
He pasado la mitad de mi Semana Santa en Granada.
El viernes di un paseo con mi padre. Un paseo precioso, a través de algunos de los lugares nás hermosos y pintorescos de Granada.
Lamento decir que ciertas preocupaciones abstractas y cierto estress resultante de proyectarme en exceso hacia el futuro impidieron que disfrutase del paseo tan plenamente como hubiese deseado.
Las letras que deseo transcribir en esta entrada me las encontré al principio del paseo, grabadas en cierta placa que colgaba de cierta pared de cierta calle. Son unos versos del poeta Luis Rosales, amparados bajo el título de Autobiografía. Versos que, por alguna extraña (o no tan extraña) razón me hicieron sentir escalofriantemente identificado:
"Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería."