
Me consta que en este blog hay bastantes aficionados al relato breve. A todos ellos (y a toda la Humanidad en general) les recomiendo asistir a un evento que tendrá lugar este jueves 12 de marzo en el café Libertad 8.
Empecemos (por qué no decirlo) por el principio:
Matías Candeira es un joven escritor (y comunicador audiovisual) que a sus veintipocos años ya ha arrasado en los palmareses de decenas de certámenes de relato. Y al fin llegó lo inevitable: Matías ha recopilado (con Tropo Editores) todos esos relatos premiados en un libro que lleva por título "La soledad de los ventrílocuos". Yo estoy deseando hacerme con un ejemplar que poder devorar a trompicones.
Los que tengáis la suerte de estar el jueves 12 en esa hermosa ciudad que es Madrid podéis acercaros esa tarde a la calle Libertad y cuando sean las 8, os dirigís al número 8 de dicha calle y os tomáis un café o una cerveza mientras Matías os habla de su libro y asesta manotazos incendiarios a diestro y siniestro, de ésos que rompen los jarrones del salón de otros escritores acaso más consolidados, o más anquilosados, autores de páginas que acaso empiezan ya a saber a rancio.
Y mientras consigo esos ventrílocuos en una ciudad tan endogámica como Donosti me dedico a solucionar alguna de mis cien mil lagunas imperdonables. Acabo de tener un romance de fin de semana con Vázquez Montalbán. Siguiendo las recomendaciones de mi buen amigo Raúl me agencié Los mares del sur. Un libro exquisito. El detective Pepe Carvalho y yo nos hemos hecho muy amigos. Es fácil hacerse amigo de un amante de bares, restaurantes y perros.
Escrita con una elegancia sencilla y asequible, y con un final... ¡qué pedazo de final! De ésos que te dejan un sabor de boca amargo pero reconfortante al mismo tiempo, como un trago de aguardiente.
Resulta curioso que la novela que leí justo antes fuese El alquimista impaciente de Lorenzo Silva. Ahora que me he paseado por los mares del sur, me doy cuenta de hasta qué punto debió ternerlos presentes Lorenzo Silva mientras escribía su alquimista.
Ahora me han regalado el best-seller éste que está haciendo estragos, el de Los hombres que no aman a las mujeres. Aún no estoy en situación de poder opinar porque apenas he leído veinte páginas, y parece el tipo de novela que centra sus esfuerzos más en la construcción de tramas que en alardes de estilo.
Según tengo entendido se trata del primer libro de una trilogía. El sueco que escribió los tres libros falleció de un ataque al corazón poco después de entregar a su editor el borrador del tercer libro, y poco antes de que se publicase el primero. Supongo que algo así revestirá al sueco en cuestión de un aura maldita que ayudará a vender mejor los libros. De un modo u otro, resulta extraño leer las palabras de un muerto reciente. De repente el texto adquiere cierto carácter de manuscrito hallado en botella.
Mi colección de dinosaurios de plástico sigue creciendo. Ya ni siquiera caben en el estante de la sala de estar. Mi gran amigo Kino me ha regalado este fin de semana otro tripceratops con dientes. Está fabricado con los mismos materiales de las pelotitas antiestrés. Muy estrujable.
Empecemos (por qué no decirlo) por el principio:
Matías Candeira es un joven escritor (y comunicador audiovisual) que a sus veintipocos años ya ha arrasado en los palmareses de decenas de certámenes de relato. Y al fin llegó lo inevitable: Matías ha recopilado (con Tropo Editores) todos esos relatos premiados en un libro que lleva por título "La soledad de los ventrílocuos". Yo estoy deseando hacerme con un ejemplar que poder devorar a trompicones.
Los que tengáis la suerte de estar el jueves 12 en esa hermosa ciudad que es Madrid podéis acercaros esa tarde a la calle Libertad y cuando sean las 8, os dirigís al número 8 de dicha calle y os tomáis un café o una cerveza mientras Matías os habla de su libro y asesta manotazos incendiarios a diestro y siniestro, de ésos que rompen los jarrones del salón de otros escritores acaso más consolidados, o más anquilosados, autores de páginas que acaso empiezan ya a saber a rancio.
Y mientras consigo esos ventrílocuos en una ciudad tan endogámica como Donosti me dedico a solucionar alguna de mis cien mil lagunas imperdonables. Acabo de tener un romance de fin de semana con Vázquez Montalbán. Siguiendo las recomendaciones de mi buen amigo Raúl me agencié Los mares del sur. Un libro exquisito. El detective Pepe Carvalho y yo nos hemos hecho muy amigos. Es fácil hacerse amigo de un amante de bares, restaurantes y perros.
Escrita con una elegancia sencilla y asequible, y con un final... ¡qué pedazo de final! De ésos que te dejan un sabor de boca amargo pero reconfortante al mismo tiempo, como un trago de aguardiente.
Resulta curioso que la novela que leí justo antes fuese El alquimista impaciente de Lorenzo Silva. Ahora que me he paseado por los mares del sur, me doy cuenta de hasta qué punto debió ternerlos presentes Lorenzo Silva mientras escribía su alquimista.
Ahora me han regalado el best-seller éste que está haciendo estragos, el de Los hombres que no aman a las mujeres. Aún no estoy en situación de poder opinar porque apenas he leído veinte páginas, y parece el tipo de novela que centra sus esfuerzos más en la construcción de tramas que en alardes de estilo.
Según tengo entendido se trata del primer libro de una trilogía. El sueco que escribió los tres libros falleció de un ataque al corazón poco después de entregar a su editor el borrador del tercer libro, y poco antes de que se publicase el primero. Supongo que algo así revestirá al sueco en cuestión de un aura maldita que ayudará a vender mejor los libros. De un modo u otro, resulta extraño leer las palabras de un muerto reciente. De repente el texto adquiere cierto carácter de manuscrito hallado en botella.
Mi colección de dinosaurios de plástico sigue creciendo. Ya ni siquiera caben en el estante de la sala de estar. Mi gran amigo Kino me ha regalado este fin de semana otro tripceratops con dientes. Está fabricado con los mismos materiales de las pelotitas antiestrés. Muy estrujable.

































