Llevo una par de días escuchando al gran José Alfredo y me han entrado ganas de escribir una especie de letra de ranchera.
Lo peor del asunto es que lo he hecho...
No sé si se podrá cantar, ni sé si se podrá acompañar con música. Porque de música yo: Ni puta idea.
Por eso suplico vuestra condescendencia. Por eso y porque hacía años que no me atrevía a juntar más de dos versos en un mismo folio. Estoy desentrenado.
Suplico también que nadie atribuya demasiado tinte autobiográfico a los versos que he parido (o abortado). Si este poema (o canción) habla de lo que habla es porque tanto yo como algunos amigos sabemos que una ranchera tan sólo es genuína si incluye en su temática el trío maldito: desamor, alcohol y muerte.
Y eso por no mencionar otra máxima que todo poeta tendría que grabar a golpe de punzón en su escritorio: "Es lícito escribir sobre algo que jamás has vivido si ello te ayuda a hallar la consonante para el siguiente verso".
Dicho todo eso, no queda más remedio que dejaros aquí esta inexperta, primeriza letra de ranchera, que lleva por título:
SI ALGUNA VEZ
Si alguna vez te amé, se me ha olvidado.
Si alguna vez soñé, ya abrí los ojos.
Si alguna vez brillaste en mi pasado
más brillan, al quemarse, tus despojos.
Hoy tengo el corazón averiado.
Hoy me saben a hueco los latidos.
Hoy no ladro a la luna en los tejados,
ni la ensucio al colgarle tu apellido.
Tu foto ya no alarga mis desvelos,
ni vierto en tu recuerdo mi tristeza.
Pues ya no me hace falta más consuelo
del que cabe en una jarra de cerveza.
Si alguna vez te dije “para siempre”
no era yo el que te hablaba, sino el vino.
Si alguna vez llegué a implorar tu muerte
hoy me trae sin cuidado tu destino.
Y es que ahora me enveneno en otros labios
y comparto mi almohada con cualquiera.
Y es que ahora no suplico tus agravios
porque ellos signifiquen que me quieras.
Ni pido que te alcancen estos versos,
ni lloro si te hiere la metralla.
No busques la postdata en el reverso,
ni esperes que devuelva las medallas.
Si alguna vez, por ti, afilé un cuchillo
dudando si en mi pecho o tu garganta,
alguna vez también tus dos colmillos
me hollaron con más hambre que Carpanta.
Por eso te propongo un “alto el fuego”,
me resigno a un “borrón y cuenta nueva”.
Por eso desde ahora, truene o llueva,
tendrás que perdonarme si no juego.
Fuerteventura a 7 de julio de 2009