jueves, 31 de diciembre de 2009

¡¡¡PLANETA Z!!!



Pues resulta que estos tipos, que manejaban y doblaban a nuestros Batasunis, que llevan años sembrando la red de sketches a cuál más surrealista o divertido, se han pasado al mundo de las series on-line.

¡Y qué mejor que hacerlo con una serie sobre zombies!

¡PLANETA Z!

Éste es el teaser que hicieron hace poco para anunciar la serie.



Y hoy, por fin, el primer capítulo de la serie ha llegado a nuestras pantallas de internet. He de decir que se oye un poco mal, pero el resultado es exquisito. Tan hilarante y desmitificador como casi todo lo que hace esta gente. También encontraréis un par de cameos entrañables.

Con todos ustedes, Planeta Z, chapter one!





domingo, 27 de diciembre de 2009

BIENVENIDA, NEGRURA...


Tengo ganas de escribir aquí, pero no tengo nada concreto que contar.

Por eso he optado por teclear a lo loco. Agitar un poco el avispero en busca de aguijones. Porque a veces el teclado funciona así, como esa mamada que te endurece las partes adecuadas, haciéndote olvidar que no estabas de humor. Activando todo lo activable en cuestión de segundos.

Y aquí estoy, sintiendo poco a poco cómo las teclas del Mac me maman los dedos.

Como tantas otras veces, José Alfredo suena en el altavoz, hablando de desamores, de muerte, de noches etílicas, de caer sobre un charco de tequila y levantarse con renovadas fuerzas, de entender la melancolía como algo tan hermoso, tan poético, que uno incluso acaba echándola de menos en su vida.

Estoy seguro de que al gran José Alfredo le dictaban las canciones un par de preciosas sirenas hijas de la gran puta.

Llevo varios días empapándome de rancheras y de Ennio Morricone. Tal vez eso os dé alguna pista acerca del género del guión en el que ando enfrascado últimamente.

Por si algún despistado no ha atado cabos todavía, añadiré que en la mayoría de las pelis que veo para ponerme a tono aparecen más caballos que mujeres.

Es lo que tiene volver a escribir para César del Álamo.

Y supongo que hasta aquí puedo leer.

No volveré a soltaros ese rollo sobre lo rápida y despreocupadamente que escribía antaño y el ritmo plomizo que me caracteriza ahora, desandando tres pasos por cada dos que doy. Resultaría requete-cansino volver a contar eso.

Sí me gustaría, en cambio, reflexionar sobre otra cuestión relacionada con la creación literaria. No sé si le sucederá lo mismo a otros escritores, pero al menos en mi caso, resulta mucho más difícil avanzar en la gestación de algo cuando ello te obliga a sumergirte en un mundo en el que no te encuentras a gusto.

Y a veces sucede. A veces necesitas sacar fuera cierta basura, y eso te obliga a escribir sobre cosas que ocurren en escenarios sórdidos, con personajes desagradables, inspirados por sentimientos mezquinos. A veces, para expulsar ese hueso de pollo que se te atraviesa en la garganta, tienes que pasearte por ambientes repugnantes, someterte a ritmos deprimentes, soportar que cada tecla que pulses suene a empapelados y moquetas de motel de carretera de malísima muerte.

Cuando escribo cosas tan turbias suelo sentirme aliviado a posteriori. Y (normalmente) bastante orgulloso del resultado.

Pero son un puto parto. Cuando me embarco en esa clase de obras rara vez disfruto con ello. En todo caso puedo llegar a sentir un sucio sucedáneo de disfrute. Una especie de éxtasis morboso similar al que uno siente cuando vomita tras un cólico. Eso es, al menos, lo que sucede cuando mi vida está lo suficientemente averiada para justificar la necesidad de tales vomiteras.

Pero cuando mi vida está más o menos en orden (como es el caso) el vómito no fluye de forma natural. Y en lugar de sentir cómo la negrura se vierte desde mi cráneo hacia el mundo exterior, me sorprendo invocando una negrura que no me pertenece e invitándola a entrar en mi día a día sin siquiera limpiarse los pies en el felpudo.

No estoy seguro de que sea sano.

Pero ni siquiera el oxígeno que respiramos es sano. Ni siquiera el sol que nos permite existir lo es.

Echo de menos poder escribir sobre mundos en los que me apetezca estar. Esa clase de mundos que uno espera encontrarse cuando se mete bajo el edredón y cierra los ojos.

Tengo la impresión de que en algún punto del camino, sin apenas darme cuenta, me divorcié de mí mismo.

Tendré que volver a encontrarme a mí mismo, volver a conquistarme a mí mismo y volver a casarme conmigo mismo.

Mientras tanto, bienvenida, negrura. ¿Te apetece un poco de té?


martes, 22 de diciembre de 2009

38


Durante casi todo el 2009 un número se me ha ido apareciendo en todas partes. El número 38. Cada vez que miraba la hora del reloj. Cada vez que me daban un asiento en una guagua. Cada vez que buscaba en el libro de turno la cita memorable de turno y se me ocurría mirar la página. Cada vez que tenía que detener una película porque había sucedido lo que sea, y luego se me ocurría echarle un ojo al contador de minutos.

Llámalo Destino, llámalo karma, llámalo magia, llámalo "mi inconsciente está involuntariamente programado para buscar todos los 38 que pasan cerca y adecuar a ellos mi vida".

El caso es que desde hace un mes o más, lo habitual es que en lugar de toparme con el número 38 me encuentro en todas partes el número... 37

¿Se trata acaso de una cuenta atrás? Y en ese caso, ¿qué me aguarda al final de la misma? ¿Se está convirtiendo mi vida en una peli de Shyamalan? ¿O en una de Richard Kelly?

¿Me han metido los marcianos un chip en la cabeza?

¿Y dónde encajan mis dinosaurios de plástico en todo esto?

domingo, 20 de diciembre de 2009

VOY "AVATAR" A CAMERON Y A MUDARME A DONDE VIVEN LOS MOSNTRUOS


Tengo tantas cosas en la cabeza que no sé cómo ordenarlas para escribir este post. Ha sido un fin de semana de emociones intensas en un par de salas de cine. De intensas alegrías y de intensas decepciones.

Este fin de semana he visto dos películas. Curiosamente, en el primer caso tuve la impresión de estar viendo algo que han vendido como peli para adultos y se parece más a una película infantil, mientras que en el segundo caso me he metido a ver algo que venden como peli infantil aunque sería más apropiado enfocarla como una peli para adultos.

Y ahora llega el momento de tratar de explicar este berenjenal en el que me estoy metiendo.


Intentaré que esto no se convierta en la enésima crítica negativa a Avatar de la blogosfera, pero no puedo ocultar que a una parte de mí le ha dolido lo que se ha encontrado en la nueva peli de James Cameron.

Os aseguro que me metí en la sala sin demasiadas expectativas. Sabía que no iba a ver la mejor peli de la historia. Después de ver los trailers, ni siquiera contaba con que Avatar fuera a cambiar nada en la Historia del Cine. Después de ver los diseños (y de olisquear el tufillo new age que envolvía a todo el asunto) tampoco esperaba que la película conectase conmigo de forma especial.

Pero tratándose de James Cameron, creía tener una garantía de que, como mínimo, me encontraría con un guión sólido, elegante... Con unos personajes definidos y entrañables. Con conceptos narrativos que se alejasen de lo habitual. Y todo esto es precisamente lo que he echado de menos en las dos horazas y media de Cameron. Encontré alguna que otra idea original en el guión, algún que otro concepto interesante. Pero me parecieron ingredientes desaprovechados, y asfixiados por un exceso de lugares comunes, de frases e incidentes y conflictos que uno ya ha visto en otras cien películas.

No quiero ensañarme aquí con eso. En todo caso, mencionar que las cosas que más temía, me han disgustado menos de los esperado. Incluso los diseños de los bichos y escenarios (sin llegar a entusiasmarme) llegaron a parecerme simpáticos. Con un coloridos demasiado tuneado, quizás, pero lo suficientemente antropocéntricos para oler un pelín a entrañable serie B.


Tampoco negaré que a la peli no le falta espectacularidad. De hecho, creo que en ocasiones le sobra. En serio. A veces tanta espectacularidad satura. Y el rollo este del 3D impresiona al principio (ha sido mi primera proyección 3D) pero conforme pasan los minutos, se convierte más en una distracción que te impide entrar en la película que en una ayuda para hacerlo. Me ha dado la impresión de que estamos aún ante una tecnología en pañales, con buenas intenciones, pero incapaz de evitar que se le noten las costuras.


Y en esta secuencia vamos a meter la frase "Larguémonos de aquí", que eso es algo que nadie ha utilizado jamás en una peli.

Vamos, que Avatar me ha dejado bastante frío y un pelín desengañado. Aun así, no se le pueden discutir las buenas intenciones a esta peli. De hecho, ahora llega el momento en que intento dejar a un lado mis rencillas subjetivas y os aseguro que junto a mí, en aquella sala de cine, estaba sentada la prueba de que, a pesar de todos mis reparos, Avatar funciona.

¿Por qué digo esto?

Porque justo a mi derecha se sentó un grupo de niños de unos siete años de edad, y viendo cómo reaccionaban ante todo lo que ocurría (cada giro de trama, cada plano efectista, cada escena de acción) te dabas cuenta de que Cameron los estaba manejando exactamente como él quería. Esos críos salieron de la peli tan flipados que no había más remedio que reconocer que Avatar, al menos con ellos, había cumplido su objetivo.

No sé si Cameron lo pretendía, pero ha hecho una efectiva peli para niños, o para espectadores que no exigen ciertos refinamientos.

Algo muy distinto sucede con esa otra peli que he visto hoy.

DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS.


Si uno no está bien informado, puede corre el riesgo de llevarse un chasco. Porque la peli de Spike Jonze es, en mi opinión, una historia para adultos disfrazada de cuento infantil.

Si en el caso de Avatar los niños coreaban, reían y emitían gritos de impresión, en la proyección de Donde viven los monstruos escuchabas cómo los pobres críos, desorientados, acribillaban a sus padres a preguntas. Cosas del tipo: “¿Y ahora porqué está triste?” o “¿Por qué le ha hecho esa broma?”

Y entiendo perfectamente a esos niños, porque Donde viven los monstruos es una de esas películas que parecen diseñadas para traumatizarte de pequeño y luego enamorarte cuando ya has crecido y las revisitas comprendiendo ciertas cosas de la vida (o siendo consciente de que no hay quien comprenda ciertas otras)

Que no os engañen esos diseños tan maravillosos, entrañables e inocentones de las criaturas. Ese espejismo estético (que ya venía bastante definido en el libro infantil de Maurice Sendak y que tan bien ha adaptado la factoría Henson) encubre una historia de retrogusto bastante turbio, siniestro y retorcido. Toda esa oscuridad sabiamente combinada con la dosis apropiada de ternura y buen-rollismo.


Y es que Where Wild Things Are es una película tan madura que asusta. Los personajes encierran una complejidad preciosa tras sus pellejos de peluche. Sus maneras de reaccionar son tan imprevisibles como creíbles. Sus emociones tan reconocibles que… ¡Joder, son tan humanos!

Ya sé que suena a tópico eso de que es una peli dirigida a ese niño que algunos llevamos dentro, y que nos ayuda a querer a esos monstruos que todos albergamos en nuestro interior. Pero es que en este caso es cierto…

Donde viven los monstruos es una peli mágica y bellísima, con muchísima capacidad para remover los sentimientos, como si las fauces de una excavadora bulldozer atravesasen tus costillas y removiesen toda la mierda que encierras en el pecho.


Con esta película se me han saltado lagrimillas de emoción. Con esta película he sentido escalofríos de auténtico mal rollo. En esta película he encontrado una poesía visual a medio camino entre lo decadente y lo cosquilleante; un tejido simbólico tan de la vieja escuela, tan de no necesitar entender para entenderlo; un colorido otoñal, casi monocromático; una guinda de magia con la que coronar un fin de semana extraño, indefinible, como el sabor que te deja esta peli de Spike Jonze.

Cuando salía de la sala, vi como un padre le decía a su hijo: "He salido un poco así... un poco raro..." Creo que en ese momento concluí que estábamos ante una peli que posiblemente no tendrá éxito comercial, pero acabará convirtiéndose en peli de culto.



¿Cuál de las dos películas es mejor? ¿Avatar o Where Wild Things Are?

Supongo que cada una se adecua a un tipo de público distinto.

Con el tiempo, me he vuelto bastante utilitarista con esto del cine. Ese rollo de que el Arte debe huir de lo pragmático me parece una auténtica chorrada.

El Arte es comunicación, y como tal, es lógico pensar que nace con una función social, ya sea ésta la de ayudar al autor a follarse a alguien, o la de convertir este mundo en un lugar mejor.

Cada vez estoy más convencido de que las pelis no son necesariamente buenas o malas. En todo caso, son adecuadas o no.

Si una peli es útil en este mundo, ya tiene una buena razón para existir.

Siempre que pienso en estos asuntos me viene a la memoria aquel capítulo de Cómo conocí a vuestra madre en el que Lilly quería cumplir su sueño de dedicarse a la pintura. Pero (al menos aparentemente) no tenía talento para ello. Sus cuadros no gustaban. Y de repente, aparece un filón. Porque, sin ella pretenderlo, resulta que sus cuadros encantan… a los perros. Y se convierte en una pintora de éxito… ¡para perros! Me parece un ejemplo precioso de cómo uno siempre puede encontrar la manera de que lo que le nace expresar termine siendo útil para alguien.

Incluso puedo tomar mi propio trabajo como ejemplo. De vez en cuando me mandan críticas sobre Gritos (o sobre otras cosas que he hecho) con alabanzas que, a pesar de ser entusiastas, no son necesariamente objetivas, ni ciertas. Pero, ¿qué más da? Ya estamos aquí mis detractores y yo para intentar ser honestos e intentar hacer en próximas creaciones lo que honestamente yo (personalmente) considero un buen trabajo. Esa lucha por “hacerlo mejor” no es incompatible con el hecho de alegrarse de que tu trabajo, de repente, resulte ser útil y beneficioso para alguien.

Este fin de semana ha sido cinematográficamente mágico, porque James Cameron ha despertado la magia en el corazón de unos chavales de siete años, y Spike Jonze la ha despertado en el mío.


viernes, 18 de diciembre de 2009

ZOMBIE-HUETES


Un magistral apocalipsis zombie con cacahuetes. Me ha encantao.

Me la acaba de enviar Josep.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

LA MÁQUINA DEL TIEMPO PORCULERA


Trabajar en un programa como Semanita es como si una máquina del tiempo te diese por el culo sin condón ni vaselina.

En el mejor de los casos tenemos que escribir cosas que se emitirán una semana y pico más tarde. Pero el "mejor de los casos" suele ser una excepción. Lo normal es escribir sketches que, con suerte, se emitirán dos semanas más tarde, o tres. Y en tiempos tan caóticos como Navidades, muchas veces hacemos guiones teniendo en cuenta que han de emitirse un mes más tarde.

Eso en una serie, o en cualquier otro tipo de ficción ensimismada, a pesar de ser desesperante, es lógico. Pero en un programa de actualidad como el nuestro, escribir con tanta antelación es terreno abonado para la esquizofrenia.

Porque aunque tu cuerpo esté viviendo en diciembre, tu mente ya se está paseando por el mes de enero. Porque tienes que empatizar con las preocupaciones y las prioridades que va a tener la gente en Nochebuena cuando en tu día a día, la gente ni siquiera ha empezado a comprar los regalos. Y aunque los Reyes Magos aún no hayan cogido carrerilla para salir de sus madrigueras de oriente, tu cerebro ya los tiene despedidos y lleva un par de días centrado en unas rebajas de enero que aún no han sido garrapateadas en la agenda de las parcas.

Cuando la gente está aún bañándose en las playas, nuestras cabezas ya se están abrigando para dar la bienvenida al otoño. Cuando estáis en pleno invierno, sacudiéndoos las estalactitas de los genitales, nosotros anotamos en nuestros cuadernos decenas de ideas sobre lo insoportablemente cachondos que vais a estar en primavera.

Todo ello modifica la percepción del guionista semanitero. Vivimos con una máquina del tiempo anexionada al hipotálamo como una garrapata. Y a veces tenemos la sensación de que este trabajo nos roba un par de decenas de días. Me ha pasado más de una vez: Creer que estamos a mediados de octubre, porque llevamos toda la semana escribiendo sobre las cosas que ocurren a mediados de octubre... y de pronto, mirar el calendario y darnos cuenta de que seguimos a finales de septiembre.

Entonces respiro profundamente, y en esa bocanada de aire vuelven a entrar en mis pulmones ese par de semanas que había perdido en un descuido, y algo se resetea en mi interior, y finjo que sigo siendo dos semanas más joven, que los Morlocks están todavía a dos semanas de distancia.

Y llego a la conclusión de que sólo existen tres cosas que un guionista necesita para mitigar este desasosiego metafísico: Whisky, películas de Spielberg y pelirrojas que nos la chupen gratis.