Hoy me cuesta mucho avanzar en mi novela. Estoy en un capítulo molesto, con mucha acción, muy visual. Una de esas situaciones que serían muy agradecidas en el cine, y puede que muy cómodas de leer en la novela. Pero a la hora de escribirlas resultan aburridas. Puro trámite. Por más que intento centrarme en ellas, no logro escribir más de una frase cada media hora.
Por eso vuelvo al blog para resetear mi cabeza. Dos veces en un día. ¡Record Guinness! Mmmm... Guinness... Mi reino por una pinta de Guinness...
Es que acabo de recordar otra bonita anécdota sobre el gran Roald Dahl. En este caso es una anécdota sobre Willie Wonka, ese mítico personaje que encarnó Johnny Depp en la peli de Tim Burton:
La actuación de Johnny Depp sería magnífica si no estuviese eclipsada por la gloriosísima versión que inmortalizó ese portento llamado Gene Wilder:
¡Pues eso! Una anécdota sobre Roald Dahl y Willie Wonka.
Esta anécdota me la contó Matt Luhn, un story artist de Pixar. Tuve el placer de asistir a un seminario del señor Luhn en Copenhague (en realidad el lugar no importa. Lo pongo porque así suena más exótico). Incluso tuve el honor de que me retratase en un dibujo:
Pero me estoy yendo por las ramas.
El caso es que el estilo de dibujo de Luhn me recordaba a Quentin Blake. Cuando se lo hice notar, resultó que ambos éramos admiradores de Blake, y Blake condujo la conversación (inevitablemente) hacia Roald Dahl.
Fue entonces cuando Luhn me contó la anécdota: Resulta que Roald Dahl, cuando era pequeño, ganó un premio,junto a otros pocos niños. Y el premio consistía en una visita guiada a Disneylandia. El propio Walt Disney guiaba a los pequeños por los entresijos del parque temático.
Ya de adulto, Roald confesó que se inspiró en aquella experiencia para escribir una de sus obras más célebres: "Charlie y la fábrica de chocolate". La historia del pequeño Charlie ganando ese ticket que le permite visitar la fábrica es la historia de Dahl y su oportunidad de visitar el emporio Disney. Y Willie Wonka, ese personaje siniestro, cínico y admirable, está basado en el recuerdo infantil que Roald Dahl conservaba del mismísimo Walt Disney.
¡Joder! ¡Vaya rodeos que he dado para contar la anécdota! Parece un chiste contado (y mareado) por Faemino y Cansado cuando interpretan a Arroyito y Pozuelón. Así que... me despido con uno de sus mejores chistes: