
Últimamente soy experto en dejar cosas a medias. Cuentos a medias. Novelas a medias. Relaciones a medias. Confío en que se trate sólo de una etapa, y el día menos pensado dejaré esa etapa también a medias.
De un modo u otro, entre el cansancio acumulado tras varios fines de semana de excesos y el pequeño catarro que se me ha venido encima no tengo suficiente capacidad de concentración para juntar muchas palabras, ni energías para eyacularlas de mis dedos al teclado.
Así que aquí estoy, abusando de la calefacción del piso y dopándome con própolis, equinacia y té con ron. Como bien canario debería usar ron Arehucas, pero como no es fácil de conseguir en Donosti recurro al ron Santa Teresa (venezolano) que además de saber bien me trae buenos recuerdos de otra vida.
Mi cabeza necesita un reseteo, y un poco de Feng shui interior. Pero en realidad no pretendía hablaros del Feng shui de mis entresijos violetas, sino del excéntrico Feng shui de nuestro nuevo piso de Amara.
Nuestros caseros (que, dicho sea de paso, son un señor y una señora majísimos) dejaron el piso decorado de una manera un tanto... ecléctica. El resultado es tan espectacular que no puede dejar indiferente a nadie. Un compendio de objetos que por sí solos son ya flipantes, y que en su conjunto componen un Leviatán que va sembrando síndromes de Stendhal por doquier.
Llevo bastante tiempo queriendo compartir con vosotros algunos de esos elementos decorativos de mi piso. No están aquí todos, pero sí los suficientes.
Empezemos por el plato fuerte del recibidor: ¡El buda tailandés hecho robot!


¡Igual no es tailandés, pero lo llamo tailandés porque me recuerda a los del escenario de M. Bison en el Street Fighter! Este Buda custodia la entrada a esa caja de Pandora que es la sala de estar. En ella podemos encontrar las siguientes obras de arte:

El busto de Richard Wagner junto a la estatua de Lao Tse.

El viejo del acordeón junto al termómetro delfín y el busto del "señor Scrooge".

La escultura con aires precolombinos (que tiene una hermana gemela en el otro extremo de la estantería)

El pordiosero oriental.


... y sus congéneres, los chuchos de porcelana.

El payaso inquietante que toca el acordeón tapando a un pescador chino, junto a un búho y un niño del siglo XVIII (posiblemente Mozart, o Leandro Fernández de Moratín). Hay otro payaso a menos de un metro de éste, tocando una especie de uquelele, pero mostrarlo también aquí ya seria regodeo.

Las geishas siamesas desenfocadas.

El gato ACOJONANTE.

Y este otro gato que parece una coproducción de Miró y Paul Klee, compartiendo estante con uno de nuestros pescadores chinos y una menina.

El ermitaño chino y el niño disecado junto a su ardillita.

El cowboy sujetavelas y la dama de Elche, compartiendo ascensor y preguntándose si una conversación intrascendente sobre el tiempo no sería más adecuada que este silencio incómodo.

El despertador y la diosa hindú.

El buda decapitado de "encima de la estantería".

La extraña balsa que pone rumbo hacia la mujer de sus sueños...

... y los amantes condenados a vivir en estantes separados porque él se pone digno y orgulloso, y no da su brazo a torcer.
Me gusta esto. Me gusta que mi vida transcurra envuelta en arte y esperpento, en todas sus posibles manifestaciones.
Estoy viéndome la tercera temporada de Dexter. Pero teniendo todo esto en casa, es como ver la tribu de los Brady.