Mostrando entradas con la etiqueta Acaban de llamar a la puerta y supongo que serán un par de agentes de Policía o unos señores de blanco que traen una camisa de fuerza. Mostrar todas las entradas
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jueves, 17 de septiembre de 2009

EL DILEMA INCÓMODO QUE HARÁ QUE ME ENCIERREN EN LA CÁRCEL


El otro día, en el curro, se me ocurrió un curioso dilema que (evidentemente) hizo que mis compañeros me mirasen con cara incluso más rara de lo habitual (y se apresurasen a llamar a la Policía)

El dilema es el siguiente:

¿Qué sería más lícito y/u horripilante? ¿Tener relaciones sexuales con un cuerpo de niña de ocho años a la que le han transplantado el cerebro de una mujer de treinta años, o tener sexo con una mujer de treinta años que ha permanecido en coma durante veintidós años y que, por tanto, tiene la mentalidad de una niña de ocho años?

En el primer caso la niña de ocho años (con el cerebro trasplantado) conservaría todos los recuerdos de sus treinta años de vida, así que en principio tendría madurez suficiente para una relación sexual. Quizá su cuerpo no estaría preparado para la penetración, pero podría practicar el sexo oral y algún que otro jueguecillo tántrico, con plena consciencia de lo que está haciendo, y con plena capacidad para disfrutar de ello.

En el segundo caso, el cuerpo de la mujer estaría biológicamente preparado para mantener relaciones sexuales, pero su mente es la de una niña y, por lo tanto, a lo mejor le traumatiza enfrentarse al acto sexual, así de sopetón.

Y supongo que existirán variables que uno no tiene en cuenta a bote pronto. Puede que el organismo y la mente estén tan compenetrados que si pones un cerebro treintañero en un cuerpo infantil, el cerebro se infantiliza. Y puede que un cuerpo de treinta años, por muchos ocho años de mentalidad que encierre, segregue unas hormonas que preparan a la individua para cumplir su función natural reproductiva en tiempo récord.

O puede que el cerebro de una mujer de treinta años sea demasiado grande para el cráneo de una niña de ocho, y puede que a esa niña le pase lo mismo que a los doberman: las paredes del cráneo apretujarán la masa encefálica y la niña se volverá loca, agresiva... e intentará matarte mientras intentas acostarte con ella.

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