis la palabra "bukake" escrita en mayúscula y en rojo - de ese modo atraeremos a más lectores hacia el blog -)

Según los cánones conservadores una historia, para funcionar de manera efectiva, tiene que pasar por varios "puntos clave". Esos puntos son:

El detonante: Acontecimiento que, con sus implicaciones, pone en marcha la trama (a un chaval le regalan un mogwai, unos terroristas se cuelan en la torre Nakatomi...)

El primer punto de giro: Momento en que algo saca al protagonista de su rutina, de su status quo y lo implica de lleno en la historia que estamos contando. Puede tratarse de un suceso que afecta al prota y le obliga abandonar su comodidad, o puede (suele) tratarse de una decisión que toma el prota porque en el fondo no está satisfecho con su vida. Porque tiene "asignaturas pendientes".

El midpoint: Este punto algunos lo esgrimen y otros lo rechazan. Yo cada vez estoy más convencido de su utilidad. Ayuda a estructurar con más facilidad ese caos que en narración se conoce como "el puto segundo acto". El midpoint - o punto medio - consiste en hacer que suceda algo importante más o menos a la mitad de la peli. Algunos (Blake Snyder) dicen que ese suceso debe suponer un "falso triunfo" o un "falso fracaso" para el prota. En otros casos - y en otros géneros - he observado que a mitad de peli sucede "lo que mola". Es cuando nos cumplen esa promesita que nos ha motivado a ir al cine (los dinosaurios de Parque Jurásico se escapan, aparecen los gremlins malos, vemos a los bichos de Aliens en todo su esplendor)

El segundo punto de giro: Es la antesala del "clímax". Ese término sí que más o menos lo dominamos todos, ¿no? Y suele llegar tras lo que, por razones obvias, se conoce como anticlímax. Vamos, que normalmente el prota llega a este punto hecho una piltrafa - física o emocionalmente - y toma una decisión clave para arreglar su conflicto demostrando que gracias a toda esta aventura ha aprendido muchas cosas y se ha transformado y toda esa mierda.

Tras ese segundo punto de giro viene el clímax, ya sabéis... ese momento de intensidad emocional, o esa persecución, esa gran batalla final, ese juicio en el que el prota debe ser declarado culpable o inocente, ese Daniel San haciendo la grulla (por citar otra peli de G. Avildsen) y después... la resolución o desenlace. Las cosas vuelven a su cauce y si el narrador ha sido un niño bueno, el prota habrá sufrido una transformación, a mejor o a peor.

No quiero extenderme demasiado en todo esto, porque ni siquiera es sobre lo que quiero hablar en esta entrada.

BUKAKE


No es una ciencia exacta. Estoy harto de ver a guionistas y a profesores discutir, sin ponerse de acuerdo, sobre si el detonante o el giro de tal peli es éste o aquél. Incluso muchas veces, cuando uno trabaja, descubre tras días de marear la perdiz que estaba tratando como primer punto de giro algo que en realidad tiene toda la pinta de un midpoint, o uno maneja dos conceptos hacia el final de la trama sin tener claro cuál de ellos es el auténtico segundo giro de la historia.

En algunas pelis está muy clarito. En otras no tanto. Pero, por norma general, sí es cierto que en la mayoría de las historias que funcionan se puede desentrañar esta estructura básica. Ya que, en el fondo, es una estructura que se ha ido manteniendo a lo largo de los siglos porque satisface de manera compulsiva ciertas necesidades psicológicas e incluso espirituales de nuestro inconsciente colectivo. Es mito y es rito. Es pura Antropología, psicología junguiana. Esa mierda.

¡Coño! ¡Que me voy por las ramas! Regañadme o algo.

Intentemos volver a Rocky. Lo que me dejó pensativo ayer no tiene tanto que ver con la necesidad de incluir estos "puntos" en la trama, sino en qué lugar de la historia ubicarlos. Hay cien escuelas de opinión distintas sobre en qué minuto EXACTO deben encontrarse el detonante o cada punto de giro.

Ahí es donde yo discrepo. Personalmente, creo que la ubicación de esos "grandes momentos" en la historia, así como la distancia entre ellos puede - debe - ser bastante flexible. Es cierto que, por muchas y evidentes razones, casi todas las pelis suelen llevar un tempo similar. Tengo comprobado que el detonante suele surgir entre el minuto 12 y el 16, o que el primer punto de giro suele aparecer entre el 22 y el 28. Cada peli es un mundo, y la relación entre cada espectador y cada peli también es siempre un mundo.

A mí me gusta poner el ejemplo de la comida. Por razones lógicas, la gente suele hacer el tapeo con las cañitas a las 13:00 y luego se sienta a almorzar a las 14:00 (14:30 como muy tarde) Pero... ¿y si estamos tan a gustico con estas cañitas? ¡Hoy hace un día tan soleado, la conversación se ha vuelto tan interesante! ¿Qué tal si seguimos un ratico más aquí y almorzamos a las 15:00 en vez de a las dos?

¿No os ha pasado alguna vez?

Creo que de eso depende el que nos podamos permitir adelantar o atrasar los grandes acontecimientos de un guión: Depende de lo a gustico que estemos todos.

¡Y por fin llegamos a Rocky! En Rocky el minutaje de esos puntos clave no sólo es deliciosamente flexible, sino que ocurre algo que no es habitual: Durante casi la mitad de la peli, la trama se va desarrollando, pero Rocky parece totalmente ajeno a ella. Nosotros espectadores vamos percibiendo cómo la historia se detona y cómo surge un punto de giro como una catedral: El boxeador campeón de los pesos pesados decide retar a Rocky a un combate.

Y mientras todo eso sucede, ¿qué hace Rocky? Pues continúa con su vida, como si nada, intentando conquistar a la chica de sus sueños, comprando comida para sus tortugas, intentando soportar a su futuro cuñado.

Hasta casi la mitad de la peli, el señor Balboa no tiene ni idea de la que se le está viniendo encima.

Es muy arriesgado jugar a eso. ("¡No lo hagáis en casa, niños!") Es casi suspense al más puro estilo Hitchcock: El espectador sabe lo que está ocurriendo, el personaje no. En cualquier otro caso el espectador se cansaría a los dos asaltos (nunca mejor dicho) y desconectaría de la peli.

¿Por qué no lo hace aquí?

Pues porque está a gustico.

Y está a gustico porque Rocky le cae bien. Porque desde el principio se convierte en un amiguete. Porque nos interesa que a ese tío le vayan bien las cosas. Porque no nos importa seguirle a cualquier sitio. Al bar, a los muelles, a su casa.

Y ahí existe una labor de alquimia. Ponle unos gramos de frustración, un kilo de cabezonería, invéntale unos cuantos chistes malos, hazle noble, pelín tonto, pero sin pasarse, que en el fondo sea incluso listo. Etc, etc, etc.

Hay muchos factores que pueden ayudarnos a que el espectador esté a gustico en el mundo que le estamos creando. Yo, por ejemplo, me siento muy a gustico en pelis ochenteras tipo Los Goonies, Exploradores, Noche de Miedo gracias a la luz y la escenografía. Pero creo que el factor clave para terminar de estar a gusto suele ser el mismo: EL PERSONAJE. Él es la clave.

Yo cuando me atasco en una historia, lo que suelo hacer es regresar al personaje. Creo que en él está lo que necesitamos. Si estás perdido, es porque has olvidado lo que el personaje persigue, o porque no has definido bien qué carencias de base son necesarias en él, para encajar con el conflicto que todo lo mueve.

Normalmente se dice que cuando nos sentimos perdidos creando una historia, lo que hay que hacer es regresar a la premisa. Yo - opinión estrictamente personal - prefiero zambullirme en el personaje. A veces, incluso puedo darme cuenta de que no había elegido la premisa adecuada para contar la historia de ese tipo o esa tipa, y hay que reformularla.

(no sé si habré dicho una blasfemia)

La premisa seduce. El personaje engancha.

La premisa es ese "rollo de una noche". Esa tía buenísima con la que nos liamos en la discoteca, visto y no visto. Nos aturde con su espectacularidad y luego el viento se la lleva a otro lugar.

El personaje, sin embargo, es esa mujer con la que nos apetece despertarnos a la mañana siguiente.

lunes, 28 de noviembre de 2011

¡SI NOS QUERÉIS, VENIRSE!


Mañana estáis todos invitados a la presentación de Cult Movies, ese delicioso libro de Vicente Muñoz Álvarez del que hablé en mi entrada anterior. Libro que además incluye el dvd de nuestra peli Gritos en el Pasillo. Allí estaremos Vicente, Julia D. Velázquez, Mario Crespo y yo.

Será interesante. El material lo es. Los autores lo son. Y si yo veo que no puedo estar a la altura de ellos, me comeré un murciélago, o algo. Estaremos encantados de veros por allí, y se agradecerá la difusión.


viernes, 18 de noviembre de 2011

CULT MOVIES: PELÍCULAS PARA LLEVARSE AL INFIERNO





¡¡Cómo!! ¿¡Juanjo actualizando el blog!? ¡Debe de haber sucedido algo importantísimo!

¡Pues sí!

Llevaba varios días buscando un ratito de tranquilidad para poder contaros algo que me tiene muy contento:

Ya ha salido a la venta el libro "Cult Movies: Películas para llevarse al Infierno", de Vicente Muñoz Álvarez.

Editado por EUTELEQUIA.

¿En qué consiste el libro?

Pues consiste en 100 reseñas muy personales y cariñosas en las que Vicente habla sobre 100 películas de culto de la historia del cine. En esas páginas aparecen obras de gente como Hitchcock, Kubrick, Welles, Scorsese, Tarantino, Billy Wilder, Roger Corman, Lar Von Triers, Roman Polanski, John Huston, David Cronnenberg, Iván Zulueta y muchos, muchos más.

Y en medio de todos esos gigantes...

¡Gritos en el Pasillo!

Sí. Como lo habéis oído. Vicente, muy magnánimo él, nos ha incluido en esa lista como una de las 100 pelis de culto. Imaginad cómo nos sentimos entre tanto mito del celuloide, como si hubiésemos sido invitados a la fiesta debido a algún error burocrático, intentando contemplar con admiración a los demás asistentes desde un tímido rincón (junto a las puertas de la cocina, que es por donde salen los camareros con las bandejas de los canapés)

No obstante, nuestros Gritos, en un intento de justificar su presencia en esta orgía de monumentos, han tomado una iniciativa que no se le ha ocurrido ni a Welles, ni a Hitchcock, ni a Scorsese ni a etcétera:

¡El libro de Cult Movies se vende con el dvd de Gritos en el Pasillo!


Tal y como lo ven en la foto. Agazapado tras la contraportada del libro. Un polizón. Como Leo Di Caprio en Titanic, como el octavo pasajero de Aliens. Como nosotros en las páginas del libro.

En realidad la iniciativa no ha sido nuestra, sino de Vicente y de Clea Moreno, editora de Eutelequia. Con ello han hecho el libro aún más curioso, y a nosotros nos han alegrado la vida.

La ilustración de la galleta del dvd y el monstruo de la portada son obra de Miguel Ángel Moreno Gómez. Una delicia.

Y esas dos obras no son la única exquisitez gráfica que viene con el libro. Si abrís la caja de Pand... digo, sus páginas... os encontraréis con unos pictogramas maravillosos de Julia D. Velázquez.


¿Necesitáis más razones para haceros con un ejemplar? Un tour por las rarezas más estimulantes del séptimo arte, de la mano de un experto en el tema. Un empaquetado de lujo, ilustradores potentes. Y la oportunidad de acceder a nuestra peliculita en esta segunda, o tercera o cuarta vida - tenemos más que un puñetero gato - que nos acaban de conceder.

Si queréis que profundicemos más sobre el tema, os invito a asistir a la presentación en Madrid, que será el martes 29 de Noviembre, en la Fnac de Castellana (Paseo de la Castellana nº7) a las 19:30 horas. Allí estaremos hablando sobre el libro Vicente, Julia, Mario Crespo y un servidor.

Y dentro de poco, os contaré por aquí más novedades relacionadas con la Editorial Eutelequia, que me están coloreando la vida.

miércoles, 17 de agosto de 2011

VINALIA DESDE LA CRIPTA


Le sacudo las telarañas al blog después de siglos de inactividad. Quizá no debería hacerlo, porque os vengo a hablar de algo que combina muy bien con telarañas.

¿Se acuerdan de aquellas revistas siniestras, marginales, tirando a pulp? Papel barato que crujía como un montón de huesos que vuelven a la vida. Historias de terror para público adulto. El santuario donde escribían los aspirantes a Bradbury del momento y los aspirantes a Matheson o incluso los propios Bradburys y Matheson de turno.

¡Qué pena que ya no existan revistas como ésas!

¡Espera! ¡Sí que existen!

Existe el fanzine Vinalia Trippers. Esa preciosa iniciativa en la que me han invitado a participar por segundo año consecutivo. La temática aglutinante del año anterior fue "Plan 9 del espacio exterior". La de este año ha sido "Cuentos de la cripta".

En ambos casos, no podría sentirme más "en mi salsa". Para este Trippers from the crypt he escrito un relato bastante excesivo. Puede que incluso insultante. A ver si me meten en la cárcel de una vez y durante una temporada libran al mundo de mí, y a mí de pagar el alquiler.

Si queréis más información sobre el Vinalia y sobre cómo hacerse con él (son sólo 6 euritos) os remito al blog del fancine. Daros prisa, que la tirada es limitada. Vinalia es un producto de lujo, cocinado con cariño. El empaquetado está conseguidísimo, el interior repleto de dibujos de gente con talento. Y de regalo, como ven en la foto, un poemario (POEMASH) y pegatinas.

Gracias una vez más a Vicente por haberme invitado a deslizar algunas palabras mías entre tanto artista.

Y ahora, si me disculpan, me voy a leer los relatos de mis otros compañeros de fanzine, porque hay cosas con muy, muy buena pinta.