miércoles, 18 de mayo de 2011

HE ABIERTO UN BLOG DE POESÍA

Pues eso. Últimamente vuelve a nacerme lo de juntar versos por aquí y por allá, a ver si eso me desentumece un poco. Muchas veces me freno cuando me entran ganas de escribir poesía, porque me da cosa daros por saco con mis versos en este blog.

Así que he creado un blog exclusivamente para las poesías. Así, el que se meta en él, sabrá a lo que se atiene.

Acabo de escribir una nueva poesía para inaugurar este nuevo espacio, que he bautizado como POESÍA TODO A CIEN, para que los versos no se me suban demasiado a la cabeza.

Para que no esté tan desangelado he colgado también algunos de mis poemas antiguos. No todos. Eso sería demasiado humillante para mí y demasiado tedioso para vosotros. Sólo los necesarios para que el poema nuevo no se sienta demasiado solo, ni demasiado expuesto.

Así que a partir de ahora, si queréis seguir mis pasos titubeantes en el mundillo de los versos, os invito a:

http://poesiatodoacien.blogspot.com


¡Seréis bienvenidos!

jueves, 7 de abril de 2011

ARTÍCULO EN PAPANATOS


Hoy he publicado este artículo en Papanatos.

¡Gracias, Papanatos!

¡Gracias, alienígenas!

MARGARITA


Hoy pongo palabras ajenas. Uno de mis poemas favoritos de Rubén Darío. Por ninguna razón en especial. Simplemente, no me lo puedo quitar de la cabeza desde anoche. Así que lo comparto.

MARGARITA


¿Recuerdas que querías ser una Margarita
Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,
cuando cenamos juntos, en la primera cita,
en una noche alegre que nunca volverá.

Tus labios escarlatas de púrpura maldita
sorbían el champaña del fino baccarat;
tus dedos deshojaban la blanca margarita,
«Sí... no... sí... no...» ¡y sabías que te adoraba ya!

Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías;
tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;
tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías.

Y en una tarde triste de los más dulces días,
la Muerte, la celosa, por ver si me querías,
¡como a una margarita de amor, te deshojó!

viernes, 1 de abril de 2011

GOOD BYE GOYA (inserte aquí su rima fácil) Y MIL COSAS MÁS.


Esto que véis en la foto es el techo de la Ermita de San Antonio, en el Paseo de la Florida. Está pintarrajeado por un tal Francisco de Goya.

Lo gracioso de esta ermita es que tiene una hermana gemela. Una réplica casi exacta que fue construida justo a su lado.

¿Por qué?

Porque la nueva está destinada a dar las misas, mientras que la antigua ha sido convertida en un museo.

Un museo que os animo a visitar, porque:

a) Es gratis. (habéis leído bien. ¡Gratis!)

b) Los frescos de Goya que la decoran son preciosos. Una pincelada tan difusa que casi me atrevería a considerarla un eslabón perdido entre románticos e impresionistas; unos colores muy relajantes; un gran trabajo de perspectiva que aprovecha las curvas de las cúpulas para generar su efecto óptico (algo así como si la Capilla Sixtina tuviese cierta gracia)

c) Porque en esa ermita hay algo más que dibujitos del maestro Goya; algo que no podréis encontrar en cualquier otro lugar. Y os voy a contar cómo descubrí yo ese "algo":

La primera vez que visité la ermita fue un ex-profesor de mi ex-instituto que me llevó allí. Yo estaba demasiado absorto contemplando los frescos. Caminaba mirando al techo en vez de al suelo, y estuve a punto de pisarla:

Estuve a punto de pisar la tumba del mismísimo Goya.

De repente miré al suelo, justo en el último instante, y sentí un hormigueo insoportable. La losa estaba justo a mis pies y, al otro lado de ella, los huesos de uno de los artistas que más he admirado, admiro y admiraré.

Y es que Francisco de Goya (y Lucientes) es, a mi juicio, el romántico más auténtico que ha existido. Porque empezó siendo un ilustrado con una fe ciega en la diosa Razón; porque no "se hizo romántico" por decisión consciente, ni porque "ser romántico" fuera "trending topic".

Se hizo romántico a base de desengaños y de hostias.

Así que ésa es la tercera razón por la que os sugiero que visitéis la ermita. Obviamente, no me refiero al hecho de pisar su tumba, sino al hecho de tener el honor de visitarla.

No obstante, ayer me enteré - gracias a una amiga - de que Goya es la celebridad con más tumbas del mundo. ¡Tiene cuatro tumbas! Eso no quiere decir que esté enterrado en las cuatro a la vez. Lo que ocurre es que sus restos se han movido más que Willie Fog. Ha estado enterrado en Burdeos, en el cementerio de San Isidro, en nosédónde y finalmente, en esa ermita del Paseo de la Florida.

Lo que no sabía (hasta que me lo dijo mi amigo Rafa Alguacil) es que en uno de esos traslados... ¡se perdió el cráneo de Goya! El cuerpo que tenemos enterrado en Madrid es como el caballero de Sleepy Hollow, o como ciertas mujeres: Sólo podemos responder de él "de cuello para abajo".

A mí me gusta pensar que ese cráneo perdido fue utilizado en alguna ceremonia de aquelarre gracias a la cuál el mundo, desde entonces, no ha vuelto a ser el mismo.


¿Por qué cuento todo esto?

Pues porque me voy por las ramas. Se supone que sintetizar forma parte de mi trabajo pero ya se sabe: "En casa de herrero, cuchillo de palo."

Y porque durante los últimos cinco meses he vivido justo al lado de esas dos ermitas gemelas: En la misma calle en la que descansa el cuerpo de Goya.

¡Eso es caché!

El otro día fui a visitar de nuevo la tumba del maestro. No quería marcharme del barrio sin volver a presentarle mis respetos.

La tumba de Goya. Es una de las muchas cosas buenas de este barrio que estoy a punto de dejar.

Otra de esas cosas buenas (además de haber vivido en un muy buen piso con muy buenos compañeros) es la cuestión de los bares. La Cuesta de San Vicente y el Paseo de la Florida tienen una más que aceptable densidad de bares decentes por metro cuadrado.

Cada vez que aterrizo en un sitio, una de las primeras cosas que hago es hacer un reconocimiento de los bares de la zona.

Suelo decirle a los pocos que me preguntan (y también a los pocos que no lo hacen) que para ser buen guionista (o intentarlo) hay que "ir a bares". Es un decir. En realidad me refiero a que hay que vivir, acumular experiencias más allá de las pantallas de cine y televisión; más allá de los monitores de ordenador. Hay que conocer a la gente. Sus miedos, sus aspiraciones, sus inercias...

Algunos adquieren ese bagaje yéndose de voluntarios a la India, o combatiendo en Vietnam. Los escritores de "todo a cien" como yo buscamos alternativas más asequibles.

Para mí las opciones más efectivas para tomarle el pulso a una ciudad, o incluso a una sociedad entera, son las peluquerías y los bares. Hoy por hoy mi hígado parece regenerarse más deprisa que mi pelo, así que la mitad de mi trabajo como guionista la hago en bares.

Entrar en el bar adecuado es puro oro para un contador de historias. Son el mejor ambiente del mundo para pensar. Pides un par de cañas - está bien, seamos sinceros, en mi caso a veces son tres o cuatro cañas - y simplemente te pones a escuchar. Oyes las conversaciones entre los parroquianos y el camarero, les escuchas hablar de sus hijos, de sus maneras de afrontar "la crisis", de sus equipos de fútbol favoritos... Ves lo que los camareros sintonizan en las teles de sus bares, y eso te da una idea muy precisa de lo que le interesa a la gente...

Por todo ello suelo irme a los bares a pensar. Y también porque me encantan los bares en sí mismos, ¡pa qué mentir!

Si algún guionista tiene pensado mudarse a esta zona de Príncipe Pío y quiere recomendaciones de bares, ¡que se ponga en contacto conmigo!

¡Pero me vuelvo a ir por las ramas!

¿Por qué me marcho de un barrio tan apetecible como éste?

Pues porque a partir de ahora viviré en el que posiblemente es mi barrio favorito de Madrid. A partir de ahora os escribiré desde esta plaza:


Con el tiempo me he ido convirtiendo en un auténtico "talibán" del centro de Madrid. Tengo clarísimo que quiero vivir en una zona céntrica de la capital, ya cada vez tengo más claros los límites de lo que considero el auténtico Madrid:

- Más allá del viaducto de Segovia, se termina Madrid.

- Más allá del cruce subterráneo de Plaza de España, se termina Madrid.


- Más allá de la Plaza de los Cubos, se termina Madrid.
- Más allá de la Castellana, se termina Madrid.

- Más allá de Canal, Colón, Alonso Martínez... se termina Madrid.


Si tenemos eso en cuenta, lo de mudarme a Chamberí implica que a partir de la semana que viene volveré a vivir en Madrid, después de varios años. A pesar de los muchos buenos recuerdos que me llevo de este barrio en el que he compartido calle con Goya y con otra buena gente durante los últimos meses, tengo ganas de "volver a la capital".

Me ha salido un post un poco largo, ¿eh? Se nota que tras tanto tiempo sin actualizar se me ha olvidado cómo ser breve, o semi-breve, ¿eh? ¡Pues aún no he terminado! ¿Os creíais que después de tantas semanas de silencio iba a dejar de escribir tan pronto? ¡No! Voy a contar otro par de cositas, para los pocos que tengáis el tiempo y la paciencia suficientes para continuar leyendo esta entrada:

LOS MENDIGOS.


Es algo que me obsesiona desde hace tiempo. Y hace poco mi interés por el tema se vio reavivado a causa de una anécdota personal y, un par de días después, también a causa de la lectura de la novela "Animales de compañía" de Rubén Ballestar Urbán - que, dicho sea de paso, recomiendo muy encarecidamente -.

Me intrigan mucho los mendigos. Desde hace mucho tiempo.

¿Cómo surgen? ¿Cómo pasa alguien de ser una persona "acogida por el sistema" a ser un homeless que yace en la cuneta? A veces imagino qué concatenación de circunstancias podría conseguir que alguien como yo acabase viviendo en la calle como toda esa gente con la que me cruzo a diario. Me viene a la cabeza tanta gente a la que podría acudir en busca de ayuda antes del batazazo definitivo, que me resulta muy difícil imaginarme en una situación así. Cuando - a pesar de ello - consigo imaginarme en esa situación, se me pone la piel de gallina.

¿Cómo se crea un vagabundo? ¿Gente alcohólica? ¿Gente que se vuelve loca? ¿Gente que tiene demasiada poca gente a la que acudir antes de acabar fundiéndose con los adoquines de la acera? ¿Gente que nació en ese mundo y se vio avocada a él desde el primer instante? ¿Gente que interpreta un papel para recaudar dinero, rindiendo cuenta a mafias muy oscuras, casi subterráneas?

Quizá todas las respuestas sean válidas. Quizá todas convivan.

De un modo u otro, es un misterio que me conmueve y me remueve las entrañas como remueve su estofado el cucharón de la bruja que secuestró a Hansel y Gretel.

Hay un mendigo que se pone a pedir en una esquina de mi barrio actual. Cuando empezó a tender la mano en ese sitio concreto me llamó la atención, porque parecía un tipo normal: Ropa limpia, bien peinado, cuarenta y tantos años, bigote, cierto aire de dignidad y compostura. Uno pensaba: ¿Por qué se pone a pedir limosna un tipo que no parece en absoluto un indigente?

Lo veía plantado en su puesto de limosneo, un día tras otro. Y le ignoraba. Intento ignorar a los mendigos. Sé que no le puedo dar limosna a todos (para hacerlo tendría que dilapidar todos mis ahorros, cosa que mi egoísmo me impide) y, por otra parte, estoy un poco "tocado" con ese tema. Desde hace años mucha gente me ha "reprochado" (más en serio o más en broma) que le doy demasiado dinero a la gente que pide: Me han regañado por ello ex novias, ex "ligues", amigos, ex-compañeros de piso... Al final llega un momento en que uno hace el esfuerzo de insensibilizarse. Tengo el firme propósito de no dar más de un par de limosnas por semana, eurillo más, eurillo menos.

El caso es que llevaba muchos días sin encontrarme con ese mendigo limpio y digno, tan parecido a un ciudadano normal y corriente. Y hace unos días me lo volví a encontrar, en el mismo sitio. Y estaba visiblemente más deteriorado. El mismo traje, pero más sucio, más arrugado, más víctima de dormir a la intemperie. El mismo rostro, pero con la barba sin afeitar, creciendo desordenada como un "trigal con cuervos". La piel llena de mugre.

Me impactó muchísimo.

Fue como asistir en vivo y en directo al proceso de degradación de un mendigo. A ese antes y después en el que normalmente no solemos pensar.

Damos por hecho a los mendigos. Les observamos como si siempe hubiesen estado ahí. Como si formasen parte del mobiliario urbano, como los semáforos y las farolas. Como los adoquines de las aceras. Brotando como setas.

Solemos aceptar - sin ponerla en tela de juicio - esa opinión generalizada de que los mendigos son gente inútil que no cumple ninguna función en nuestra sociedad. "¡Búscate un trabajo, holgazán!"

Yo discrepo.

Creo que los mendigos están ahí para desentumecer a una región de nuestra alma que suele anestesiarse con demasiada facilidad. Creo que desempeñan la utilísima función de "incomodar". Creo que son los coachs, los entrenadores del músculo de nuestra solidaridad. Si una de cada veinte veces consiguen que aflojemos una moneda de mierda, haciéndonos pensar que "hay alguien que a lo mejor la necesita más que yo", ya están cumpliendo una importante labor espiritual en nuestro mundo.

Y estoy seguro de que ellos preferirían estar cumpliendo cualquier otra función.

Ahí está, en mi opinión, la verdadera utilidad de los mendigos. Y me da igual que el mendigo en cuestión sea pobre de verdad, me da igual que esté fingiendo una cojera que no tiene, o que forme parte de una red mafiosa: Está cumpliendo una función en esta sociedad enferma aunque - al mismo tiempo - sea uno de los síntomas de dicha enfermedad social.

No sé cuál de nuestros Papas dijo aquello de: "Dejaros engañar por los pobres de vez en cuando." Es una frase a la que recurro cada vez alguien me acusa de ser demasiado tonto o demasiado iluso por "dejarme estafar" cuando le doy limosna a un mendigo. Si de vez en cuando le doy un par de monedas a un mendigo, no es porque me haya engañado.

Y no nos engañemos nosotros tampoco: Casi todos los que leemos esto somos gente que tiene dinero para comer y beber hasta reventar. Dormimos bajo techo, y calentitos. Cuando le damos a un homeless (o incluso a un falso homeless) un euro, o cincuenta céntimos, o veinte... ¿quién está estafando a quién?

No me avergüenzo en absoluto cuando reconozco que la mayor parte de las veces doy dinero a los mendigos por razones más egoístas que altruistas. Me siento mejor conmigo mismo cuando le doy un trozo de chatarra a otra persona. Es como poner una tirita para tapar las mezquindades de mi alma (durante muy poco tiempo)

A veces cuento la anécdota de aquella vez que bajaba por la calle de Alcalá con un fortísimo dolor de cabeza. Me crucé con una mendiga y sentí el impulso de darle todo el dinero que llevaba en el bolsillo (unos diez euros) para aligerarme de un peso invisible. Y mi dolor de cabeza se disipó en menos de un minuto.

En fin... Después de esta parrafada kilométrica sí que va llegando la hora de terminar esta entrada...

¡¡Pues no!! ¡Quebrantemos las inquebrantables leyes de los blogs! ¡Voy a seguir contando cosas! Los que todavía conservéis un ápice de paciencia y un ápice de resistencia en las retinas, ¡¡seguidme!!

RODARI


Me estoy leyendo la "Gramática de la fantasía" de Gianni Rodari. Era una asignatura que tenía pendiente desde que me la recomendaron personas tan de fiar con Bego, Rubentxo o Mar.

Llevo leída poco más de la mitad del libro, y me está gustando a muchos niveles. Me parece una lectura bastante refrescante (incluso liberadora) para todo aquél que esté acostumbrado a leer manuales sobre "cómo escribir guiones" o sobre "cómo contar historias" en general.

Si habéis consultado dos o tres libros sobre guión o narrativa, habréis encontrado una enfermiza obsesión por la estructura, una apuesta por la limpieza casi antiséptica. Una tendencia a convertir las cabañas de los cuentos en habitaciones de hospital. Una oda a la "eficacia" que, sin ni mucho menos pretenderlo, consigue que la gente relegue a un escalón secudario todo aquello que tiene que ver con la imaginación más primaria, con la capacidad de soñar...

Yo, personalmente, esos manuales "estructuralistas" los considero tan útiles como peligrosos (quizá - lo reconozco - incluso más útiles que peligrosos). Me parecen un arma de doble filo. Creo que nos animan a diseñar el bosque antes de haber sembrado los árboles. Y, al igual que en el caso del Diablo, creo que gran parte de su peligro reside en que, como decía, son condenadamente útiles, sencillos, tentadores... en tanto en cuanto se basan en mecanismos psicológicos y perceptuales que casi todos los seres humanos compartimos.

La Gramática Fantástica de Rodari me parece un soplo de aire fresco entre tanta tendencia al dogma (un soplo de aire fresco que, de hecho, fue escrito mucho antes que casi todos los manuales de guión)

¡Y en ningún momento contradice todos esos manuales!

Simplemente nos invita a recorrer senderos que los demás dejan de lado. Senderos olvidados.

Rodari también nos habla de vez en cuando de estructuras (estructuras aún más primarias que las que solemos manejar hoy en día. Estructuras procedentes de los ritos iniciáticos de hombres prehistóricos; cavernícolas que todavía residen en nuestras entrañas y con los que seguimos en contacto a través de cuentos, Biblias, supersticiones, cábalas y demás sistemas de símbolos que siguen presentes - e incluso omnipresentes - en nuestra cultura actual. Estructuras basadas en arquetipos que se la ponen tiesa al groopie junguiano que hay en mí)

Leer a Rodari es hacer un alto para almorzar en un entrañable bar de carretera. Interrumpir durante unas horas nuestro viaje en la autopista de "cómo organizar nuestras historias" para recordar dónde tenemos que buscar los ladrillos con las que se construyen. Recordar que ninguna arquitectura, por compleja o (mejor todavía) simple que sea, merecerá la pena si no la alimentamos con ideas poderosas, de ésas que surgen merced a esa chispa irracional, a ese eco que conecta nuestra mente con los rincones más íntimos de nuestras vísceras, o con la magia más poderosa de nuestros ancestros.

Por si fuera poco, el cabrón de Rodari me provoca con sus juegos creativos. Hace que me entren ganas de retomar aquella sección de los Conceptos Absurdos que fue creciendo como un hongo en este blog.

De pronto restallan imágenes en mi mente. Imágenes repletas de entrañable estupidez.

Pienso, por ejemplo, en una pistola. Una pistola que tiene un handicap: El percutor ha sido forjado con metales demasiado "nobles" y, por lo tanto, es excesivamente educado. Eso impide que la pistola pueda disparar sus balas de cualquier manera. Porque para que una bala se dispare, es indispensable que el percutor la golpee por detrás con mucha fuerza. Y nuestro percutor, en cambio, golpea con mucha discreción, como llamando a una puerta, muy prudentemente: "Toc, toc, toc... toc, toc, toc...". ¡Un desastre! El percutor sólo golpea con la fuerza necesaria cuando se trata de balas con las que tiene mucha confianza. Así que para poder disparar una bala con esa pistola, el percutor ha tenido que conocerla previamente durante un tiempo. Bala y percutor tienen que haber mantenido conversaciones nocturnas. Tienen que haberse contado muchas confidencias. Tienen que haberse convertido casi en hermanos... Y eso es una putada, porque cuando el percutor llama a la puerta de la bala con fuerza, haciendo gala de tanta confianza... ¡¡La dispara!! Y ya sabéis vosotros que ese disparo implica la destrucción de la bala. Cada vez que el percutor consigue provocar un disparo, pierde a una amiga. Y se le rompe el corazón.

Pienso también en unos zapatos cuyas plantillas tienen la capacidad de leer las plantas de los pies. Del mismo modo en que los quiromantes pueden leer las líneas de la mano, estos zapatos leen las líneas de los pies. Te los pones y... ¡zas! De repente esos zapatos conocen tu pasado, tu presente, tu futuro, tus inseguridades, tus anhelos... Y si luego otra persona se pone esos zapatos, podrá conocer también ese pasado tuyo, ese presente, ese futuro, esos anhelos, esas inseguridades... O peor todavía: Se habrá contagiado. Será poseído, sin saber cómo, por tu pasado, tu presente, tu futuro, tus anhelos, tus inseguridades...

¡Vale! ¡Vale! ¡Ya termino! Esto es lo último:

GRITOS



Hace ya cuatro años que estrenamos nuestra película "Gritos en el Pasillo". Inexplicablemente, después de tantos años, la peli sigue despertando ecos por aquí y por allá.

El otro día nos hicieron una agradabilísima entrevista sobre el tema para el programa "Mind Shaker" de NEOX. No sé cuándo lo pondrán. Nos entrevistaron a Raúl López Serrano (director artístico), Alberto López Garrido (productor) y a mí. Fue muy curioso tener que volver a hablar sobre ciertas cosas después de tanto tiempo. Puro flashback. Pura magdalena - o cacahuete - de Proust.

Por otra parte, esta mañana recibí un comentario muy amigable de alguien que vio hace poco Gritos en el Pasillo en un festival de México. Yo no tenía ni idea de que la peli se había visto por aquellos lares. Me hizo ilusión. Ya sabéis que me gusta mucho ver cómo esa cosita tan pequeña que engendramos hace cuatro años se mueve ahora por el mundo sin necesidad de que nosotros la llevemos de la mano.

Emancipada.

México, por otra parte, es un país que cada vez me cae mejor. Es posiblemente el país en el que mejor están tratando nuestra película "" (guión mío dirigido, producido y editado por César del Álamo)

También es posiblemente el sitio del que nos escriben más fans del programa de televisión en el que trabajo (Vaya Semanita)

Y, por si fuera poco, es el país de la salsa mole, el tequila José Cuervo y el gran José Alfredo.

domingo, 13 de febrero de 2011

¡¡PAPANATOS!!

Que la tele en España está fatal...

Siempre los mismos...

Todo el un clon de Los Serrano...

Que aquí nadie arriesga...

Habría que hacer algo, pero claro...

¡Bah! Callaros, apagad la puta tele y meteros en

www.papanatos.com

Allí encontraréis cosas como estas:



domingo, 6 de febrero de 2011

LA CULPA LA TENGO YO. ¡Y LA TENÉIS VOSOTROS!


El 15 defebrero finaliza el plazo para que los guionistas (esos tipos que "vivimos de las subvenciones") presentemos nuestros proyectos de desarrollo de guión de largometraje, para así optar a las subvenciones del Miniterio de Cultura.

La cosa consiste en que tú presentas a) una sinopsis de la película que quieres escribir, b) un tratamiendo secuenciado de dicha historia, c) un curriculum decente, d) un documento en el que explicas en pocas palabras por qué ese proyecto merece ser financiado y lo clarito que lo tienes en tu cabeza, etc.

Si eres uno de los quince cabrones con suerte elegidos por el ministerio, recibes una subvención de 40.000 euros que te soluciona la vida durante una buena temporada. Una buena temporada durante la cuál (al menos en teoría) podrás permitirte renunciar a otros trabajos para encerrarte en tu casa a convertir ese "proyecto de guión" en un guión de verdad.

El caso es que hace relativamente poco tuve una idea para largometraje que me pareció interesante. La compartí con unas pocas personas, y algunas de ellas me dijeron, básicamente, que debía presentarla a esas subvenciones del ministerio. Porque se trata de una historia que, básicamente, es "carne de subvención". Lo tiene todo: Componente político, carga social, anzuelos cebados con carnaza para pescar actores, bajo presupuesto, terreno abonado para una posible co-producción internacional.

Nunca ha sido fácil conseguir subvenciones de ese tipo, y yo nunca he tenido la suerte (o la habilidad) necesaria cuando se trata de premios, subvenciones o certámenes. Pero creo que mis amigos tienen razón. Si alguna vez he tenido un proyecto subvencionable, probablemente es éste.

Así que aquí estaba yo, haciendo escaletas y aporreando el teclado, intentando escribir algo coherente antes del 15 de febrero.

Pero no puedo hacerlo.

¿Por qué?

He pasado varios días intentando hallar la causa. ¿Miedo al fracaso? ¿Miedo al éxito? ¿Cansancio? ¿Ineptitud?

No lo creo...

Tengo la mayor parte de la historia en mi cabeza. Sólo necesito transcribir a folios lo que ya tengo en la sesera; si acaso rellenar un par de huecos...

¿Quizá me desmotiva el hecho de percibirlo así de fácil? ¿Ausencia de reto? ¿Aburrimiento? ¿Acaso mi inconsciente, experto en sabotearse a sí mismo, no ve con buenos ojos tanta "comodidad"?

He reflexionado mucho sobre ello, me he contemplado en el espejo intentando prescindir de cualquier tipo de "filtro" o idea preconcebida. Y he llegado a la conclusión de que mi bloqueo es emocional.

Cada vez que me pongo con el proyecto en cuestión, cada vez que noto cómo ese proyecto me jode la energía, me escucho a mí mismo como cuando uno escucha un coche averiado para averiguar "de dónde coño viene ese ruidito". Y en mi caso el ruidito viene del corazón.

Reconozco ese ruidito porque, en esencia, es el mismo que he escuchado en otras ocasiones, cuando ya sea por dinero, por contrato o por manipulaciones varias, me han "obligado" a obrar en contra de mis principios.

De pronto me doy cuenta de que no me motiva el proyecto en cuestión. No me ilusiona. Reconozco que me entusiasmaba cuando lo concebí, pero luego el concepto fue perdiendo pureza, se fue contaminando, acaso fue deformándose para encajar en nuestro mundo... ¡yo qué sé! Uno empieza a hacer concesiones sin darse cuenta, y al final acaba escribiendo para otros, sin saber exactamente quiénes son esos "otros". Nadie te paga por hacerlo. Nadie te dice qué es lo que tienes que plasmar en el papel. Pero de alguna manera, un buen día te das cuenta de que esa historia ya ha dejado de surgir de tus entrañas. Ahora no la escribes de dentro hacia afuera, sino de "fuera" hacia el papel, o hacia el formulario de la puta subvención.

He dejado el proyecto. Al menos de momento.

Me parece muy triste invertir mi tiempo en una historia sólo porque existe una "posibilidad remota pero menos remota de lo habitual" de que sea subvencionable.

Sé que puede sonar a discurso fariseo, a "este flipao se está tirando el rollito". Pero os aseguro que hablo en serio. No me parece honesto escribir porque "podría ser subvencionado". ¿Por qué?

Pues porque no creo en las subvenciones.

Creo que nuestras subvenciones, tal y como están concebidas, son el cáncer del audiovisual español. Cierran más puertas de las que abren. Fomentan el conservadurismo. Favorecen la endogamia.

Y aquí estaba yo, blandiendo esa opinión tan categórica sobre las subvenciones y, a pesar de ello, esforzándome por ser subvencionado. Ladrando a la mano que me da de comer para luego lamerla cuando me ofrece sus sobras del almuerzo. De pronto me snetí como esos "comeflores" que pronuncias discursos anti-globalización y pro-Greenpeace mientras ponen sus zapatillas Converse cosidas por niños taiwaneses encima de una mesa zarrapastrosa de un garito de Malasaña en el que se sienten muy a gustito porque tienen puesta la calefacción a toda pastilla.

Y como yo, otros tantísimos. Muchísima gente que no está de acuerdo con esas políticas ni con esos sistemas, pero que a pesar de ello consienten y agachan la cabeza y mendigan con el rabo entre las piernas.

"Por culpa de las subvenciones no tenemos una industria de verdad en este país", dicen muchos. Y mientras lo dicen, están extendiendo una mano temblorosa e insegura hacia "papá Estado" por si les cae un poco de calderilla. Luego se excusan diciendo que "hay que luchar contra el sistema desde dentro". ¡Y una polla! Eso, en dos de cada tres casos, es excusa barata, como el "tranqui que yo controlo" de los alcohólicos y los eyaculadores precoces.

Creo que pertenezco a una generación de gente que aún se puede considerar joven, y a pesar de ello los de mi quinta seguimos bailando al compás de los rancios y acomodaticios criterios de las generaciones anteriores. Da igual que los "jóvenes" lleguemos con nuevas ideas y con energía a raudales. La Ciencia se ha encargado de aumentar la esperanza de vida y la operatividad de esa otra gente que estaba "en la onda" hace treinta años.

Que sí, que la experiencia de "los mayores" tiene un valor incalculable, y este mundo debería ofrecernos un consejo de ancianos cada veinte metros. Pero el audiovisual es un sector que se renueva a una velocidad que produce vértigo incluso a los treintañeros como yo. Recuerdo que leí en Bloguionistas una cita de Joaquín Oristrell que me impactó. Decía que el principal problema de nuestro oficio es que nosotros envejecemos, pero el público siempre tiene quince años.

Mas volvamos al meollo del asunto: No nos atrevemos a cambiar las cosas. Tal vez sea por ese aumento en la longevidad laboral de los "obsoletos". Tal vez sea porque somos una generación que, en general, lo ha tenido demasiado fácil y tiene aletargado el instinto de lucha. Reconozcámoslo: El 90% de nosotros (incluso el más infortunado) tiene la vida más solucionada que nuestros antepasado de hace quince, veinte, treinta años. Y esa comodidad nos anestesia.

Nos quejamos en nuestros comentarios del Facebook, con la boca pequeña, y luego no hacemos absolutamente nada para cambiar nuestra situación. Seguimos el caminito de baldosas amarillas que nos han impuesto, sin intentar salirnos de la raya. Nos quejamos de lo inadecuado de las subvenciones, de la injusticia de los salarios mínimos, de los sindicatos y de la ausencia de los mismos.

Pero no hacemos NADA al respecto.

¡Y mira que en el caso del audiovisual lo tenemos medianamente fácil!

En tiempos de la Revolución Francesa tuvieron que recurrir a la guillotina y su afeitado irreversible. Hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, tenemos mecanismos mucho más sencillos y mucho más pacíficos (al menos a primera vista). Tenemos el youtube (e internet en general), que es el "sueño americano" de esta nueva aldea global. Tenemos en casa cámaras digitales que nos ofrecen una calidad que ya habrían querido para sí Truffaut, Goddard o Lars Von Triers. Tenemos ordenadores con los que podemos hacer virguerías que habrían acojonado al James Cameron de hace veinte años.

Tenemos todos los ingredientes para unirnos y hacer cosas distintas. Cosas que digan de manera implícita: "Ésta es la voz de una nueva generación. Somos gente valiente. No somos los dinosaurios anquilosados de siempre." Podemos difundir nuestras obras sin coste alguno, y lo que hoy publique yo en la red podrá verlo a los pocos segundos un tal Lars en Dinamarca y un tal Sazuke en Japón.

Conozco a muchos guionistas con talento (la mitad de ellos están comiéndose los mocos). Conozco a realizadores en paro que podrían rodar Alatriste el triple de bien de lo que se rodó y con la tercera parte del presupuesto. Conozco gente capaz de hacer, sin salir de su propio dormitorio, mejores efectos especiales y mejores bandas sonoras que muchos otros que cobran dinerales por hacer bazofia. Conozco productores que (lo crean o no) tienen una mentalidad abierta; que sienten un auténtico amor hacia el séptimo arte.

Si toda esa gente se uniese, si toda esa gente formase un "Equipos A", especializándose cada uno en lo que mejor sabe hacer, quizá muchas cosas serían distintas.

Pero mucha de esa gente, si le propones cualquier iniciativa osada, te dirá cosas como: "Bah, eso no es rentable", o "Eso no te lo subvenciona ni Dios" o, "No merece la pena".

Da igual cuánto talento que tengan las nuevas generaciones. Da igual que tengan el motor del F1 de Fernando Alonso. Porque les falta la gasolina. Les falta el entusiasmo. Les han contado un par de mentiras y se las han creído. Porque es muy cómodo creerse las mentiras. Es muy fácil apostar por una cantinela que en resulmen te está invitando a quedarte sentado en tu sofá y a no hacer nada. Así nos trata esta sociedad: Escatimándonos el polvo del siglo a cambio de una mamada mediocre. Pero chico, la mamada no exige ningún esfuerzo. Tú quédate recostado en el sofá, que yo te exprimo el semen y luego lo invertiré en la bolsa sin darte nada a cambio.

Y luego están los cenizos y los frustrados. Esa gente que no consigue las cosas porque no vale para ello, o porque no se ha esforzado lo suficiente. Gente que no se siente cómoda saboreando su fracaso en soledad, y que por ello mismo siembra el mundo de mensajes de escepticismo y desaliento para que los que vienen detrás desistan en sus intentos de conseguir lo que desean. Vampiros de ilusiones que intentan atraer a los demás hacia su ciénaga de mierda, balbuceando un canto bajonero de sirena desdentada.

Yo os confieso que últimamente me siento como si estuviese despertando (demasiado poco a poco) de un larguísimo sueño de varios años de duración. Intento volver a encontrarme a mí mismo después de haber aceptado demasiadas "mentiras" (o, mejor dicho, demasiadas "medias verdades") Intento arrancarme poco a poco el collar de "Danny the Dog". Creo que me han domesticado. Puro conductismo pauloviano. Mediante premios y descargas eléctricas, los primeros lo suficientemente sosos para no compensar, las segundas lo suficientemente leves para no hacerme despertar.

Soy consciente de que probablemente no estaría escribiendo una entrada tan "reaccionaria" si no percibiese un ambiente enrarecido en nuestro "mundillo audiovisual" últimamente. En menos de un mes hemos asistido a dos polémicas relacionadas con un par de cineastas relevantes de nuestro país y sus respectivos twitters. Dichas polémicas no tienen demasiada relación DIRECTA con este post, pero ¡coño! te hacen pensar; te hacen replantearte en qué clase de país vives, y en hasta qué punto no tenemos nosotros cierta "culpa" de que las cosas sean como son. Sólo espero que, del mismo modo en que los acontecimientos de los últimos días me han invitado a la auto-crítica a mí, hagan lo mismo con gente que pueda difundir sus opiniones con más alcance de la que puede permitirse este humilde blog de andar por casa.

miércoles, 2 de febrero de 2011

PUES HABRÁ QUE HABLAR DE LA PUTA LEY SINDE...


Espero que sepáis disculparme por estos días de silencio. He estado enfermo, como la mitad de los habitantes de este país.

Mi idea era regresar con los Conceptos Absurdos, pero llevo varios días seguidos debatiendo con gente sobre la polémica "ley Sinde" y sus aledaños. He tenido que pronunciar tantas veces los mismos argumentos en tan poco tiempo que he decidido escribirlos aquí.

Normalmente me da pereza pronunciarme sobre este tipo de cosas en el blog, pero por alguna extraña razón este asunto en concreto me motiva.

Creo que no voy a decir nada nuevo sobre el tema, pero me apetece decirlo con mis palabras, como se lo he dicho estos días a unos cuantos compañeros de profesión (qué bien suena eso de "compañeros de profesión", ¿eh?)

En primer lugar, quiero aclarar que no voy a hablar de la "Ley Sinde" como tal. No me la he leído, así que cualquier opinión mía sobre ella sería la opinión de un indocumentado. Mi intención es hablar sobre la ineludible problemática que ha motivado dicha ley.

En segundo lugar, quiero resaltar un par de cosas sobre mí, por aquello de esgrimir motivos para considerarme medianamente neutral:

Soy socio de la SGAE desde hace más de un año, pero todavía no he recibido un solo euro de ellos (a pesar de haber estado más de dos años trabajando en un programa que genera derechos de autor). Por otro lado, soy "autor" de dos películas que se han distribuído en España (y en uno de los casos incluso soy "autor" por partida doble) A pesar de ello, aún no he recibido un duro por ninguna de ellas. Y aunque me diesen el porcentaje que me corresponde por cada copia - o entrada - vendida, os aseguro que mi porción del pastel es tan minúscula que no me solucionaría la vida ni siquiera durante un par de días.

Una de esas dos películas es muy fácil de encontrar en internet y, según las cifras que he visto, ha sido descargada "ilegalmente" por bastante gente. Yo estoy encantado con ello. No os podéis imaginar lo agradecido que me siento hacia toda esa gente que se ha descargado nuestra peli a través de algunas de esas páginas que ahora quieren cerrar.

Y a pesar de todo ello, creo que SÍ que deberíamos pagar por las películas, series, libros, etc... que consumimos.

Por una cuestión meramente egoísta. A todos nos gusta que se hagan buenas pelis. A todos nos gusta que nos cuenten buenas historias. Y para hacer esas historias hay que comprar el tiempo y la dedicación de la gente que se dedica a hacerlas (directores, guionistas, maquilladores, atrezzistas, empresas de catering, etc) Esa gente necesita - como todo hijo de vecino - llegar a fin de mes, y si "los de arriba" deciden que no es rentable pagarles para contar historias, tendrán que llegar a fin de mes trabajando en otras cosas.

¿Cuál es, en mi opinión, el error que está cometiendo el Estado con este tema?

¡Convertirlo en un debate moral!

Yo propongo que nos olvidemos de si descargar películas está bien o está mal. Esa moralina va a entorpecer cualquier tipo de entendimiento. Es más: Si le prohibes algo "al pueblo" diciéndole que es malo, el pueblo reaccionará a la contra. ¡Somos humanos! Más grave todavía: ¡Somos españoles! Una vez leí un aforismo que decía: "Si el agua estuviese prohibida, todo el mundo querría beberla."

¡¡Ahí está el error, en mi opinión!!

Están demonizando el asunto. Están acusando y amenazando a la gente. Intentan excusarse diciendo que van sólo contra el que se lucra con la piratería. ¡Pero yo discrepo! La cantinela que flota en el ambiente es que todo aquel que descargue pelis desde su casa es un ladrón. Recordad aquellos anuncios que nos hacían tragarnos cada vez que veíamos un dvd COMPRADO: "¡No robarías un coche! ¡No robarías en el supermercado! ¡Piratear es delito! ¡Ahora la ley va a por ti!"

¡¡¡TORPEZAAAA!!!

Dejémonos de asustar y recriminar a la gente de a pie y adoptemos una actitud más pragmática, empresarial incluso.

Concibamos a los ciudadanos casi como clientes. Como gente a la que hay que SEDUCIR.

Seamos comprensivos.

Estamos en un país en el que, si queremos lograr que la gente adopte ciertas conductas, primero tenemos que cambiar su mentalidad y sus (puede que justificadas) ideas preconcebidas.

Siempre que hablo de esto pongo el ejemplo de los impuestos. En España la gente es más dada a eludir sus obligaciones tributarias que en países como Alemania o Dinamarca. Y os aseguro que en una Dinamarca el porcentaje que hay que pagar a Hacienda es muchísimo más alto que el que pagamos en nuestro país. ¿Por qué los "europeos de verdad" pagan esos impuestos sin rechistar? Pues probablemente lo hagan porque tienen la certeza de que esos impuestos van a repercutir directamente en su bienestar. Porque saben que ese dinero que sale de sus bolsillos lo van a disfrutar en forma de parques, carreteras, becas, sanidad, etc, etc, etc, etc, etceterísima.

¿Qué ocurre en España? Pues que la gente cree que una gran parte de ese dinero que Hacienda "le roba" no va a repercutir en el beneficio de la ciudadanía, sino que va a ir directamente a los bolsillos de tres o cuatro listillos de las "altas esferas". Desgraciadamente, no tenemos demasiados argumentos para desmentir esa creencia. Así pues, es lógico que en la mentalidad española pueda llegar incluso a aplaudirse el hecho de que alguien le escatime algún que otro euro a Hacienda. No estamos tan lejos de la España del Lazarillo de Tormes.

¡Y en el audiovisual español sucede algo muy parecido!

La gente tiene la sensación de que los que nos dedicamos a esto somos "los de las subvenciones". Piensan que si piratean una película o una serie no están haciendo daño a nadie. ¡La gente que hace pelis se gasta el dinero de los contribuyentes en orgías con champán y cocaína!

Y lo jodido del asunto es que a día de hoy tampoco podemos desmentir eso con la cabeza bien alta.

Que sí, que al 90% de los "titiriteros" nos cuesta llegar a fin de mes y tenemos que esforzarnos para enlazar un trabajo de mierda con el siguiente. Pero no nos engañemos: Todos conocemos de primera mano más de una historia sobre pelis que ya nacen amortizadas a priori gracias a las subvenciones y los derechos de antena de las televisiones. Todos hemos oído hablar de tal o cual caso en el que un alto porcentaje de tal o cual subvención "se piede en el camino" para lucrar a los que menos lo necesitan.

¡Y mientras eso sea así, los "internautas" pueden dejarnos ruborizados y con la boca cerrada con sus argumentos, por mucho que la mayor parte de los que nos dedicamos al audiovisual suframos esas injusticias tanto como ellos (o incluso más que ellos)!

Hay que sanear la forma de hacer películas en España. Si queremos que el público pague por nuestros contenidos tenemos que predicar con el ejemplo y hacerle ver que, en efecto, hay una relación directa entre cómo ellos invierten su dinero en comprar o alquilar nuestras obras y cómo gracias a eso están apoyando de manera efectiva el tipo de cine que les gusta, y contribuyendo al desarrollo de la industria audiovisual española (si es que llega el día en que podamos considerarla industria)

¿Quién sabe? Puede que para llegar a eso haya que suprimir las subvenciones "a priori" del ministerio, como sugiere mi amigo, socio y productor Alberto López Garrido.

Así mismo, creo que para convencer realmente a nuestro público tenemos que efectuar otra reforma paralela:

FACILITAR EL ACCESO A LOS CONTENIDOS LEGALES.

Creo que no tenemos derecho a exigir a la gente que adquiera obras online de manera legal mientras sea mucho más fácil conseguir esos contenidos ilegalmente.

Porque hora mismo las cosas están así.

Si quieres descargarte "Avatar" gratis, sólo tienes que darle a un botón. Si quieres conseguirla legalmente, probablemente tendrás que rellenar un formulario, dar un número de tarjeta de crédito, luego meterte en tu correo electrónico para clickear en un enlace de no sé qué, o descargarte una "licencia" de no sé cuántos...

Cada uno de esos pasos es un escupitajo en la cara de tu comprador potencial; una oportunidad más para que se lo piense y te mande a tomar por saco y termine acudiendo al lugar en el que le ofrecen el mismo contenido de forma gratuíta (y con la misma calidad o mejor, si se sabe buscar la vida)

Os pongo un ejemplo: Nuestra película fue, entre otras cosas, la primera de España que se estrenó en descarga legal. Mucha gente intentó descargársela legalmente para apoyar un proyecto tan pequeño. Pero muchos desistieron tras varios intentos. La web que gestionaba las descargas legales ponía las cosas muy difíciles. Había que rellenar muchas chorradas, pedían el número de la tarjeta (algunos nos escribieron diciéndonos que no podían comprarla online porque eran menores de edad y no tenían tarjeta de crédito), luego tardaba siglos en descargarse, y no la podían sacar del disco duro (sólo podías ver la peli en tu ordenador) y si eras usuario de Mac, pues resulta que habías pagado inútilmente, porque ese archivo legal NO funcionaba en Mac.

Supongo que muchas de esas limitaciones las habrán ido arreglando con el paso del tiempo, pero según me cuentan, sigue siendo mucho más laboriosa y enrevesada la vía legal que la ilegal.

Yo mismo, hace no mucho, quise descargarme una novela para mi e-book. Tenía interés en pagar por ella. Era un autor español actual al que me apetecía apoyar. Os aseguro que me recorrí todo internet y no encontré la manera de conseguir ese libro legalmente.

¿¡Qué coño nos pasa!?

Nos dedicamos a una labor empresarial. Vendemos contenidos. Cualquier otra empresa de cualquier otro sector se esfuerza por hacer llegar el producto a su cliente. Seducirle. Facilitarle el acceso. Si Cola Cao quiere que la gente compre Cola Cao, pondrá sus tarritos amarillos en el estante más visible del supermercado. Lo que no hará Cola Cao es pedirle a la gente que en lugar de conseguir el Cola Cao gratis en la parroquia de la esquina, suba una montaña a cuatro patas, espere seis horas y pague un dineral por los dichosos polvitos de cacao. Lo que no hace Cola Cao es llamarte ladrón a la cara si no haces esos esfuerzos inadmisibles para comprar su producto.

Pongamos el ejemplo del bar:

Imaginad que estáis en vuestra casa con unos amigos. Tenéis cervezas en la nevera, pero a pesar de ello decidís salir a la calle a tomaros unas cañas en un bar. Porque el bar os reporta una serie de satisfacciones que os compensan pagar un poco más por esa cerveza: Salir al aire libre, ver a otra gente, el ambiente, la decoración del local, la amabilidad del camarero o lo buena que está la camarera... Entonces llegáis al bar en cuestión y resulta que ni siquiera se han esforzado por lograr una decoración agradable. Por si fuera poco, tardan diez minutos en atenderte, y el camarero que te sirve es un borde que te trata como si tuvieses que darle las gracias por haber entrado a su local; y encima te sirve las cañas mal tiradas, y la tapa que te pone no es nada del otro mundo, y por si fuera poco, te cobra las cañas a un precio abusivo. ¡Coño! Resulta lógico que tú y tus amigos lleguéis a la conclusión de que para recibir ese trato, mejor os quedáis en casa y os tomáis las cervezas de la nevera, que os han salido muchísimo más baratas (lo que os cuesta vuestra conexión a internet, el canon de vuestro disco duro, etc)

Yo creo que al público, cuando se lo pones fácil, no le importa tanto pagar por consumir. La gente es muy dada a comprar de manera compulsiva. Pensad en los adolescentes que se gastan tres euros en bajarse un politono del móvil, o en enviar un sms a "Sálvame" (¿por qué? Porque es casi tan fácil como apretar un botón. No tienen tiempo para pensárselo mucho) Pensad en ese grupo de amigos que pide otra ronda de cañas, y otra y otra sin preocuparse de cuánto les están costando esas cervezas (¿por qué? Porque el camarero se las sirve de inmediato, sin darles tiempo a pensárselo dos veces, sin romper la magia del momento. Seguro que si el camarero tardase un cuarto de hora en atenderles y les pidiese rellenar un formulario para pedir las cañas y hacerles ir a una ventanilla al fondo de la barra a recogerlas, serían muchos menos los que pedirían otra ronda) Pensad en esa gente que paga un plus de no sé cuántos euros por un 25% más de Coca Cola en el McDonald, o un seguro de robo en el billete de tren. Se lo ponen tan fácil que muchas veces lo pagan sin pararse a reflexionar sobre si realmente lo necesitan o no.

Si la gente paga con tanta facilidad por cosas que en ocasiones incluso se podrían considerar un timo, ¿por qué no íbamos a poder educarla para que pague por cosas que realmente merecen la pena?

Yo no sé cuál es la fórmula más adecuada para rentabilizar las obras culturales en esta era del internet y el home cinema. ¿Descarga legal rápida y efectiva, un spotify del audiovisual con publicidad, un canon VOLUNTARIO?

Quizá todo ello a la vez.

Lo único que creo tener claro es eso: Que si queremos exigir a nuestros CLIENTES que paguen por nuestros productos, tenemos que a) predicar con el ejemplo y b) facilitarles el acceso.