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martes, 15 de septiembre de 2009

AL FIN ATERRIZANDO


Me resisto a creerlo, pero todo parece indicar que es cierto: Eso que ven en la foto es mi nueva habitación, en mi nuevo piso de Amara, y me aseguran que no tendré más mudanzas hasta final de temporada.

Mi nueva compañera de piso es encantadora. Y el piso está genial. Un poco viejo, con una cocina tamaño armario sin estractor de humos, un solo baño para dos personas, un suelo de madera que cruje y que rechina y una decena de puertas que se abren solas si las dejas entornadas, haciéndote llegar a la conclusión de que la casa está enclinada hacia todos los lados al mismo tiempo.

Pero a pesar de todo eso es un piso mucho mejor de lo que esperaba. Muy amplio, relativamente luminoso... ¡y con una tienda de chinos a menos de cinco metros!

Como puede apreciarse en la foto, la habitación es una de las más espaciosas que he conocido en esta ciudad. Tengo cama de matrimonio (¡ya sabéis, nenas! ¡Hay espacio de sobra para más de uno!), demasiados armarios para tan poca ropa, mesita para el portátil, una mesa adicional para dibujar de vez en cuando, un botellín de cerveza... ¿Qué más puede necesitar un ser humano?

Por si eso fuera poco, tengo un par de estanterías que pienso atiborrar de dinosaurios de plástico. Por fin he podido desempaquetar los saurios que me regalaron en Madrid. También he comprado unos cuantos en el chino de al lado. Cuando el chino de la tienda me vio comprando ese arsenal de monstruos de plástico quiso regalarme pegatinas infantiles para que se las diese a mis críos.

- No... No tengo niños en casa...

(el chino señala los dinosaurios de plástico que me acaba de cobrar)

- Ah, no... Son... para otra cosa...

(el chino me mira sin comprender)

- Déjelo... No es fácil de explicar... (esta última frase la pronuncié con la mirada)

Cuando compras cosas para ti y el resto de la gente cree que las estás comprando para tus hijos o tus sobrinos... es que has caído muy bajo.

Os dejo aquí unas fotos de los nuevos saurios. En ellas brillan con luz propia el asombrosamente bien modelado pachycephalosaurio que me regaló Raúl y el regimiento de pequeñines que me regaló César, entre los cuáles se pueden encontrar desde tripceratops hasta plesiosaurios. Y pterosaurios, brachiosaurios... ¡¡¡E incluso mamíferos!!! ¡Que el lote contenía un mamut y un tigre dientes de sable! Que aunque no sean dinosaurios, de momento los conservo ahí, por puro cariño.

A ver si un día de estos los fotografío y los describo con más detalle. Hoy no tengo moral ni luz para obtener nada mejor que estas fotos desenfocadas y cutres a lo "imitador barato de David Lynch".