
El otro día surgió el tema en el trabajo, y caí de bruces, one more time, en una reflexión que me inquieta desde hace tiempo.
Se supone que estamos en alerta roja en lo que a reservas de petróleo se refiere. Lo que más preocupa a la gente es la cuestión de quedarnos sin esa energía que proporciona el combustible fósil por antonomasia. Los depósitos de nuestros coches se quedarán hambrientos de gasolina, e incluso la propia bombilla del dormitorio se resentirá.
Todo eso es jodido, pero es de dominio público que las grandes compañías petroleras han ido comprando las patentes más efectivas en lo tocante a energías renovables y/o alternativas. Energía solar, automóviles eléctricos, maravillas eólicas...
Cuando esas corporaciones todopoderosas expriman la última gota de oro negro, empezarán a sacar tecnologías basadas en otras fuentes de energía, probablemente más limpias e inagotables que el petróleo.
Será jodido, porque habrá que cambiar la infraestructura del planeta, y es probable que la gente más pobre no se podrá permitir cambiar de coche de la noche a la mañana, por poner uno de los ejemplos más obvios.
Pero hay otra cuestión de la que casi nadie habla, y que a mí me produce escalofríos:
Cuando se acabe el petróleo, se acabará el plástico.
¿Se dan cuenta de lo que eso significa?
Adiós a los bolis bic y los rotuladores pilot, adiós a las muñecas barbies, adiós a las bolsas de basura, adiós a las carcasas de los móviles, las consolas de videojuegos, los propios cartuchos de los juegos, adiós a las gominolas, y a los paquetes en que vienen envasadas, adiós al bote del champú, y a la cortina de la ducha, y adiós al tubo de la pasta de dientes, adiós a los mecheros baratos que perdemos y robamos con tanta facilidad, adiós a las carátulas de los CDs, adiós a los chubasqueros impermeables, adiós al dni plastificado, y a las dentaduras postizas, y a los cubiertos (presuntamente inofensivos) de los aviones, adiós a los gi-joe y a los masters del universo, adiós a tantas, tantísimas cosas...
A veces no somos del todo conscientes de hasta qué punto depende del plástico nuestro estilo de vida.
Por supuesto que encontrarán maneras de sustituir al plástico en nuestra vida cotidiana. El ser humano pasó varios milenios viviendo sin plástico, y no se hundió el mundo (si hay algún atlante leyendo esto, puede discrepar). Algún lumbreras inventará otro material, o volveremos a los viejos tiempos, y vaciaremos las entrañas del planeta de metales y minerales... rasuraremos las mejillas de este mundo hasta que no quede un solo árbol.
Pero, de un modo u otro, será jodido... Un mundo sin plástico... ¡joder!
Mi momento de mayor alarma llegó al pensar que desaparecerían los condones. Afortunadamente, mis compañeros de curro me recordaron que el látex procede del caucho.
Retomar esta clase de reflexiones me ha traído a la memoria este relato que escribí hace dos años.