Porque esta historia de amor no es algo nuevo. Viene de largo, os lo aseguro.
Me cruzaba con ella cada día, cuando iba hacia el trabajo... cuando volvía del curro.
Era preciosa. Pero bastaba mirarla de reojo para llegar a la conclusión de que Dios la había diseñado para alguien muchísimo más digno que el fantoche que escribe estas palabras.
Los que conocéis mi forma de latir en esta clase de situaciones lo sabéis: Esta zorra no es mi tipo. Es más alta que las que me suelen gustar. Más objetivamente guapa. Más sofisticada. De más buena familia. "Excesivamente" buena...
La tentación de cortejarla, al principio, se redujo a un picor molesto y leve en el rincón más titubeante de mi alma. Pero una jornada laboral es algo gris, y si la ves a ella cada vez que vas o vuelves del trabajo... se te meten un centenar de ideas locas debajo del sombrero... y cierto día, el día más insospechado... sales a la calle con el humilde propósito de sacar la basura, pero llevas suficiente dinero en el bolsillo para poder pagarla...
... para poder pagar el precio de una tan cara como ella...
Os juro que nunca he pagado tanto por ninguna. Jamás pagué ese dineral por una figura. Pero siempre hay una primera vez:
Es preciosa, ¿¡Verdad!? ¡Mirad ese morrito afilado! Esas escamas tan bien detalladas. ¡Ese cuerpazo! Quizá necesite algún que otro masaje en la espalda, pero ese espinosaurio está de suerte. Me encanta dar masajes.
Nuestros comienzos han sido un poco accidentados. La pobre estaba en el extremo más inaccesible del escaparate. La dependienta ha tenido que hacer auténticas labores de contorsionismo para poder sacarla de su vitrina. Incluso me vi obligado a dejar propina para agradecer tanto esfuerzo.
Sé que nuestra unión va a ser problemática. Creo que mi habitación le resulta pequeña. Creo que mis demás amigos prehistóricos no la aprueban, porque le tienen envidia; porque creen que fijándome en ella he perdido el norte y he traicionado mi esencia. Por alguna estúpida razón no confían en que pueda combinar mi veneración hacia ella con mi cariño incorruptible hacia ellos.
Y por no hablar de la cuestión geográfica. Tarde o temprano tendré que mudarme a algún otro lugar, y no será fácil llevarla conmigo sin renunciar a ciertas cosas... (cosas como más espacio en mis maletas)
Pero qué queréis que os diga... El amor es ilógico, impredecible y más cabrón que un gremlin alimentado después de medianoche.
Y pensar que yo siempre soñé con un tiranosaurio... Pero la vida transcurre por carreteras sinuosas y héteme aquí. ¡Zaass! Enamorado de un puto espinosaurio.
Pero la vida es así. Ya tengo a unos cuantos tiranosaurios en mi curriculum. Y los adoro. Pero ninguno le llegaba a las suelas de los espino-zapatos a esto: