Trabajar en un programa como Semanita es como si una máquina del tiempo te diese por el culo sin condón ni vaselina.
En el mejor de los casos tenemos que escribir cosas que se emitirán una semana y pico más tarde. Pero el "mejor de los casos" suele ser una excepción. Lo normal es escribir sketches que, con suerte, se emitirán dos semanas más tarde, o tres. Y en tiempos tan caóticos como Navidades, muchas veces hacemos guiones teniendo en cuenta que han de emitirse un mes más tarde.
Eso en una serie, o en cualquier otro tipo de ficción ensimismada, a pesar de ser desesperante, es lógico. Pero en un programa de actualidad como el nuestro, escribir con tanta antelación es terreno abonado para la esquizofrenia.
Porque aunque tu cuerpo esté viviendo en diciembre, tu mente ya se está paseando por el mes de enero. Porque tienes que empatizar con las preocupaciones y las prioridades que va a tener la gente en Nochebuena cuando en tu día a día, la gente ni siquiera ha empezado a comprar los regalos. Y aunque los Reyes Magos aún no hayan cogido carrerilla para salir de sus madrigueras de oriente, tu cerebro ya los tiene despedidos y lleva un par de días centrado en unas rebajas de enero que aún no han sido garrapateadas en la agenda de las parcas.
Cuando la gente está aún bañándose en las playas, nuestras cabezas ya se están abrigando para dar la bienvenida al otoño. Cuando estáis en pleno invierno, sacudiéndoos las estalactitas de los genitales, nosotros anotamos en nuestros cuadernos decenas de ideas sobre lo insoportablemente cachondos que vais a estar en primavera.
Todo ello modifica la percepción del guionista semanitero. Vivimos con una máquina del tiempo anexionada al hipotálamo como una garrapata. Y a veces tenemos la sensación de que este trabajo nos roba un par de decenas de días. Me ha pasado más de una vez: Creer que estamos a mediados de octubre, porque llevamos toda la semana escribiendo sobre las cosas que ocurren a mediados de octubre... y de pronto, mirar el calendario y darnos cuenta de que seguimos a finales de septiembre.
Entonces respiro profundamente, y en esa bocanada de aire vuelven a entrar en mis pulmones ese par de semanas que había perdido en un descuido, y algo se resetea en mi interior, y finjo que sigo siendo dos semanas más joven, que los Morlocks están todavía a dos semanas de distancia.
Y llego a la conclusión de que sólo existen tres cosas que un guionista necesita para mitigar este desasosiego metafísico: Whisky, películas de Spielberg y pelirrojas que nos la chupen gratis.