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sábado, 13 de diciembre de 2008

Y ENTRARON LOS DINOSAURIOS EN MI VIDA


De alguna manera, tomamos decisiones que, sin nosotros saberlo, son conjuros que invocan en nuestra vida el cambio que buscamos.

En mi caso, fue comprar mis dos primeros dinosaurios de plástico, y entrar en mi vida un compañero de piso. Es gallego, y parece muy majo. Viene de guionista, a Euskolegas. Suelo convivir bien con los guionistas. Y es que los que nos dedicamos al guión tenemos un marcianismo distinto del marcianismo que pueda tener un actor, o un técnico. Además, siempre que hablas cinco minutos con otro guionista, descubres que tenéis un par de amigos o conocidos comunes. Y, cómo no, ese otro tema de conversación tan recurrente en los guionistas: Madrid. Todos hemos pasado por allí, y probablemente allí regresaremos todos, tarde o temprano.

Y sin más dilación, procedo a presentaros a mis dos nuevas adquisiciones. Los dinosaurios alfa y beta de la colección. He tenido problemillas para sacarles las fotos. Donosti no es precisamente una ciudad luminosa, y mi casa no se distingue precisamente por la potencia de mis lámparas. Así que todas las fotos están borrosas y/u oscuras.

Pero al verlas en el monitor del ordenador, he decidido que es casi mejor así. Le aporta realismo al asunto. Porque si hoy día alguien sacase una foto de un dinosaurio de verdad, la foto (todos los sabemos) sería borrosa, indefinida, para que nadie pudiese creerle. Además... las cosas desenfocadas acojonan más.

Mi primera adquisición es esta especie de ESTEGOSAURIO VERDE:



Un bicho curioso, el estegosaurio. Siempre me pareció encantador el detalle de que un mamotreto como ése tuviese un cerebro del tamaño de una nuez. Y las teorías de algunos paleontólogos según las cuáles las placas que llevaba en el lomo eran algo así como... ¡Primitivos paneles solares!


El segundo saurio en adornar mi estantería ha sido esta especie de DILOPHOSAURIO con aparentes problemas hormonales:


Tiene una cara de cabroncete adorable. Esa sonrisilla parece la de un Gremlin post cena de medianoche. Y desde que tengo uso de razón, lo he preferido así que con esa membrana estilo cola de pavo real que desplegaba en Parque Jurásico para escupir a Nedry.


Hay una idea que me seduce especialmente: Los dinosaurios murieron, sus cadáveres se convirtieron en fósiles, y los fósiles se convirtieron en petróleo. Luego, el ser humano extrae el petróleo, con el petróleo fabrica plástico, y con el plástico fabrica dinosaurios de juguete.

En otras palabras, es posible que estos muñecos estén hechos con trozos de estegosaurios y dilophosaurios DE VERDAD.

Y ahora, he de anunciar que esta colección de dinosaurios tiene una PRECUELA.

Porque quizá mi gusanillo de coleccionar a estos pequeñines jamás habría nacido sin un pequeño rebaño que me regalaron hace tiempo. Pueden observar dicho rebaño en la siguiente foto (en el estante inferior).



¿Cómo llegaron esos primeros saurios a mis manos? Es una bonita y curiosa historia. Durante mis estudios universitarios, vivía en casa de mis tíos. Cierto día Nieves, la chica que limpiaba y cocinaba en esa casa, me hizo la cama de una manera peculiar. Cuando llegó la noche y me metí entre las sábanas, empecé a notar bultos que me pinchaban todo el cuerpo. Empecé a tantear a ciegas bajo la funda del colchón, y saqué un dinosaurio de plástico, y luego otro, y otro, y otro...

Desde entonces, los he conservado conmigo. Así que, ¡va por ti, Nieves!