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viernes, 8 de noviembre de 2013

“LA VIE EN ROSE” Y OTRAS MANERAS DE FOLLAR SIN COMPLEJOS.

 


Hoy me he enterado de que LVR Group ha recibido la ISO 90001, y me parece una buenísima noticia.

Para que puedas entender mi entusiasmo, te voy a explicar qué es LVR Group y qué es la ISO 90001. Y antes de explicar esas dos cosas, te voy a recordar una tercera:

Si estás leyendo esto, probablemente pertenezcas a una sociedad muy condicionada por la moral católica. Una tradición de la que hemos heredado tesoros valiosísimos pero también, en mi opinión, algunas taras.

- ¡Bah!, a mí no me metas en el mismo saco. Yo soy ateo.

Pues los ateos sois aún más vulnerables a todo eso, porque no hay persona más fácil de manejar que la que se cree a salvo, que la que “baja la guardia”, que la que subestima al “enemigo”.

Decía Baudelaire que: "La más hermosa de las jugadas del Diablo es persuadirte de que no existe". Y en estos tiempos caóticos, puede que dioses y demonios utilicen las mismas técnicas.

Creo que una de las principales “taras” que sufrimos consiste en lo siguiente: Aquello que se considera pecaminoso nos avergüenza, y damos por hecho que merece un castigo.

Da un poco igual que tu parte racional esté convencida de lo contrario. Hay un rumor de fondo que echó raíces en tu subconsciente incluso antes de que tú nacieras.

Un ejemplo bastante ilustrativo: Si miras porno en internet, asumes tu penitencia de antemano: Virus en el ordenador, troyanos, banners, intentos de estafa. Gran parte de los consumidores de porno se sienten más o menos culpables por ver ese tipo de material. Para ellos es algo prohibido, algo de lo que avergonzarse. Así se convierten en las víctimas predilectas de todo tipo de abusos, estafas y engaños. Son un blanco fácil. Prefieren dejarse timar, porque denunciar el delito implicaría declarar públicamente lo que desean callar: que entraron en la red a buscar porno. Porque, muy en el fondo, sienten que el Destino les ha hecho llegar el castigo que les corresponde.

La realidad empieza a estar dirigida por David Cronenberg: Los virus informáticos se  han convertido en el equivalente digital – y moral – de las enfermedades venéreas.

El sexo pasajero carga con esa clase de estigmas, gracias a una colección de prejuicios que nosotros mismos nos encargamos de perpetuar de manera más o menos inconsciente.

Seguro que todos hemos oído o leído alguna vez la siguiente frase despectiva en referencia a un hostal o una pensión:

Es de ésos que alquilan habitaciones por horas.

Acabas de leer esta frase, y seguro que la has imaginado pronunciada con cierto tono de asco. Y te has imaginado un lugar sórdido, con piojos en las sábanas, manchas sospechosas en las paredes y recepcionistas que te desnudan con la mirada. Quieres follarte a una persona de manera apresurada, clandestina... te han educado para que consideres que tu intención es turbia y te mereces ir a un sitio igual de turbio, en el que no te traten demasiado bien, en el que clandestinidad y decadencia vengan unidas de la mano.

Quizá tenemos demasiadas pelis en la cabeza. Quizá vivimos esa clase de trances no tanto pensando en lo que dice la Biblia, sino en lo cuenta su adaptación más soterrada y célebre (es decir: Hollywood)

Y por eso me parece tan prometedor e interesante lo que anunciaba al principio del post: LVR Group ha recibido la ISO 90001.

¿Qué es LVR Group?
Una empresa que ha creado en Barcelona hoteles de ésos “que se alquilan por horas”, con nombres tan sugerentes como “La Vie en Rose”.

¿Qué es la ISO 90001?
Pues un certificado de calidad muy oficial. Los tíos van, comprueban si el sitio funciona bien, si es recomendable, si son profesionales, si ofrecen un servicio satisfactorio. Es, para que nos entendamos, una especie de “estrella michelín” para pequeñas y medianas empresas.

¿Entiendes ahora por qué atisbo un brote de esperanza en la noticia?

Un comité serio y profesional que, dejando los prejuicios a un lado, reconoce la calidad de un “alquiler de habitaciones por horas” que pretende ser igual de serio y profesional.

Joder, yo veo ahí una mentalidad muy sana, una especie de evolución de paradigma, una declaración de intenciones: Nos parece muy respetable que alguien quiera pagar por un poco de intimidad para el sexo, así que vamos a esforzarnos para ofrecerles una experiencia de calidad.

Para otorgar el ISO 90001 ése se han tenido en cuenta cuestiones como la eficiencia del personal humano, la discreción con la que manejan tus datos personales, el hecho de que las habitaciones, las camas o las toallas estén impecables. Si quiero echar un polvo en una estancia, no quiero vestigios de los que estuvieron antes. Quiero hacer cosas sucias en sitios limpios.

Estamos en una época muy incierta, muy de crisis. Mucha gente se ve obligada a compartir piso con otras tres personas, o a volver a la casa de sus padres. Cada vez hay más gente que, si conoce a alguien en un bar, si la magia se le aparece de manera accidental, si de repente – por el motivo que sea – necesita solucionar un calentón, no tiene a dónde coño ir. ¿Qué haces? ¿Buscar el recoveco más sórdido de tu ciudad? ¿Pagar UN DÍA ENTERO en una pensión? ¿Hacerlo en el baño, contemplando entre embestida y embestida el dibujo de una polla y el teléfono de un tal Javi que “la chupa gratis”?

Llámame loco, pero a mí me encanta que exista la opción de pagar por varias horas y asegurarte un entorno cómodo, agradable, bien gestionado. Cuando uno se lanza a una aventura sexual tan espontánea, se está consagrando a lo impredecible. Puede ser un momentito de placer y “adiós muy buenas”. Puede ser “el comienzo de una gran amistad”. En ambos casos, te lo aseguro, cuando los años pasen – que diría Jose Alfredo – te va a apetecer guardar un buen recuerdo de la experiencia.

Habrá quien argumente que con cosas como éstas se pierden el misterio y el romanticismo. Habrá quien cante una oda a los poetas malditos que hacen rechinar los somieres de pensiones infectas. Habrá quien vea en estas iniciativas el fin de lo bohemio: ¡Tenían tanto encanto aquellos polvos de ascensor! ¡Perder la virginidad en el asiento trasero de un coche!

De pronto se suicidan muchos clichés hermosos de películas. Yo soy guionista, y pocas cosas nos ha hecho más daño a la hora de contar historias que, por ejemplo, la invención de los teléfonos móviles. Ahora cualquiera puede avisar a la Policía de que hay un asesino rodando la cabaña. ¿Qué hacemos? ¿Destruimos los teléfonos móviles para preservar el romanticismo de que Caperucita muera descuartizada porque la abuela no le puede mandar un WhatsApp?

Las pensiones marginales son románticas porque las sábanas no huelen en las pantallas de cine, ni en las páginas de los libros. El polvazo en el coche de Titanic, con los cristales empañados, es romántico porque lo vemos bajo los efectos del aire acondicionado de la sala.

Yo ya estoy cerca de cumplir los treinta y cinco. A estas edades prefiero que me lo pongan cómodo y bonito. Ya añadiré yo el romanticismo, a mi manera.

lunes, 21 de mayo de 2012

¡SONREÍD, HIJOS DE PUTA!


El otro día, mientras esperaba mi avión, entré a curiosear en la "librería" del aeropuerto. Me gusta mirar qué libros se venden en las terminales de los aeropuertos. Creo que es un buen barómetro. Dice mucho del lugar en que se encuentra nuestra sociedad en cada momento.

A mí me perdieron como cliente cuando noté que empezaba a haber más libros de Paulo Coelho que de Stephen King. Pero de un tiempo a esta parte incluso los Coelho y los Bucay si siquiera llegan a la categoría de softcore.

Ahora las librerías de las terminales se han convertido - más que nunca - en el templo de los manuales de autoayuda.

La mayor parte de esos libros se cimientan en una premisa que ya se asomaba por las páginas de sus teloneros paulocohelianos:


EL PODER DEL PENSAMIENTO POSITIVO.

"Hay que ser optimista. Hay que ser positivo. Si sonríes, el mundo te devolverá la sonrisa. Si confías en el Cosmos y deseas algo con la suficiente intensidad, el universo conspirará a tu favor, bla bla bla, energía positiva, bla, bla, bla."

Toda esa mierda.

Es un amago de nueva religión que ha ido tomando forma a base de acumular meandros de distinta índole: filosofía oriental, desesperación "new age", hallazgos de física cuántica - quizá entendidos de un modo un tanto reduccionista -.

Resulta lógico que una corriente de pensamiento como ésa tenga tanto éxito en los tiempos que corren. En circunstancias como las actuales, la gente necesita creer, busca esperanza debajo de las piedras. En las pasadas navidades la cola para comprar lotería en Doña Manuelita parecía la de un concierto de U2.

Aunque últimamente leo por todas partes escritos de gente que nos advierte en contra de esas corrientes de "pensamiento positivo". Hay quien las considera peligrosas. Y hay quienes afirman que se ha montado un auténtico NEGOCIO con eso del pensamiento positivo. Un negocio que se aprovecha de la vulnerabilidad de la gente, de su necesidad actual de creer en algo que ofrezca soluciones.

El caso es que, sean cuales sean las intenciones de ese "negocio del pensamiento positivo", lo que resulta innegable es que dicho negocio EXISTE. Los estantes de aeropuerto que mencionábamos al principio son una buena prueba de ello.

Se trata de una controversia que me interesa bastante, porque siempre he sido un gran defensor del "pensamiento positivo".

Por tanto, es normal que ante una coyuntura como la actual, en la que algunos se aferran de manera irreflexiva a ese clavo ardiendo y otros encuentran la forma de monetizarlo y de ¿timar? a los desesperados... a mí me dé por desmontar y revisar minuciosamente mi sistema de creencias.

Llevo varios meses observando ese "funcionamiento del Cosmos" en mi laboratorio interior. Analizando hasta qué punto a mí y a quienes me rodean nos va mejor o peor las cosas según tengamos una actitud positiva o negativa.

¿Queréis saber a qué conclusiones he llegado?

Pues en mi opinión la clave no está tanto en el "optimismo", como en otro concepto:

El movimiento.

Y si queréis, podemos ponernos filosófico-orientales para que alguien nos coloque también a nosotros en las librerías del aeródromo:

Desde pequeño he sido muy aficionado a las artes marciales más "místicas". He practicado Aikido, sobre todo. También algo de Tai Chi. Y algo de Judo, algo de Ninjitsu... Esa clase de disciplinas te contagian una determinada manera de entender la vida y una determinada actitud hacia ella. Te impregnan de filosofía taoísta y de rollito zen.



La manera en que te enseñan a reaccionar y a moverte en ese tipo de artes marciales está muy basada en un concepto muy taoísta que constituye la base de la medicina china tradicional:

Lo que se mueve, es sanador y conveniente. Lo que se estanca, provoca enfermedad y decadencia.

¡Movimiento! ¡Hacer cosas! ¡Ganarle la batalla a la desidia, a la pasividad!

Es así de simple y así de perogrullesco: He visto a optimistas compulsivos - casi patológicos - que no consiguen lo que quieren en la vida porque nunca intentan nada, y he conocido a pesimistas compulsivos - casi patológicos - que no paran de quejarse, que siempre son escépticos y derrotistas con respecto a sus propias iniciativas... pero emprenden dichas iniciativas. Y, oye... a base de intentarlo, por muy pesimistas que sean, las cosas les van saliendo.

Ésa es la única regla de oro a la que de momento - y sin intermediarios - he llegado.

Así pues, si yo tuviese que hacerme feligrés de algún concepto, dejaría el "pensamiento positivo" a un lado y le construiría un altar a la:

ACTITUD ACTIVA.

Está claro que en ocasiones existe una relación indirecta entre la "actitud activa" y el "pensamiento positivo": Por razones obvias, un optimista tenderá más a emprender, a moverse, a hacer cosas... mientras que un pesimista será más carne de parálisis, de estancamiento.

Aunque, como insinuaba más arriba, creo que no siempre tiene por qué ser así.

Y al margen de todo esto, más allá de actitudes activas y pasivas, más allá de recetas mágicas...

¿Ser optimista sirve para algo?

Mi respuesta corta y categórica sería: Ni lo sé ni me importa.

Mi respuesta larga e intuitiva es:

Yo creo que sí. Confío mucho en la sabiduría de nuestro inconsciente, y creo que una actitud adecuada nos configura la cabeza de algún modo, nos hace tomar microdecisiones de las que no somos conscientes, pero que nos van guiando de una manera intuitiva hacia lo que nos conviene.

Me refiero, evidentemente, a lo que ocurre cuando tenemos una actitud positiva real. Un optimismo que de verdad sentimos. No un optimismo ortopédico que nos han obligado a adoptar a golpe de libro de autoayuda y conferencia de Emilio Duró.



Pero como decía hace un par de párrafos, en realidad ni me importa la "utilidad" de mi pensamiento positivo. Porque creo que la finalidad más gratificante del optimismo... es el optimismo en sí mismo. Yo recomendaría ser optimista no porque ello nos vaya a traer el éxito en nuestro trabajo, o nos vaya a hacer más ricos, o más "afortunados". Yo recomendaría el optimismo porque - de perogrullo una vez más - el optimista se lo pasa mejor en cualquier parte, ya sea en un funeral o en una fiesta. ¿Puede haber una razón más poderosa que ésa?

Como decía Samuel Beckett: "Cuando tenemos la mierda hasta el cuello, ya sólo nos queda cantar."

Y yo añadiría, para ser coherente con la tesis de este post: Y ACTUAR.