jueves, 26 de mayo de 2011

CARTA DE DESAMOR A ESPAÑA


España... cariño... amada mía... hija de la gran puta:

¿Qué coño está pasando entre nosotros? Me has fallado. O te fallé yo a ti, o yo qué coño sé.

Me has engañado.

Joder... Los dos sabíamos que las cosas entre nosotros no estaban en su mejor momento. Nuestra relación estaba haciendo aguas, sí. Hacía muchos meses, quizá años, que estábamos en crisis. Yo ya lo daba todo por perdido, en serio.

Ahí estábamos los dos, resignándonos a soportarnos mutuamente sin mover un dedo, sin hacer nada para cambiar la situación. Dicen que todas las parejas tienden a sucumbir a esas inercias, ¿no?

Y entonces me pillaste por sorpresa. Yo estaba a punto de tirar la toalla y de pronto cambiaste. Y me cambiaste a mí.

¡No te reconocía, en serio! Tan bienintencionada, tan hermosa, tan dispuesta a mirar nuestros problemas cara a cara, en lugar de fingir que no existían o que no nos incumbían a nosotros.

Me contagiaste, coño. Si alguna vez lo nuestro tuvo magia, tú la resucitaste. Tú lograste desempolvarla y ponerla otra vez en movimiento.

Tuvo que ser en mayo. Ese mes nos trae tan buenos recuerdos. Casi un aniversario. Un eco de cuando éramos más jóvenes, de cuando los sueños aún no habían aprendido a escocer tanto.

Los dos pusimos de nuestra parte. Tú detectaste en seguida los tres o cuatro problemones que estaban cargándose lo nuestro y los pusiste sobre la mesa, pa que les diera la luz. Y yo me propuse estar junto a ti todos los días, al pie del cañón, volviéndome a enamorar de ti muy poco a poco, comprometiéndome a no beber cerveza cuando venían tus padres, por aquello de no causar mala impresión.

¡Y cuánta gente nos apoyó, mi amor! Todos esos amigos que en otros tiempos solían criticarnos por la espalda porque daban lo nuestro por perdido... sólo necesitaron ver esa luz que chisporroteaba en nuestros ojos para volver a brindarnos su más sincero apoyo.

Era todo tan hermoso... Me confié, bajé la guardia. Una parte de mí quiso olvidarse de todos los fracasos, de todas las decepciones del pasado. Es lo habitual cuando uno intenta resucitar estos amores frustrados. La puta ceguera. Mentirnos a nosotros mismos para hacernos creer que va a funcionar por la simple razón de que si no lo hiciese, se nos destrozaría el último pedazo de corazón intacto que nos queda.

Y al principio todo fue sobre ruedas. Regresaron los latidos al galope y las mariposas del estómago. No podía dejar de mirarte. Volvías a ser la de antes.

Los primeros días siempre son fáciles, ¿verdad? Luego viene el desgaste. Luego llegan el deterioro, y la fragmentación, y el egoísmo.

Y de repente ya no somos nosotros, sino solamente .

Y de repente empiezas a restregarme por la cara problemillas intrascendentes. Espera, vale, me he pasado un poco con lo de "intrascendentes" No, cariño, no pongas esa cara, entiéndeme. Esas cosas que me restriegas también son importantes, lo admito. Pero no ahora. Si queremos salvar nuestra relación, primero tenemos que aclarar las tres o cuatros razones básicas que hacen que ya no nos queramos como antes; los motivos esenciales de que vivir juntos, más que vivir, sea sobrevivir a duras penas.

Ya discutiremos en otro momento si yo debería acordarme de tapar el bote de espuma de afeitar, o si tenemos que comprar un detergente más perfumado para lavar la ropa.

Es más: ¿Cómo quieres que te tome en serio si me pides no beber delante de tus padres cuando luego tú sí que bebes y que fumas delante de los míos? ¿Cómo quieres que te tome en serio si me mandas callar cada vez que intento decir cualquier cosa que tú no quieres huir? ¿Cómo quieres que te tome en serio si decides sin consultarme el color de las cortinas, si todos los muebles que tú traigas a casa han de quedarse pero no me dejas a mí traer ninguno mío?

Joder, España, cariño... te juro que cuando te vi tan dispuesta a arreglar lo nuestro, incluso vi con buenos ojos acudir a algún especialista. Yo qué sé... algún psicólogo, un puto asesor sentimental... exponer nuestros problemas a alguien que pudiese orientarnos sabiendo de qué coño habla.

Pero no... Tú prefieres escuchar sólo a los menos objetivos. A aquéllos que suenan a palabras más sencillas porque prefieren que nos vayamos con ellos de juerga; aquéllos que quieren que nuestra vida sea una fiesta en lugar de pararse a meditar qué será lo más conveniente para nosotros en un momento tan delicado.

¡Ya habrá tiempo para fiestas cuando hayamos resuelto todo esto!

Pero qué coño digo. Si tú en realidad no tienes auténtico interés en resolverlo, o no tienes cojones... o quizá simplemente no estamos hechos el uno para el otro y ha llegado el momento de admitirlo sin vaselina y sin tapujos.

Así que me volveré a cruzar de brazos y me regodearé viendo cómo tus decisiones te van sepultando poco a poco en toda esa mierda que te has ganado a pulso.

Pero qué coño digo... Sé que no voy a ser capaz de quedarme de brazos cruzados. Eres una zorra de mierda y, aunque no te lo merezcas, TE QUIERO DEMASIADO.

Ya sabes... Soy gilipollas. Estoy enamorado.

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jueves, 19 de mayo de 2011

UN BREVE AÑADIDO A LA ENTRADA ANTERIOR


Esta noche he vuelto a estar en #acampadasol. Acabo de regresar a casa. En mi anterior post hablaba de cómo la gente que hace acto de presencia allí es la semilla del árbol, y de cómo las repercusiones en el cyberespacio son el tronco, las ramas y las hojas.

Pues bien: Después de estar un buen rato en el meollo de la semilla, no puedo más que aplaudir. Es una gran semilla. Si uno vislumbra más allá del centenar de cabezas huecas que van allí a fumar porros y gritar gilipolleces, se encuentra con una iniciativa muy bien organizada.

No sé quiénes son los auténticos artífices de esta protesta, pero creo que están haciendo un gran trabajo. Consiguen darle a todo un toque responsable, organizado, muy coherente. Mucha alma. Una acertada combinación de corazón e inteligencia.

Incluso la lluvia ha acudido a la cita, para darle un toque de épica al asunto, al más puro estilo Frank Miller.

miércoles, 18 de mayo de 2011

MAYO DEL SESENTA Y TWITTER


A estas alturas ya estamos todos al tanto de la iniciativa de #acampadasol.

Gente - joven en su mayoría - que ha decidido acampar en la Puerta del Sol de Madrid - y también en otras ciudades - para reivindicar...

¡Coño! Ni siquiera sé qué se reivindica exactamente. Lo importante es que están allí para manifestar su descontento.

Sin hacer apología de ideas políticas concretas. Todos comprometiéndose a no enarbolar estandartes de ningún partido. Nada de propagandas. Todos los perros ladrando sin collar.

Una masa de gente que grita de manera muy civilizada - con esfuerzo, con sudor y también (¿por qué no?) con risas un mensaje que podríamos resumir en dos palabras:

"ESTAMOS HARTOS".

Estamos hartos de los abusos de los bancos. Estamos hartos de contratos basura, de sueldos ilegales. Estamos hartos de que ciertas empresas ganen más dinero que nunca e insistan aun así en lo de escudarse en "el fantasma de la crisis" para contratar a la mitad de gente, para hacer el doble de trabajo, cobrando la mitad de sueldo.

Son quejas muy legítimas. Y son quejas que van más allá de la política. Los políticos, en mi opinión, no son artífices de esto (o no en su mayoría). Su único pecado consiste, en todo caso, en dejarse atar las manos POR FALTA DE COJONES.

Los que de verdad han sumido al país en este vertedero son otros. Yo los imagino - permitid que me ponga un pelín conspiranoico - como gente que está más allá de los políticos; gente que los quita y que los pone; que compra a los políticos en las rebajas del Corte Inglés. Gente que rara vez saldrá en los medios.

Y el otro grupo de responsables de toda esta mierda tampoco suele salir en los periódicos. PORQUE SOMOS NOSOTROS. Los putos ciudadanos.

¿Quién no conoce a alguien que en su día especuló con cierto terrenito, o con una segunda vivienda? ¿Quién no conoce a alguien que pidió un crédito brutal - para algo que realmente no necesitaba - con su nómina de mileurista sin avales? ¿Quién no conoce a alguien que fue a pedir un crédito para pagar con él otro segundo crédito?

NOSOTROS.

Los que corrimos tras la zanahoria que pendía de la caña de pescar. Los que ahora, cuando somos testigos de tanto abuso y de tanta injusticia, reaccionamos cruzándonos de brazos y pensando que ya lo solucionará Belén Esteban.

POR ESO ME HA IMPRESIONADO LA INICIATIVA DE ESTOS ÚLTIMOS DÍAS.

De repente un grupo de gente ha decidido que ya no aguanta más, y ha decidido quejarse de una forma más bien civilizada.

Y lo que más me ha impactado del asunto es que la iniciativa no ha sido detonada por ningún sindicato, ni por ningún grupo político. Si no me equivoco, esta "revolución de juguete" se ha gestado en las redes sociales. Facebook, Twitter y la madre que los parió. Y promete crecer como la levadura. Eso de "revolución de juguete" le empieza a quedar chico.

Si mal no recuerdo, ayer acamparon en Sol 150 personas. Los antidisturbios acudieron a desalojarlos (limpiaron la moqueta, porquelas elecciones son ya mismo y se esperan invitados) Pero la consecuencia fue que Twitter hirviera a fuego rápido.

Y los medios de comunicación convencionales se unieron a la causa como garrapatas.

Ayer acudieron a la cita 150 locos. Hoy han sido 2.000.

2.000 personas.

Todo eso leía yo en el Twitter, y en el Facebook. De pronto me sentí orgulloso de nuestro país, de nuestra gente. Eramos cientos, tal vez miles comentando, manifestando su opinión, o en los casos más humildes y sensatos, manifestando nuestro descontento.

Celebridades pronunciándose en sus 140 caracteres. Gente reivindicando #hashtags# por doquier.

Y yo en mi casa, trabajando (porque soy de los que tienen la suerte poder trabajar en estos tiempos, aunque sea sólo un poquito) en la comodidad de mi sillita y mi internete.

Me sentía un poco mal. Una revolución gestándose a un cuarto de hora de mi casa y yo sin verla. Yo sin participar en ella con nada que no fueran unos cuantos tweets de ésos que tardas diez segundos en teclear mientras te bebes tu té rojo.

Hoy tenía unas horitas libres y decidí invertirlas en ir hacia Sol. Quería hacer bulto. Quería verlo con mis propios ojos. Quería, quizá, decir: Yo estuve allí.

Yo me había hecho un croquis en mi cabeza. Una especie de mosaico. Un Leviatán construido por lo que había hilvanado juntando tweets y blogs y comments.

"Lo más seguro es que no pueda ni llegar a la Puerta del Sol", pensé. "Eso debe estar tan atestado de gente... Me extraña que no esté oyendo ya el bullicio desde aquí."

Pero llegué a Callao...

Y era el mismo Callao de todos los días.

Y bajé por la calle Preciados, y la encontré mejor que muchas veces. Incluso transitable.

Me llamó la atención que había más gente alejándose de Sol que dirigiéndose hacia allí.

Cuando por fin llegué a la Puerta del Sol sentí una mezcla de decepción y de ternura.

Os aseguro que Sol suele estar mucho más llena y agobiante y concurrida en cualquier día normal. Con sus guiris, con la gente que trajina y va de compras, con la gente que le aplaude a los mariachis.

Allí había tan poquísima gente... No había visto nada tan "desangelao" desde las batallas de Alatriste.

Me paseé entre los distintos grupúsculos y escuché a varios guruses. Daba pena. Tanto en el buen como en el mal sentido.

Quijotes estampándose en molinos.

No quiero dejarme llevar por mis prejuicios hacia el "rollito perroflauta". Os juro que pesó más sobre mí lo bienintencionado.
La nobleza, la utilidad, la pertinencia de lo que está haciendo esa gente.

Pero no pude reprimir "las tres D´s": Desengaño, Decepción y Dónde coño estoy metiéndome.

Soy consciente de que no es lo mismo aparecer por allí a las cuatro de la tarde que hacerlo por la noche, cuando la gente ya ha salido de sus trabajos , o cuando tiene más ganitas de salir y liarla parda.

¡Pero es que eso lo empeora!

Si hay gente que no asiste porque está ocupada en algún curro... Entonces la situación no está tan mal.

Si hay gente que no asiste porque a esas horas la iniciativa no le parece tan divertida... ¡¡Entonces la puta situación no está tan mal!!

Me quedé un rato escuchando a algunos. Estaban sentados en corro y se iban pasando en micro unos a otros, como si fuera un porro. Les oías hablar y tenías la sensación de estar oyendo a un papagayo. Alguien que regurgita conceptos no digeridos. Las putas frases hechas. Alguien que intenta hablar escapando de cualquier ideología, pero que tiene esa ideología metida tan, tan hondo que ni siquiera se da cuenta de hasta qué punto es presa de ella.

Una ideología rancia y obsoleta que se vuelve aún más poderosa en tanto en cuanto quien la pronuncia no es consciente de estar poseído por ella.

Titiritetos inmateriales manejando a títeres de carne y hueso.

Querer ser un garito de comercio justo y no advertir que eres franquicia de la misma mieda. No somos VIPS. Somos Starbucks. ¡Sois un apéndice de aquello que intentáis joder!

Hoy comentaba con un amigo esa gran frase de Baudelaire: El mayor triunfo del Diablo fue convencer a la gente de su no existencia.

En fin... Que por muy duro que suene, y dejando claro que tenéis todo el derecho a mandar a tomar por saco mi opinión - porque solo estuve por allí merodeando un rato - pues eso: Que de repente me vino un pensamiento a la cabeza. Un pensamiento que quizá sea desacertado, pero que fue espontáneo y, por lo tanto, honesto:

"Hoy he visto a una panda de imbéciles que van a conseguir algo importante, incluso inteligente."

Repito: No es una sentencia, ni un juicio de valor. Tan sólo una impresión irreflexiva y espontánea.

Y AHORA ES DONDE EMPIEZA LA PARTE MÁS IMPORTANTE DE ESTE POST.

Eso os dará una idea de lo malo que soy estructurando los discursos cuando nadie me obliga a organizarlos como Dios manda.

La parte más importante de este post empieza y acaba con el Twitter, Facebook, o el Gmail o ¿quién sabe si también en Tuenti?

Internet. Las redes sociales.

Las redes sociales...

Ese concepto tan reciente que aún ni tiene moho. Como un quesito fresco en la nevera.

No es sólo que las redes sociales hayan detonado este conato de revolución. Es que son a su vez el altavoz más efectivo para modular y amplificar su efecto.

Hoy, cuando atravesaba Callao, me dio por pensar: ¿Te imaginas llegar a Sol y descubrir que allí no hay nadie? ¿Te imaginas que toda la revolución sea inmaterial? Que en realidad no esté sucediendo nada en el mundo físico, pero que dé igual. Que el simple hecho de que la gente se meta en internet y lea sobre gente amotinada en Sol ya sea suficiente.

Lo poderoso de esa idea mitigó en gran parte la decepción de lo que me encontré en "La Puerta del Sol del mundo físico".

Ahora mismo tendemos a pensar, por razones lógicas, que si no estás en la "manifa" y te limitas a escribir o twittear desde la comodidad de tu casa, no estás comprometiéndote con la causa. Pero hoy, viendo aquello con mis propios ojos, me he dado cuenta de una cosa:

Esa gente que se ha ido a darlo todo a Sol, son la semilla. Sin ellos no se podría plantar el árbol.

Pero el tronco y las ramas y las hojas del árbol... eso está aquí, en el cyberespacio.

Es aquí donde todos pueden hablar sobre el tema con más facilidad. Los más torpes, los más lúcidos, los más famosos, los más irrelevantes, los más impulsivos, los más inteligentes.

Todos.

Y aquí no habrá ningún antidisturbio que te arrastre hacia la mierda. De hecho, desde aquí, desde las atalayas de internet, muchos pueden arrojar flechas intangibles (pero a pesar de ello venenosas) contra esos antidisturbios y sus jefes.

No os sintáis menos útiles manifestándoos en internet por el simple hecho de que os resulte más sencillo. Nos han aleccionado para que asumamos que lo cómodo es indigno. Según eso, también podríamos deslegitimizar muy fácilmente a la gente que está de acampada en Sol. Os lo aseguro. Yo los he visto: Se lo están pasando bien. Comen lo que la gente les lleva, hablan, se aplauden entre ellos. Se lo pasan bien. ¿¡Debemos concluir que lo que hacen no tiene sentido porque están disfrutándolo!?

¡Todo lo contrario, coño! Si algo te hace disfrutar, si algo te hace sentir que estás donde te gustaría estar en ese momento... ¡¡en eso consiste tener puto sentido!!

Dejémonos de reproches, sacudámonos las maldiciones atávicas. Lo "cómodo" quizá fuese nocivo en otros tiempos, porque no era compatible con el éxito, con la supervivencia. Pero ahora, en las nuevas coyunturas, lo "cómodo" es el mejor aliado de lo... llamémosle "fructífero".

¡Aprovechémoslo! Aprovechémonos del hecho de que ahora cualquiera puede contribuir a una revolución, de la forma más fácil, más honesta posible: desde la intimidad de su propio dormitorio.

Twitter, joder. ¡Y el puto Facebook!

No nos damos cuenta, pero el cyberespacio se está convirtiendo en parte de nuestra geografía. Tiene un millón de equivalencias con el mundo físico. Tiene calles principales y callejuelas poco transitadas. Tiene barrios de buena reputación, barrios a los que sólo puedes acceder si tienes pasta. Y otros barrios en los que es mejor no meterse, o meterse sabiendo lo que haces, o asumiento que estás dispuesto a ver ciertas rarezas.

Quisiera pensar que estas elecciones las va a decidir Twitter, o internet en general.

Quisiera pensar que el cyberespacio contagiará a los otros medios, y eso hará que si hoy fueron 2.000, mañana serán 5.000.

50.000 el viernes.

Que el mundo "material" y el cyber-mundo interaccionen de una manera tan fluida y tan orgánica que con el tiempo nuestras mentes decidan que no tiene sentido separarlos.

¿Quién sabe? Quizá dentro de quinientos años los genes del ser humano habrán asimilado todo esto. Quizá entonces los niños nazcan con la infraestructura de las redes sociales asimilada ya en sus organismos. Unas prolongaciones de los nervios biológicamente adaptadas para vivir el mundo de dos manera simultáneas, en dos dimensiones distintas. Que nuestra concepción de la realidad sea una mezcla de nuestras percepciones en el mundo real y nuestras percepciones en el cyberespacio. Que esta segundas algún día lleguen a ser tan relevantes, o más, que las primeras.

Los que me leéis desde los tiempos de mis blogs más antiguo, los que conocéis mi tendencia a malinterpretar a Jung, quizá me entenderéis si os digo que una parte de mí se pregunta si no estará sucediendo eso desde el principio de los tiempos. Si no serán nuestros cerebros una especie de servidores conectados entre sí, poniéndose de acuerdo para configurar entre todos la realidad del mundo en que vivimos.

HE ABIERTO UN BLOG DE POESÍA

Pues eso. Últimamente vuelve a nacerme lo de juntar versos por aquí y por allá, a ver si eso me desentumece un poco. Muchas veces me freno cuando me entran ganas de escribir poesía, porque me da cosa daros por saco con mis versos en este blog.

Así que he creado un blog exclusivamente para las poesías. Así, el que se meta en él, sabrá a lo que se atiene.

Acabo de escribir una nueva poesía para inaugurar este nuevo espacio, que he bautizado como POESÍA TODO A CIEN, para que los versos no se me suban demasiado a la cabeza.

Para que no esté tan desangelado he colgado también algunos de mis poemas antiguos. No todos. Eso sería demasiado humillante para mí y demasiado tedioso para vosotros. Sólo los necesarios para que el poema nuevo no se sienta demasiado solo, ni demasiado expuesto.

Así que a partir de ahora, si queréis seguir mis pasos titubeantes en el mundillo de los versos, os invito a:

http://poesiatodoacien.blogspot.com


¡Seréis bienvenidos!

jueves, 7 de abril de 2011

ARTÍCULO EN PAPANATOS


Hoy he publicado este artículo en Papanatos.

¡Gracias, Papanatos!

¡Gracias, alienígenas!

MARGARITA


Hoy pongo palabras ajenas. Uno de mis poemas favoritos de Rubén Darío. Por ninguna razón en especial. Simplemente, no me lo puedo quitar de la cabeza desde anoche. Así que lo comparto.

MARGARITA


¿Recuerdas que querías ser una Margarita
Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,
cuando cenamos juntos, en la primera cita,
en una noche alegre que nunca volverá.

Tus labios escarlatas de púrpura maldita
sorbían el champaña del fino baccarat;
tus dedos deshojaban la blanca margarita,
«Sí... no... sí... no...» ¡y sabías que te adoraba ya!

Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías;
tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;
tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías.

Y en una tarde triste de los más dulces días,
la Muerte, la celosa, por ver si me querías,
¡como a una margarita de amor, te deshojó!

viernes, 1 de abril de 2011

GOOD BYE GOYA (inserte aquí su rima fácil) Y MIL COSAS MÁS.


Esto que véis en la foto es el techo de la Ermita de San Antonio, en el Paseo de la Florida. Está pintarrajeado por un tal Francisco de Goya.

Lo gracioso de esta ermita es que tiene una hermana gemela. Una réplica casi exacta que fue construida justo a su lado.

¿Por qué?

Porque la nueva está destinada a dar las misas, mientras que la antigua ha sido convertida en un museo.

Un museo que os animo a visitar, porque:

a) Es gratis. (habéis leído bien. ¡Gratis!)

b) Los frescos de Goya que la decoran son preciosos. Una pincelada tan difusa que casi me atrevería a considerarla un eslabón perdido entre románticos e impresionistas; unos colores muy relajantes; un gran trabajo de perspectiva que aprovecha las curvas de las cúpulas para generar su efecto óptico (algo así como si la Capilla Sixtina tuviese cierta gracia)

c) Porque en esa ermita hay algo más que dibujitos del maestro Goya; algo que no podréis encontrar en cualquier otro lugar. Y os voy a contar cómo descubrí yo ese "algo":

La primera vez que visité la ermita fue un ex-profesor de mi ex-instituto que me llevó allí. Yo estaba demasiado absorto contemplando los frescos. Caminaba mirando al techo en vez de al suelo, y estuve a punto de pisarla:

Estuve a punto de pisar la tumba del mismísimo Goya.

De repente miré al suelo, justo en el último instante, y sentí un hormigueo insoportable. La losa estaba justo a mis pies y, al otro lado de ella, los huesos de uno de los artistas que más he admirado, admiro y admiraré.

Y es que Francisco de Goya (y Lucientes) es, a mi juicio, el romántico más auténtico que ha existido. Porque empezó siendo un ilustrado con una fe ciega en la diosa Razón; porque no "se hizo romántico" por decisión consciente, ni porque "ser romántico" fuera "trending topic".

Se hizo romántico a base de desengaños y de hostias.

Así que ésa es la tercera razón por la que os sugiero que visitéis la ermita. Obviamente, no me refiero al hecho de pisar su tumba, sino al hecho de tener el honor de visitarla.

No obstante, ayer me enteré - gracias a una amiga - de que Goya es la celebridad con más tumbas del mundo. ¡Tiene cuatro tumbas! Eso no quiere decir que esté enterrado en las cuatro a la vez. Lo que ocurre es que sus restos se han movido más que Willie Fog. Ha estado enterrado en Burdeos, en el cementerio de San Isidro, en nosédónde y finalmente, en esa ermita del Paseo de la Florida.

Lo que no sabía (hasta que me lo dijo mi amigo Rafa Alguacil) es que en uno de esos traslados... ¡se perdió el cráneo de Goya! El cuerpo que tenemos enterrado en Madrid es como el caballero de Sleepy Hollow, o como ciertas mujeres: Sólo podemos responder de él "de cuello para abajo".

A mí me gusta pensar que ese cráneo perdido fue utilizado en alguna ceremonia de aquelarre gracias a la cuál el mundo, desde entonces, no ha vuelto a ser el mismo.


¿Por qué cuento todo esto?

Pues porque me voy por las ramas. Se supone que sintetizar forma parte de mi trabajo pero ya se sabe: "En casa de herrero, cuchillo de palo."

Y porque durante los últimos cinco meses he vivido justo al lado de esas dos ermitas gemelas: En la misma calle en la que descansa el cuerpo de Goya.

¡Eso es caché!

El otro día fui a visitar de nuevo la tumba del maestro. No quería marcharme del barrio sin volver a presentarle mis respetos.

La tumba de Goya. Es una de las muchas cosas buenas de este barrio que estoy a punto de dejar.

Otra de esas cosas buenas (además de haber vivido en un muy buen piso con muy buenos compañeros) es la cuestión de los bares. La Cuesta de San Vicente y el Paseo de la Florida tienen una más que aceptable densidad de bares decentes por metro cuadrado.

Cada vez que aterrizo en un sitio, una de las primeras cosas que hago es hacer un reconocimiento de los bares de la zona.

Suelo decirle a los pocos que me preguntan (y también a los pocos que no lo hacen) que para ser buen guionista (o intentarlo) hay que "ir a bares". Es un decir. En realidad me refiero a que hay que vivir, acumular experiencias más allá de las pantallas de cine y televisión; más allá de los monitores de ordenador. Hay que conocer a la gente. Sus miedos, sus aspiraciones, sus inercias...

Algunos adquieren ese bagaje yéndose de voluntarios a la India, o combatiendo en Vietnam. Los escritores de "todo a cien" como yo buscamos alternativas más asequibles.

Para mí las opciones más efectivas para tomarle el pulso a una ciudad, o incluso a una sociedad entera, son las peluquerías y los bares. Hoy por hoy mi hígado parece regenerarse más deprisa que mi pelo, así que la mitad de mi trabajo como guionista la hago en bares.

Entrar en el bar adecuado es puro oro para un contador de historias. Son el mejor ambiente del mundo para pensar. Pides un par de cañas - está bien, seamos sinceros, en mi caso a veces son tres o cuatro cañas - y simplemente te pones a escuchar. Oyes las conversaciones entre los parroquianos y el camarero, les escuchas hablar de sus hijos, de sus maneras de afrontar "la crisis", de sus equipos de fútbol favoritos... Ves lo que los camareros sintonizan en las teles de sus bares, y eso te da una idea muy precisa de lo que le interesa a la gente...

Por todo ello suelo irme a los bares a pensar. Y también porque me encantan los bares en sí mismos, ¡pa qué mentir!

Si algún guionista tiene pensado mudarse a esta zona de Príncipe Pío y quiere recomendaciones de bares, ¡que se ponga en contacto conmigo!

¡Pero me vuelvo a ir por las ramas!

¿Por qué me marcho de un barrio tan apetecible como éste?

Pues porque a partir de ahora viviré en el que posiblemente es mi barrio favorito de Madrid. A partir de ahora os escribiré desde esta plaza:


Con el tiempo me he ido convirtiendo en un auténtico "talibán" del centro de Madrid. Tengo clarísimo que quiero vivir en una zona céntrica de la capital, ya cada vez tengo más claros los límites de lo que considero el auténtico Madrid:

- Más allá del viaducto de Segovia, se termina Madrid.

- Más allá del cruce subterráneo de Plaza de España, se termina Madrid.


- Más allá de la Plaza de los Cubos, se termina Madrid.
- Más allá de la Castellana, se termina Madrid.

- Más allá de Canal, Colón, Alonso Martínez... se termina Madrid.


Si tenemos eso en cuenta, lo de mudarme a Chamberí implica que a partir de la semana que viene volveré a vivir en Madrid, después de varios años. A pesar de los muchos buenos recuerdos que me llevo de este barrio en el que he compartido calle con Goya y con otra buena gente durante los últimos meses, tengo ganas de "volver a la capital".

Me ha salido un post un poco largo, ¿eh? Se nota que tras tanto tiempo sin actualizar se me ha olvidado cómo ser breve, o semi-breve, ¿eh? ¡Pues aún no he terminado! ¿Os creíais que después de tantas semanas de silencio iba a dejar de escribir tan pronto? ¡No! Voy a contar otro par de cositas, para los pocos que tengáis el tiempo y la paciencia suficientes para continuar leyendo esta entrada:

LOS MENDIGOS.


Es algo que me obsesiona desde hace tiempo. Y hace poco mi interés por el tema se vio reavivado a causa de una anécdota personal y, un par de días después, también a causa de la lectura de la novela "Animales de compañía" de Rubén Ballestar Urbán - que, dicho sea de paso, recomiendo muy encarecidamente -.

Me intrigan mucho los mendigos. Desde hace mucho tiempo.

¿Cómo surgen? ¿Cómo pasa alguien de ser una persona "acogida por el sistema" a ser un homeless que yace en la cuneta? A veces imagino qué concatenación de circunstancias podría conseguir que alguien como yo acabase viviendo en la calle como toda esa gente con la que me cruzo a diario. Me viene a la cabeza tanta gente a la que podría acudir en busca de ayuda antes del batazazo definitivo, que me resulta muy difícil imaginarme en una situación así. Cuando - a pesar de ello - consigo imaginarme en esa situación, se me pone la piel de gallina.

¿Cómo se crea un vagabundo? ¿Gente alcohólica? ¿Gente que se vuelve loca? ¿Gente que tiene demasiada poca gente a la que acudir antes de acabar fundiéndose con los adoquines de la acera? ¿Gente que nació en ese mundo y se vio avocada a él desde el primer instante? ¿Gente que interpreta un papel para recaudar dinero, rindiendo cuenta a mafias muy oscuras, casi subterráneas?

Quizá todas las respuestas sean válidas. Quizá todas convivan.

De un modo u otro, es un misterio que me conmueve y me remueve las entrañas como remueve su estofado el cucharón de la bruja que secuestró a Hansel y Gretel.

Hay un mendigo que se pone a pedir en una esquina de mi barrio actual. Cuando empezó a tender la mano en ese sitio concreto me llamó la atención, porque parecía un tipo normal: Ropa limpia, bien peinado, cuarenta y tantos años, bigote, cierto aire de dignidad y compostura. Uno pensaba: ¿Por qué se pone a pedir limosna un tipo que no parece en absoluto un indigente?

Lo veía plantado en su puesto de limosneo, un día tras otro. Y le ignoraba. Intento ignorar a los mendigos. Sé que no le puedo dar limosna a todos (para hacerlo tendría que dilapidar todos mis ahorros, cosa que mi egoísmo me impide) y, por otra parte, estoy un poco "tocado" con ese tema. Desde hace años mucha gente me ha "reprochado" (más en serio o más en broma) que le doy demasiado dinero a la gente que pide: Me han regañado por ello ex novias, ex "ligues", amigos, ex-compañeros de piso... Al final llega un momento en que uno hace el esfuerzo de insensibilizarse. Tengo el firme propósito de no dar más de un par de limosnas por semana, eurillo más, eurillo menos.

El caso es que llevaba muchos días sin encontrarme con ese mendigo limpio y digno, tan parecido a un ciudadano normal y corriente. Y hace unos días me lo volví a encontrar, en el mismo sitio. Y estaba visiblemente más deteriorado. El mismo traje, pero más sucio, más arrugado, más víctima de dormir a la intemperie. El mismo rostro, pero con la barba sin afeitar, creciendo desordenada como un "trigal con cuervos". La piel llena de mugre.

Me impactó muchísimo.

Fue como asistir en vivo y en directo al proceso de degradación de un mendigo. A ese antes y después en el que normalmente no solemos pensar.

Damos por hecho a los mendigos. Les observamos como si siempe hubiesen estado ahí. Como si formasen parte del mobiliario urbano, como los semáforos y las farolas. Como los adoquines de las aceras. Brotando como setas.

Solemos aceptar - sin ponerla en tela de juicio - esa opinión generalizada de que los mendigos son gente inútil que no cumple ninguna función en nuestra sociedad. "¡Búscate un trabajo, holgazán!"

Yo discrepo.

Creo que los mendigos están ahí para desentumecer a una región de nuestra alma que suele anestesiarse con demasiada facilidad. Creo que desempeñan la utilísima función de "incomodar". Creo que son los coachs, los entrenadores del músculo de nuestra solidaridad. Si una de cada veinte veces consiguen que aflojemos una moneda de mierda, haciéndonos pensar que "hay alguien que a lo mejor la necesita más que yo", ya están cumpliendo una importante labor espiritual en nuestro mundo.

Y estoy seguro de que ellos preferirían estar cumpliendo cualquier otra función.

Ahí está, en mi opinión, la verdadera utilidad de los mendigos. Y me da igual que el mendigo en cuestión sea pobre de verdad, me da igual que esté fingiendo una cojera que no tiene, o que forme parte de una red mafiosa: Está cumpliendo una función en esta sociedad enferma aunque - al mismo tiempo - sea uno de los síntomas de dicha enfermedad social.

No sé cuál de nuestros Papas dijo aquello de: "Dejaros engañar por los pobres de vez en cuando." Es una frase a la que recurro cada vez alguien me acusa de ser demasiado tonto o demasiado iluso por "dejarme estafar" cuando le doy limosna a un mendigo. Si de vez en cuando le doy un par de monedas a un mendigo, no es porque me haya engañado.

Y no nos engañemos nosotros tampoco: Casi todos los que leemos esto somos gente que tiene dinero para comer y beber hasta reventar. Dormimos bajo techo, y calentitos. Cuando le damos a un homeless (o incluso a un falso homeless) un euro, o cincuenta céntimos, o veinte... ¿quién está estafando a quién?

No me avergüenzo en absoluto cuando reconozco que la mayor parte de las veces doy dinero a los mendigos por razones más egoístas que altruistas. Me siento mejor conmigo mismo cuando le doy un trozo de chatarra a otra persona. Es como poner una tirita para tapar las mezquindades de mi alma (durante muy poco tiempo)

A veces cuento la anécdota de aquella vez que bajaba por la calle de Alcalá con un fortísimo dolor de cabeza. Me crucé con una mendiga y sentí el impulso de darle todo el dinero que llevaba en el bolsillo (unos diez euros) para aligerarme de un peso invisible. Y mi dolor de cabeza se disipó en menos de un minuto.

En fin... Después de esta parrafada kilométrica sí que va llegando la hora de terminar esta entrada...

¡¡Pues no!! ¡Quebrantemos las inquebrantables leyes de los blogs! ¡Voy a seguir contando cosas! Los que todavía conservéis un ápice de paciencia y un ápice de resistencia en las retinas, ¡¡seguidme!!

RODARI


Me estoy leyendo la "Gramática de la fantasía" de Gianni Rodari. Era una asignatura que tenía pendiente desde que me la recomendaron personas tan de fiar con Bego, Rubentxo o Mar.

Llevo leída poco más de la mitad del libro, y me está gustando a muchos niveles. Me parece una lectura bastante refrescante (incluso liberadora) para todo aquél que esté acostumbrado a leer manuales sobre "cómo escribir guiones" o sobre "cómo contar historias" en general.

Si habéis consultado dos o tres libros sobre guión o narrativa, habréis encontrado una enfermiza obsesión por la estructura, una apuesta por la limpieza casi antiséptica. Una tendencia a convertir las cabañas de los cuentos en habitaciones de hospital. Una oda a la "eficacia" que, sin ni mucho menos pretenderlo, consigue que la gente relegue a un escalón secudario todo aquello que tiene que ver con la imaginación más primaria, con la capacidad de soñar...

Yo, personalmente, esos manuales "estructuralistas" los considero tan útiles como peligrosos (quizá - lo reconozco - incluso más útiles que peligrosos). Me parecen un arma de doble filo. Creo que nos animan a diseñar el bosque antes de haber sembrado los árboles. Y, al igual que en el caso del Diablo, creo que gran parte de su peligro reside en que, como decía, son condenadamente útiles, sencillos, tentadores... en tanto en cuanto se basan en mecanismos psicológicos y perceptuales que casi todos los seres humanos compartimos.

La Gramática Fantástica de Rodari me parece un soplo de aire fresco entre tanta tendencia al dogma (un soplo de aire fresco que, de hecho, fue escrito mucho antes que casi todos los manuales de guión)

¡Y en ningún momento contradice todos esos manuales!

Simplemente nos invita a recorrer senderos que los demás dejan de lado. Senderos olvidados.

Rodari también nos habla de vez en cuando de estructuras (estructuras aún más primarias que las que solemos manejar hoy en día. Estructuras procedentes de los ritos iniciáticos de hombres prehistóricos; cavernícolas que todavía residen en nuestras entrañas y con los que seguimos en contacto a través de cuentos, Biblias, supersticiones, cábalas y demás sistemas de símbolos que siguen presentes - e incluso omnipresentes - en nuestra cultura actual. Estructuras basadas en arquetipos que se la ponen tiesa al groopie junguiano que hay en mí)

Leer a Rodari es hacer un alto para almorzar en un entrañable bar de carretera. Interrumpir durante unas horas nuestro viaje en la autopista de "cómo organizar nuestras historias" para recordar dónde tenemos que buscar los ladrillos con las que se construyen. Recordar que ninguna arquitectura, por compleja o (mejor todavía) simple que sea, merecerá la pena si no la alimentamos con ideas poderosas, de ésas que surgen merced a esa chispa irracional, a ese eco que conecta nuestra mente con los rincones más íntimos de nuestras vísceras, o con la magia más poderosa de nuestros ancestros.

Por si fuera poco, el cabrón de Rodari me provoca con sus juegos creativos. Hace que me entren ganas de retomar aquella sección de los Conceptos Absurdos que fue creciendo como un hongo en este blog.

De pronto restallan imágenes en mi mente. Imágenes repletas de entrañable estupidez.

Pienso, por ejemplo, en una pistola. Una pistola que tiene un handicap: El percutor ha sido forjado con metales demasiado "nobles" y, por lo tanto, es excesivamente educado. Eso impide que la pistola pueda disparar sus balas de cualquier manera. Porque para que una bala se dispare, es indispensable que el percutor la golpee por detrás con mucha fuerza. Y nuestro percutor, en cambio, golpea con mucha discreción, como llamando a una puerta, muy prudentemente: "Toc, toc, toc... toc, toc, toc...". ¡Un desastre! El percutor sólo golpea con la fuerza necesaria cuando se trata de balas con las que tiene mucha confianza. Así que para poder disparar una bala con esa pistola, el percutor ha tenido que conocerla previamente durante un tiempo. Bala y percutor tienen que haber mantenido conversaciones nocturnas. Tienen que haberse contado muchas confidencias. Tienen que haberse convertido casi en hermanos... Y eso es una putada, porque cuando el percutor llama a la puerta de la bala con fuerza, haciendo gala de tanta confianza... ¡¡La dispara!! Y ya sabéis vosotros que ese disparo implica la destrucción de la bala. Cada vez que el percutor consigue provocar un disparo, pierde a una amiga. Y se le rompe el corazón.

Pienso también en unos zapatos cuyas plantillas tienen la capacidad de leer las plantas de los pies. Del mismo modo en que los quiromantes pueden leer las líneas de la mano, estos zapatos leen las líneas de los pies. Te los pones y... ¡zas! De repente esos zapatos conocen tu pasado, tu presente, tu futuro, tus inseguridades, tus anhelos... Y si luego otra persona se pone esos zapatos, podrá conocer también ese pasado tuyo, ese presente, ese futuro, esos anhelos, esas inseguridades... O peor todavía: Se habrá contagiado. Será poseído, sin saber cómo, por tu pasado, tu presente, tu futuro, tus anhelos, tus inseguridades...

¡Vale! ¡Vale! ¡Ya termino! Esto es lo último:

GRITOS



Hace ya cuatro años que estrenamos nuestra película "Gritos en el Pasillo". Inexplicablemente, después de tantos años, la peli sigue despertando ecos por aquí y por allá.

El otro día nos hicieron una agradabilísima entrevista sobre el tema para el programa "Mind Shaker" de NEOX. No sé cuándo lo pondrán. Nos entrevistaron a Raúl López Serrano (director artístico), Alberto López Garrido (productor) y a mí. Fue muy curioso tener que volver a hablar sobre ciertas cosas después de tanto tiempo. Puro flashback. Pura magdalena - o cacahuete - de Proust.

Por otra parte, esta mañana recibí un comentario muy amigable de alguien que vio hace poco Gritos en el Pasillo en un festival de México. Yo no tenía ni idea de que la peli se había visto por aquellos lares. Me hizo ilusión. Ya sabéis que me gusta mucho ver cómo esa cosita tan pequeña que engendramos hace cuatro años se mueve ahora por el mundo sin necesidad de que nosotros la llevemos de la mano.

Emancipada.

México, por otra parte, es un país que cada vez me cae mejor. Es posiblemente el país en el que mejor están tratando nuestra película "" (guión mío dirigido, producido y editado por César del Álamo)

También es posiblemente el sitio del que nos escriben más fans del programa de televisión en el que trabajo (Vaya Semanita)

Y, por si fuera poco, es el país de la salsa mole, el tequila José Cuervo y el gran José Alfredo.